sábado, noviembre 26, 2016

EL ELEFANTE DE LOS INGRESOS EXPLICA ALGUNAS COSAS



 
 
El gráfico anterior pertenece al economista serbio Bruno Milanovic. radicado en los EE.UU.  El eje vertical representa el crecimiento de la renta real acumulada, a partir de 1980. El eje de las abscisas los porcentuales de ingresos globales. Surge de allí quiénes ganaron y quiénes perdieron con la globalización.  Crecieron los ingresos de una "nueva" clase media, elevada desde la pobreza, fundamentalmente del Extremo Oriente, pudiendo añadirse, en parte, el caso brasileño. Perdieron -fase descendente del lomo del elefante- las clases medias relativamente establecidas -Unión Europea, Norteamérica; en gran parte, el caso argentino. La trompa del elefante es el crecimiento sideral de los ingresos de los grandes ricos, convertidos en más ricos aún.

 
 

 
Transcribo unos párrafos muy sugerentes de Milanovic, escritos antes de triunfo de Donald Trump:
 
"Supongamos que las conquistas de la clase media asiática y el estancamiento de los ingresos de la clase media de los países ricos están relacionados de alguna manera - ya sea a través del comercio, que deprime los salarios o empuja a los trabajadores poco cualificados al paro, o a través de la deslocalización hacia economías de bajos salarios - y que por lo tanto, la satisfacción que implican las noticias de cambios positivos a nivel mundial, desaparece. La gente puede aceptar la falta de crecimiento de los ingresos por una causa noble o una razón tan abstracta que no sepa como evitarlo. Pero si la causa es relativamente concreta y si las pérdidas están vinculadas a las ganancias de otros, incluso si esos "otros" son menos pudientes, los trabajadores con salarios estancados suelen estar menos dispuestos a aceptar su sino (...) Esta insatisfacción, si se traduce en un descarrilamiento de la globalización mediante un mayor proteccionismo, nuevas políticas anti-inmigración, controles de capital, o varias condiciones enervantes como cuotas de "producción nacional", podría frenar el crecimiento de los ingresos de los pobres y las clases medias en Asia. Tal respuesta populista en Occidente - evidente en Europa en UKIP, Frente Nacional francés, Alternativ für Deutschland, el Movimiento Cinco Estrellas, o los Verdaderos Finlandeses - surge directamente de la frustración de la clase media europea".
 
Y añade:
 
"Los populistas advierten a los votantes descontentos que las tendencias económicas observadas durante las últimas tres décadas son sólo la primera ola de mano de obra barata procedente de Asia enfrentada en competencia directa con los trabajadores en el mundo rico, y que están por llegar más olas de los países más pobres de Asia y África. El estancamiento de los ingresos de la clase media en Occidente puede durar otros cinco décadas o más. Todo ello pone en cuestión tanto la sostenibilidad de la democracia en estas condiciones como la sostenibilidad de la globalización. Si la globalización descarrila, las clases medias de Occidente pueden escapar momentáneamente a la presión inmediata de la competencia asiática más barata. Pero los costes a largo plazo para ellos y sus países, para no hablar de los pobres de Asia y África, será alto. Por lo tanto, los intereses y el poder político de las clases medias en los países ricos las empujan a un conflicto directo con los intereses de los pobres en todo el mundo.  Estas clases de "perdedores de la globalización", particularmente en los Estados Unidos, han tenido poca voz o influencia política, y tal vez por eso la reacción contra la globalización no ha tenido tanto eco. Han tenido poco que decir porque los ricos controlan el proceso político. Los ricos se han beneficiado enormemente de la globalización y tienen gran interés en que continúe. Pero aunque su monopolio del poder político ha permitido la continuación de la globalización, también ha vaciado de sentido a las democracias nacionales y transformado a muchos países  en cuasi-plutocracias. Así que la elección parece estar entre plutocracia y  globalización o  populismo y frenar la globalización".
 
Como se ve, estamos ante un muy probable punto de no retorno de la globalización, cuando la apelación a sus efectos benéficos ya no resulta, palpablemente, sostenible, y la reiteración de sus eslóganes se convierte en nafta para el fuego conflictógeno. Esas clases medias burladas, por otra parte, son los verdaderos dínamos de cualquier recuperación económica -no los negocios financieros de Soros, para ponerle un nombre a los happy few trepados en la trompa del elefante. Quienes se encuentran en la zona de exclusión, encarcelados en el freezer de la indigencia, resultan, paradójicamente, la plebe o lumpen a la que la ruling class mundial acude como elemento de control de la rebeldía de las clases medias, amenazándolas con soltarlas en una Gran Noche reivindicativa. En ese panorama, la apelación al pauperismo de los ebionim de Israel, que campea en los instrumentos vaticanos, movido sin duda por un impulso agapístico, yerra el análisis y coincide en mantener el encierro esclavístico de la indigencia, ahora revestida de un carácter redentor.  
 
Esas clase medias burladas votaron a Mauricio Macri para la presidencia, pero el gobierno, hasta ahora, ha quedado bloqueado a dos puntas: por los "movimientos sociales", que con un hábil sistema de alianzas consiguen el maná de susbsistencia a costa del endeudamiento fiscal creciente, y por las apelaciones, casi como un mantra, a la recuperación que habrá de producirse a través de los instrumentos globalizadores del "volcarse al mundo". Las clases medias, un nuevo actor político-social cuya "conciencia" (para decirlo en términos caros al marxismo tradicional) va creciendo paulatinamente, sienten por doquier que gobierna una casta política  que permite a los super ricos seguir escalando puestos en la trompa del paquidermo, mientras hace beneficencia electoral con la masa excluida, reducida a esclavitud, con fondos estraídos del esfuerzo de los sectores medios, a los que se esquilma doblemente con la presión fiscal incesante y con el mensaje espiritual de que deben purgar su egoísmo.  
 
Vivimos tiempos interesantes, indudablemente.-
 

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