viernes, diciembre 23, 2016

¿SE VIENEN LOS RUSOS?




En el notable blog mexicano "El Mundo según Yorch" se ha recordado muy oportunamente esta película de 1966 -"The Russians are coming, the Russians are coming!", que en nuestros cines se dio como "Se vienen los rusos". La dirigió Norman Jewison, que al años siguiente alcanzaría la fama con "En el  Calor de la Noche", y cuenta la historia -recuérdese que en plena guerra fría- de un submarino soviético que encalla en una pequeña isla cercana a al costa de Nueva Inglaterra, no lejos de Cape Cod, tradicional centro de veraneo. El capitán, encarnado por Alan Arkin, busca que se le suministre un bote a motor suficientemente poderoso como para librar a la nave de su atasco  y cae de improviso a la casa de un escritor (Carl Reiner) y su mujer (Eve Marie Saint). Pero en el pueblo corre la versión de que los soviéticos han invadido los EE.UU. y se expande la paranoia. Lo demás queda a cargo del lector curioso que baje la cinta.

¿Y a qué viene a cuento la película? Ocurre que, según Obama, Hillary, y buena parte del periodismo canónico, las elecciones no las perdió la candidata demócrata, ni su padrino el presidente saliente, sino que las ganaron...los rusos. The Russians are coming, the Russians are coming!.  Con el mayor aparato de seguridad del mundo, los EE.UU., al modo de cualquier republiqueta hamacada en los trópicos, han sido hackeados por el Oso putiniano. Ya, desde esta cola del dragón donde se escribe este blog, la circunstancia de que la ruling class norteamericana se queje por influencia externa en elecciones, suena un poco patética. ¿Nunca se influyó, desde el Departamento de Estado, la CIA, la DEA o la sigla USA que se prefiera sobre elección alguna en el mundo? Medice, cura te ipsum, en todo caso. Por otra parte, las "desprolijidades" de Hillary con su correo electrónico mientras fue Secretaria de Estado ocurrieron efectivamente; otra cosa es que el FBI haya llegado a concluir, muy cerca del acto eleccionario, que no revestían mérito para una persecución penal.  Cuando se lee un artículo como el publicado el 12 de diciembre pasado en The New York Times, bajo la firma de Paul Krugman, titulado "The tainted election" ("Una elección viciada"), el observador desapasionado concluye que una ola de aturullamiento, delirio y desnorteo afecta a buena parte de la intelligentsia norteamericana. Krugman dice que el acto no fue viciado por un  mal recuento de los votos. No, "but the result was nonetheless illegitimate in important ways" -pero el resultado fue, sin embargo, ilegítimo de varias y significativas maneras". ¿Cuáles? Responde Krugman: "the victor was rejected by the public" -el vencedor fue rechazado por el público". Suponiendo que con "the public" se refiere a algunas manifestaciones en varias ciudades de EE.UU. donde hubo gente que exhibía carteles con la leyenda "Trump no es mi presidente", he aquí un argumento para Cristina y Hebe de Bonafini: "¡Macri no es mi presidente!" grita "el público"; "¡subite el helicóptero ya, oligarca!", corea el mismo anónimo colectivo; "no sé si llega a cortar el pan dulce en Navidad", anuncia un Maradona destituyente e ilegitimador. Nunca lo supuse a Paul a esa altura o, más bien, nunca creí que Cris, Hebe y Dieguito pudiesen empardar al premio Nobel en criterio -bien castigado quedó mi antipatriótico escepticismo.  Más Krugman: "and won the Electoral College only thanks to foreign intervention and grotesquely innapropiate, partisan behavior on the part of domestic law enforcement" -y ganó en el Colegio Electoral gracias a la intervención extranjera y al grotesco, inapropiado y partidista comportamiento de los organismos de seguridad nacional".   Así triunfó trampeando  por izquierda el "candidato siberiano", como el mismo Krugman lo había bautizado unos meses antes; el ruso-trumpismo como nueva faz del eterno complot.   A esta altura, para ser piadosos con Paul, cabe recordar a María Elena: "no es lo mismo ser profundo que haberse venido abajo". Y se vino en banda nomás: no le queda otra que darse una vueltita por aquí, no sé bien si para dar o tomar clases con Luisito D'Elía.

En vísperas del 19 de diciembre, cuando estaban a punto de reunirse los colegios electorales de cada estado de la Unión, se recogieron por aquí las exhortaciones a que los electores republicanos se convirtiesen en tránsfugas -faithless-y votasen otros candidatos.   Estúpida propuesta: el cemento del edificio norteamericano es su particular democracia y el sueño de que gracias al sistema económico consustancial con aquella, cada generación estará, a lo menos, un escalón de bienestar por encima de la precedente. Esto último es lo que está en crisis para buena parte de la sociedad. ¿El remedio puede consistir en serruchar además la otra columna? ¿No advierten el peligro de atacar una creencia basal, de abrir la unidad sellada de la identificación colectiva? Los founding fathers no eran "demócratas" -in illo tempore, la palabra  equivalía a "terrorista". Basta leer a Madison en "El Federalista": la fórmula debe ser  la "república representativa". Esto es, una minoría esclarecida debía pasar por el tamiz de su prudencia y sosiego la grita, en aquel tiempo fundacional, de una mayoría de pequeños granjeros endeudados, que querían moratoria hipotecaria e inflación licuante de la deuda, cuando ellos habían sido carne de cañón de los ejércitos de la independencia. Mano maestra y ojo avizor, el monárquico y centralista Hamilton puso su talento en el diseño de los cerrojos convenientes al we the people: representación, Senado, prerrogativa presidencial -a partir de elección indirecta- y, más tarde, con el correligionario Marshall, revisión judicial de las leyes. La representación, lo no democrático de la democracia, y el control judicial de constitucionalidad por un cuerpo exiguo y contramayoritario, fueron las bases de la "democracia" que, como en su tiempo los atenienses, la ruling class norteamericana convirtió en juguete de exportación y norma ideal aplicable al resto del mundo. El american dream del norteamericano profundo está hoy suspendido sine die y la clase política autorreferencial llegó a su máximo proponiendo para la Casa Blanca a la socia femenina del matrimonio Kirchner de Arkansas, Hillary, apoyada casi sin tapujos por el establishment republicano clásico. Perdieron por cachetada feroz aplicada por un empresario de la construcción que supo oír mejor que los mediáticamente consagrados la rabia sorda del obrero que cabalga en un andamio. Y entonces ese "partido único de los políticos" donde se compinchaban burros demócratas con elefantes republicanos entró en delirio, ensoñó con colegios electorales de tránsfugas, le echó la culpa a los rusos del resultado, inventó la posverdad  -esto es, sólo nuestra mentira puede oficiar como verdadera- y atacó en su raíz la originalidad norteamericana, que es su creencia en la particular forma de democracia que practica, y que ella remite en última instancia al preambular we the people.  People, les recordaron a los votantes, es simplemente un plural de  person, y person sólo puede manifestarse a través de nuestros constructos mediáticos: white trash, red neck, homophobic, turba deplorable, abstenerse.  Y tenerlo presente: the Russians are coming!





miércoles, diciembre 21, 2016

AGUSTÍN DE FOXÀ Y EL ESPÍRITU SANTO



La vida de Agustín de Foxá es de esas que se urden con leyendas, se recogen en novela y, con el tiempo, se van deshilachando en anécdotas cada vez más imprecisas. Conde de Foxá y marqués de Armendáriz, nació en 1903, en Madrid. Se autorretrató de este modo: "gordo, con mucha niñez aún palpitante en el recuerdo. Poético pero glotón. Con el corazón en el pasado y la cabeza en el futuro. Bastante simpático, abúlico, viajero, desaliñado en el vestir, partidario del amor, taurófilo, madrileño con sangre catalana". Periodista, diplomático, autor teatral, novelista, académico y poeta. Su vena periodística , que también lo llevó a ser corresponsal de guerra, se volcó sobre todo en el "ABC", y dejémosle otra vez la palabra para definir ese entre sus tantos otros oficios: "La actualidad es nuestra frágil rosa/en una hora fresca y marchitada./Lo que el lunes fue luz, martes ya es sombra,/que el suceso es el pez en nuestras mallas". En su tarea de corresponsalía trabó amistad con un espíritu afín, el florentino Kurt Erich Suckert, más conocido como Curzio Malaparte. En "Kaputt" y en "La Pelle" aparece la figura del español retratada con benevolencia o distancia según las peripecias de su relación.  También fue gran viajero como diplomático, quehacer que lo trajo también a Buenos Aires, entre 1947 y 1950. Fue amigo de José Antonio Primo de Rivera y falangista de la primera hora. Con las reservas sobre la autoría que cabe a toda creación colectiva, se atribuía los dos primeros versos de aquella canción que algunos de mi generación también  a veces  cantamos: "cara al sol/con la camisa nueva...". Su única novela, "Madrid de Corte a Cheka" -rastreable por Internet-  es testimonio de aquel "mar rojo" -como lo llamó Wenceslao Fernández-Flórez- en que se había convertido la ciudad, pero sobre todo ejercicio de una escritura originalísima e imperdible.

De todos modos, donde Foxá sobresalió fue en la conversación y en la réplica filosa. Aquí la leyenda hace y deshace a voluntad. Como funcionario de Relaciones Exteriores, le toca desempeñarse bajo el mando de un personaje conocido por su devoción. Decía nuestro conde, entonces, que trabajaba para el "Monasterio" de Relaciones Exteriores. Y siendo común en su jefe llegar tarde a las reuniones que convocaba, justificábalo por  el hábito de aquél de "ir de curas".   En las tertulias de que era centro y animador se recogió la frase: "hagamos de España un país fascista y vayámonos todos al extranjero".  De frac, con su físico balzaciano, acompañó a Evita en su paso por España. Había que rodearla de atenciones, claro está, pero las observaciones de nuestra jefa espiritual podían ser, como otros muchos testimonios aseguran, algo chocantes. Parece que Evita comentó que el papel higiénico español era mucho más áspero que el argentino, a lo que el gordo Foxá, solemnemente, replicó: "Señora, si ese es el ojo con el cual usted nos ha estado viendo estos días, comprendo que cualquier cosa le resulte desagradable".  Estos dardos produjeron incidentes diplomáticos en los distintos destinos que recorrió. En compensación, también se permitía síntesis esculpibles: "Roma nos trajo el árbol ya preso en la columna, sometida el agua salvaje al acueducto y el grito al alfabeto". Eugenio D'Ors la habría hecho glosa. Torrero: ¿y el Espíritu Santo? Aquí hay dos versiones que dejo al lector del post. Según una de ellas, cansado de que algunas decisiones del Caudillo se atribuyesen a inspiraciones de la paloma símbolo del Espíritu Santo, y según otros harto de que algunas proclamaciones terrenales del Papa se imputasen a igual Persona, dictaminó: "pues si esas cosas se las inspira la paloma del Espíritu Santo, yo me hago del tiro al pichón".

Corresponde cerrar con un fragmento de su extraordinaria "Melancolía del Desaparecer":

                                           
Y pensar que, después que yo me muera,
aún surgirán mañanas luminosas,
que bajo un cielo azul, la primavera
indiferente a mi mansión postrera
encarnará en la seda de las rosas.
Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida,
y que habrá nuevos cielos de escarlata,
bañados por la luz del sol poniente
y noches llenas de esa luz de plata,
que inundaban mi vieja serenata
cuando aún cantaba Dios bajo mi frente.
Y pensar que no puedo en mi egoísmo
llevarme al sol ni al cielo  en mi mortaja;
que he de marchar yo solo hacia el abismo,
y que la luna brillará lo mismo
y ya no la veré desde mi caja.


viernes, diciembre 09, 2016

ZUGZWANG AUTOINFLIGIDO

Los ajedrecistas conocen bien esta palabreja alemana: Zugzwang. Compuesta, como buena parte de  ellas. Zug es jugada y zwang es coacción o apremio: apremio de jugar, imposibilidad de "pasar" sin hacer un movimiento. Cuando se está en en Zugzwang, cualquier movimiento que se haga al llegar nuestro turno, resulta perjudicial.  Su forma peor es el Zugzgwang recíproco: ambos contrincantes se encuentran impelidos a hacer movimientos perjudiciales, que pueden cambiar la partida y transformar la derrota en victoria o tablas, y la victoria en derrota o tablas. Los franceses lo llaman trébuchet: trampa. Entrampamiento mutuo. En la ilustración, si toca a las negras y mueven a d7, las blancas responderán moviendo su rey a b7 y cualquiera sea el movimiento posterior del negro, el peón coronará y ganarán la partida.


 

 
Pero si toca a las blancas y mueven a c7, única manera de defender el peón, la partida resultará tablas por ahogado  -el rey negro no puede mover a ninguna casilla porque en todas estaría en jaque. Cualquier otro movimiento de las blancas conduciría a la pérdida del peón y, de consiguiente, a las tablas. El Zugzwang -título de un cuento excelente de Rodolfo Walsh- suele darse en los finales.
 
El  gobierno, por su propia iniciativa, se ha colocado en Zugzwang político tras la aprobación de Diputados del proyecto conjunto de la oposición sobre impuesto a las ganancias. Si se convierte en ley cuando pase al Senado, pondría en jaque a las maltrechas finanzas públicas, culminación de un proceso de billetera fácil en que el  Ejecutivo ha ido cediendo posiciones a cambio de breves treguas cada vez más caras al bolsillo de los contribuyentes -la última, la ley de emergencia social, por medio de la cual subsidia a los "movimientos sociales" dándoles un instrumento electoral oportunamente a usar en su contra, a cambio de postergar estallidos. Si lo veta, tendrá que correr con el costo político de dejar en pie la legislación anterior, que castiga especialmente a los sectores medios que son el núcleo de su electorado. Confía el Ejecutivo en presionar sobre los gobernadores, para que estos hagan bajar el pulgar a sus senadores, pero creo que ese cálculo está equivocado: los gobernadores preferirán que el gobierno central quede crucificado a pagar ellos costo alguno, sabiendo, en definitiva, que el incendio no los soportarán ellos solos, que las llamas más altas se levantarán en la CABA y el conurbano,  y, por otra parte, que Balcarce 50 será la principal interesada en apagar los incendios, antes que recurrir a las dotaciones locales. Tampoco resultará jugar duranbarbísticamente a que la opinión pública desprecie al peronismo compinchado -como se intenta ahora- ya que, con justo contrapasso a las vulgarizaciones del ecuatoriano, la clase media en que me cuento hará sus cuentas antes y después del proyecto en danza, con el obvio resultado: nadie pelea por pagar más impuestos. ¿Que entonces puede ser que el templo se derrumbe aplastando por igual a Sansón, a los ex del Newman y también a los filisteos? No será la primera vez que orillemos el abismo, que nos atrae, sobre todo a fin de año -recordar el 2001.
 
El Ejecutivo llamó a extraordinarias incluyendo la emergencia y la cuestión de ganancias cuando -ya sé, ejercicio contrafáctico- tenía una oportunidad, cerrado el Congreso, de decidir por decreto de necesidad y urgencia las dos cuestiones: la primera, la emergencia, declarándola solemnemente y fijando pautas a su alcance que, posteriormente, servirían de bases de  diseño para cuando el Congreso reabriera el 1º de marzo del 2017. En cuanto a ganancias, no pudiendo haber constitucionalmente decretazo sobre materia impositiva, sí era posible por ese medio subir, hasta el techo posible, el piso del mínimo no imponible. Ah, pero el decisionismo, y Carl Schmitt y toda esa canzoneta de repetidores. Ya retrocedieron una vez cuando los nombramientos de miembros de la CS en comisión, recurso constitucional si los hay, que sin temblarle la mano se ha utilizado muchas veces en la "gran democracia del Norte".  Fue una oportunidad perdida de reivindicarse y retomar la iniciativa perdida, que ahora ya está en otras manos. Habrá que pedir a la Providencia o al incierto destino, según las creencias, que se desarme la frágil entente perucha con la izquierda progre y los piqueteros del Papa, pero sólo regnat quien tiene la fuerza y la astucia para producir el divide, y aquellas dos cualidades indispensables del político no se advierten en el gobierno. En el ajedrez el Zugzwang se da en los finales; esperemos, y así lo deseo, que en nuestro tablero político no... 
 
 



jueves, diciembre 08, 2016

PISA Y PEÑA, DOS REPROBADOS



La mala nota que nuestros esforzados pibes escolarizados y "motivados"`previamente no pudieron siquiera sacar en las pruebas del PISA, por tarjeta roja de referí bombero, es la misma que obtendría en política Marcos Peña. eminencia bien gris de nuestro superior gobierno. Cuidado con la tarjeta roja que agitan los barbaroi conunbarnenses. Lean a Kavafis, no a Krishnamurti

miércoles, noviembre 30, 2016

Y EN ESO SE FUE FIDEL






Mientras el rey emérito Juan Carlos I firma el gran libro de condolencias en La Habana y nuestra doña Susana cancillera hace lo mismo con pucheritos de compunción global y correctìsima, Ignacio Ruiz Quintano, en "ABC", larga el suelto que transcribo a continuación, donde descuella el recuerdo del eximio Guillermo Cabrera Infante, cuya imagen preside el post, ese genial corrector de la manida frase de lord Acton, "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente", convertida tropicalmente en "el joder corrompe y el joder absoluto corrompe absolutamente". Digamos, de paso, que la presencia española en la isla para la lágrima laxante sobre los restos jurásicos de la Revolución tiene sentido. Los empresarios españoles hace tiempo, como ejemplifica la línea hotelera Meliá, redondean negocios en Cuba, especializados en el diseño de ese mundo turístico vedado al pueblo nativo, donde un oceanógrafo podía ser el que buscando una propina te tendiera la tumbona bajo el sol playero. La cosa venía ya del tiempo de Franco, que nunca rompió con los hijos transatlánticos de la última y añorada colonia que mantuvieron las Españas, para con una isla donde tampoco prendieron demasiado los rencores y nostalgias de los pueblos originarios. Más aún: Fidel decretó duelo por tres días cuando pasó al otro mundo el hijo dilecto de El Ferrol. Los Castro y los Ruz son de ascendencia gallega, y el rasgo jacobeo nunca se olvida de un lado u otro del charco. Más todavía: cuando Felipe González era presidente de gobierno, don Manuel Fraga Iribarne, presidente de la Xunta de Galicia, invitó al Fidel gallegófilo y lo agasajó por tres días, al cabo de los cuales el barbudo condescendió a  saludar al socialista González. Otro renglón importante que justifica la visita del monarca emérito, sobre el que pasaré  un manto de Noé de púdica cobertura, son las comisiones y mordidas que los negocios con la isla dejaban de un lado u otro, pero....de mortuis nihil nisi bonum.  Sigo sin entender qué ganancia para nosotros  resulta de la asistencia de Malcorra, ya que lo único que recuerdo es que buena parte del rescate de los Born quedó en la isla y que, en contraparte, les perdonamos una deuda de algunos pocos miles de milloncetes de dólares que venía de arrastre desde unos tractores que les mandamos cuando Gelbard era ministro del tercer gobierno de Juan Domingo Perón.

Va, ya sin interposiciones,  el texto prometido:


La indignidad mundial que supone el tratamiento mediático de la “castroentiritis” es la obra maestra de la socialdemocracia (muy herida por la ruina de Obama y los Clinton): cultura de izquierdas, política de centro y economía de derechas.

Para los cuatro interesados en la locura de la libertad recomiendo, sobre castrismo, dos libros, trepidantes de humor (negro) y de amor (blanco) “a los cubanos sin Cuba, que son todos”: “Mea Cuba”, de Cabrera Infante, que resumió el castrismo inaugural en un rizoma ideológico (“el comunismo es el fascismo del pobre”), y “Del clarín escuchad el silencio”, de Pardo Lazo, que resume el castrismo crepuscular en una carencia crónica de libertad que, contrario, dice, a lo que despotrican los infantilismos de izquierda, consiste en una costra de burocracia aburrida, de represión rutinaria, de esclerosis moral, de catatonia institucional, de apatía y anomia innatas: "de no saber ni nombrar qué coño es lo que nos pasa".

Nuestro siglo XX no acabará hasta que no enterremos a Fidel Castro y en Cuba sea legal bailarle encima una rumba de cajón, qué vacilón… Por mi parte ya no espero nada, ni siquiera la ausencia. Cuba será libre. Yo nunca lo fui.
Su muerte, profetizó, será táctil: el amén cubano de extremaunción le llegará con puntitos apretados sobre su piel verde oliva –tatuaje textil–, cosquillita castrólica de las manos mujeres del cardenal: Monseñor Jaime lo ama. Y los feligreses aman al monseñor con una felicidad falaz, de traducción trucada y sonrisita soez. “J’aime”. Jaime.

Y este fogonazo de magnesio: “El caballo estaba atado a un coche en divisas convertibles de la Oficina del Historiador. Asumí que me había elegido a mí como testigo para morir menos solo. Sobre nuestras cabezas, la pancarta ideológi-comercial de un Fidel Castro anciano le sonreía ahora más picarón a los curiosos. La sorna no podía ser más helocuente, con hache himpronunciable: “¿ya lo vieron, cabroncitos? ¡yo sí que sobreviví!”

martes, noviembre 29, 2016

ALGUNAS HISTORIAS DE ESPÌAS





El discreto encanto de las historias de espías. John Le Carré, Eric Ambler, páginas devoradas que están en algún lugar de la biblioteca, pidiendo un safari para convertirse otra vez en blanco de lecturas. Los espías reales, que remiten a Mata Hari. Una historia real de espías que pide un gran novelista es la de África de las Heras y Felisberto Hernández. Hernández fue uno de los escritores más notables y extraños del Uruguay. Bicho raro más insólito que Onetti, por ejemplo, que vivía en la cama. Fue un pianista al parecer muy ducho en su arte, que tocó en pueblos y tugurios de la Argentina y de la Banda Oriental para sobrevivir malamente. Escribió cuentos fantásticos que asombran por su trama y el peculiar lenguaje del autor -dicen que influyó en Julio Cortázar.  Murió a los sesenta dos años, en 1964, con una obesidad deforme producida o agravada por su última enfermedad, una suerte de leucemia. No pudieron pasar su cadáver por la puerta y lo sacaron por una ventana. El féretro era una mala caja de pino. Ya en el cementerio, varias de estos cajones identificados sus ocupantes con su nombre en tiza, quedaron apilados, mientras los sepultureros trataban de ahondar la fosa para Felisberto, que había sido mal calculada. Se largó entonces una  lluvia rabiosa que borró las precarias anotaciones. No se pudo identificar ya cuál caja contenía sus restos, o los hombres de la pala no se preocuparon mucho por averiguarlo; lo cierto es que dónde reposa sólo es conocido por Dios.

Si esto no le parecido al lector suficientemente fantástico, agregaremos que se casó con una espía soviética, sin saber que lo era. Fue, creo, en su único viaje a Francia, con una beca que apenas le permitía sobrevivir, bajo la protección de su amigo el poeta Jules Supervielle.  Allí, corriendo el año 1947, en el Pen Club de París,  le presentaron a una atractiva morena, de acento andaluz,  María Luisa de nombre, aparentemente modista de alta costura. Felisberto, ya divorciado dos veces, se enamoró de ella. Se casaron en el Uruguay. Ella era África de las Heras, hija de un general español, educada en un colegio de monjas y espía reclutada por la entonces NKVD -luego KGB- con la misión de introducirse en Montevideo. Su nombre de guerra, o por lo menos uno de los tantos que usó en su carrera, era "Patria". Patria, que alcanzó el grado de coronela del Ejército Rojo, era una experta en comunicaciones. Felisberto, ese bohemio, además anticomunista notorio, era la fachada ideal, y además estaba relacionada con los círculos sociales e intelectuales de donde extraer e introducir información.  Había sido parachutada en Ucrania, durante la Segunda Guerra, detrás de las líneas alemanas, para transmitir datos. Luego había estado en México, tratando de introducirse en el círculo íntimo de León Trotsky, para facilitar el camino de su ejecución -que más tarde concretaría Alfaro Siqueiros con el auxilio de Ramón Mercader. El matrimonio duró poco. Ella culminó su misión y se separó de Felisberto. Volvió a casarse con un italiano que también espiaba para Stalin y que moriría casi al mismo tiempo que nuestro escritor. Regresó a la Unión Soviética, se jubiló como heroína y en el cementerio donde reposa una escultura la recuerda.   Como en un cuento.

Otra novela ejemplar con espías reales.  Cambiamos el escenario. Estamos en Chile. El cubano Luis Fernández de Oña, casado y con familia en la isla, oficial del Departamento América de Cuba, al que nos referimos en el post anterior, recibe órdenes de festejar a la hija mayor de Salvador Allende, Beatriz, familiarmente conocida como Tati, la confidente de su padre. El cubano se casó con ella por obediencia debida. Pasó a ser secretario privado y jefe de la seguridad del presidente chileno, prácticamente cercado por los servicios cubanos. Caído Allende, el matrimonio viaja a Cuba y allí Fernández de Oña revela a su mujer su verdadera condición y, finalizada la tarea encomendada,  vuelve con su primera familia. La desdichada Tati se suicidó con la pistola de su esposo putativo (algunos afirman que la ejecutaron). Poco tiempo después, su hermana se suicidó también arrojándose desde uno de los últimos pisos del hotel Riviera. Aires de tragedia alrededor del incansable espionaje cubano.


domingo, noviembre 27, 2016

FIDEL: LA DEFUNCIÓN DE UN MUERTO




En twiter, declaraciones de famosos, avisos fúnebres, esquelas diplomáticas, gargarizaciones por los medios, nos participan a cada rato de la defunción de alguien muerto hace unos cuantos años ya: Fidel Castro Ruz, comandante supremo de la Revolución Cubana.  Fui un adolescente de la era de la Revolución, casi estuve a punto de entusiasmarme con ella, pero confieso que nunca me convenció ese proceso, ni tampoco su jefe. Errores que uno comete, seguramente, y lo acompañan toda la vida. Nunca admiré al Che o a Fidel, nunca fui de izquierdas ni progre; ni siquiera peronista he sido. Ya sé: una declaración de fracaso, porque tampoco fui liberal ni neoliberal, y creo que el más grande gobernante que nuestro país haya tenido, habiéndolo comprendido en todo el calado de su personalidad histórica y modalidad cultural, fue don Juan Manuel de Rosas. Comprenderá el lector que estas coordenadas no conducen a reunir muchas simpatías. Pero también entenderá por qué escribo este post aburrido hasta el hartazgo de tanta pavada, enorme sandez  y tamaña cursilería que sobre los restos de Fidel se descarga por minuto. "Se cierra una etapa histórica y se abre otra", anuncian por doquier, principiando por nuestra canciller, a la que no hay pokemón de lugar común que se le escape. Nadie dice qué se cierra y qué se abre, pero la expresión permite salir del aprieto con aire de suficiencia.

Voy a resumir algunos puntos que desde largo tengo anotados sobre la "mística de la Revolución".

Cuba no tuvo ningún progreso significativo a partir de la Revolución. Tenía ya envidiables desenvolvimientos del punto de vista económico, social y educativo. Había prostitutas, corruptos, ricos y pobres, como hoy, y talvez menos, en cuanto a los últimos, que hoy. Jineteras hubo, hay y habrá, mal que le pese a un cierto prohibicionismo. Cierto que existía un triángulo turístico importantísimo entre Las Vegas, Miami y La Habana, por donde transitaron "Lucky" Luciano, Meyer Lanski o Vito Genovese, jefes mafiosos.   También había un desarrollo fenomenal de la música, el cine y el espectáculo: el Babalú donde triunfaron Xavier Cugat y Desi Arnaz; el famoso "Tropicana"; Amelita Vargas y Blanquita Amaro, actrices y bailarinas que triunfaron en Buenos Aires. La escolaridad tenía muy altos niveles. El Colegio de Belén, de los jesuitas, formó a Fidel y a Raúl y, más tarde, las aulas de la Facultad de Derecho de La Habana vieron pasar al futuro  Big Brother. La arquitectura cubana marcaba tendencias hacia el futuro modernismo latinoamericano.  Recibía Cuba inmigración  e inversiones norteamericanas y europeas y también exportaba empresas locales a los EE.UU.  Era un mundo brillante y animado, con problemas bajo la superficie que podían irse componiendo razonablemente.

El problema era político. Fulgencio Batista, un ex sargento, asumido el poder por segunda vez en 1952, se convirtió en un dictador, con prisiones arbitrarias y torturas a opositores. Fulgencio, que en 1933 había encabezado una "Rebelión de los Sargentos" que destituyó al dictador de la época, Gerardo Machado, se convirtió en jefe de las fuerzas armadas y presidente informal del país. Fue apoyado entonces por el partido Comunista, al que legalizó en 1938 (ver Hugh Thomas, "Cuba o los Caminos de la Libertad"). Cuando en los 50 retomó el poder, se había aparentemente apartado de sus aliados rojos. Pero en 1956 (3 de julio, revista "Bohemia"), una voz clara y valiente afirmó: "qué derecho moral tiene el señor Batista para hablar sobre comunismo, cuando fue candidato presidencial del Partido Comunista en las elecciones de 1940,  cuando sus eslóganes electorales se presentaban bajo la hoz y el martillo y cuando buena parte de sus actuales ministros y colaboradores  confidenciales son miembros importantes del Partido Comunista". La voz denunciante era de un tal...Fidel Castro.

Porque Fidel no arrancó como comunista; más bien, lo hizo como enemigo del socialismo. Hasta casi un año después de tomar el poder, declaraba (abril de 1959, "New York Times": "no estoy de acuerdo con el comunismo. Somos democráticos. Estamos contra todo tipo de dictaduras. Por eso, estamos contra el comunismo"). El comunista, el que había leído sobre marxismo, era el hermanito, Raúl. El que pacta con los EE.UU. El que abre una hendija a los negocios capitalistas. El que comprende que la Revolución es un tortuoso y áspero camino hacia la "cópula necrófila" con el gran dinero. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ¡Ay Dios!, cantaba un panameño...

Como John Reed con la Revolución   Rusa en 1917 (con su famoso libro reportaje "Diez días que Conmovieron al Mundo"), fue un periodista norteamericano, Herbert Matthews,  el que catapultó a Fidel para instalarlo ante la opinión mundial, con un reportaje publicado en "New York Times" cuando aún estaba en Sierra Maestra, donde se lo presentaba como "radical, democrático y, por ello, anticomunista". Esta  pifia informativa le valió que el nuevo régimen le otorgara una medalla como héroe de la prensa de Sierra Maestra. Fidel, en un rapto sincero, dijo al condecorarlo que sin su ayuda y la del "New York Times", "la revolución en Cuba no habría acontecido"

Seis meses después de llegar al poder, Fidel y el Che iniciaron su contrarrevolución de signo marxista-leninista. Los viejos camaradas fueron encarcelados (como Huber Matos, que pasó veinte años en prisión) o ejecutados bajo forma de un accidente (como Camilo Cienfuegos). Menudearon los fusilamientos sumarios y la torturas. Comenzó un masivo exilio ("cuando salí de Cuba/dejé enterrado mi corazón", cantaba Celia Cruz). Castro profesó su nuevo credo de esta manera:

"Juré ante un retrato del viejo camarada  Stalin no descansar hasta haber aniquilado a estos pulpos capitalistas".


No voy a hacer aquí un recuento de las muertes provocadas tanto en su país, como en el resto de Hispanoamérica, como en África, por la acción del hombre ya fósil que está pasando a la inmortalidad del siglo,   Stéphane Courtois, un investigador venido de la izquierda, en su "Libro Negro del Comunismo", editado en el octogésimo aniversario de la Revolución Rusa, proveyó esa estadística y señaló que todos los regímenes comunistas han "erigido el crimen de masas en verdadero sistema de gobierno", de 1917 en adelante. Desde Cuba, bajo el mando de Fidel y del Che, en 1964 comenzó  la acción guerrillera y terrorista en nuestro país, que dejó un saldo de miles de muertos, una generación tronchada, dolor por doquier, una respuesta contrainsurgente que no pudo esquivar la criminalidad, un derrumbe por vía judicial del edificio clásico de las garantías penales, una vampirización constante de los muertos que pesa aún sobre las generaciones posteriores a la lucha armada, y otros males que sería fatigoso enumerar. Todos los demás países de nuestra ecúmene iberoamericana, salvo México, sufrieron la misma plaga. Sin embargo, ante  las cenizas del hombre que llevó adelante esa empresa sangrienta y fallida, alguien que no presidía ya su Estado, van a inclinarse reverentes dignatarios venidos de diversos  países, en hipócrita condolencia. Nuestro gobierno enviará a la canciller, para poner los ojos en blanco ante los despojos de quien, entonces al frente omnímodo de su Estado, desde 1964, cuando gobernaba Arturo Illia, ordenó el despliegue de elementos guerrilleros en las zonas selváticas de Córdoba, Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Jujuy, que fueron puestas bajo la dirección de Jorge Masetti, el "comandante Segundo" -se aguardaba al "comandante Primero", esto es, el Che-, instructor principal y comisario político de esos grupos fue el oficial cubano Hermes Peña, que se destacaba por imponer una disciplina de hierro -fusiló a elementos díscolos de la propia tropa-, mató el primer gendarme caído frente a la guerrilla, Juan Adolfo Romero, y finalmente fue muerto en combate, enterrado en el monte y sus restos descubiertos poco ha, siendo exhumados y trasladados a Cuba, donde recibió tratamiento de héroe.  Las acciones continuarían intermitentemente hasta 1989 -ataque al cuartel de La Tablada. Y el peso de la dirección estratégica de esta guerra revolucionaría estuvo a cargo del Departamento América, dependiente del Comité Central del Partido Comunista cubano, dirigido por Manuel Piñera, alias "comandante Barbarroja", casado con Marta Harnecker, cuyo manual de vulgarización marxista fue algo así como el "¡Upa!" donde hicieron sus primeros pininos nuestros antiguos combatientes irregulares.


¿Qué quedó de aquella revolución barbuda? Promesas de negocio concertadas con el viejo hermano sobreviviente, que los 86  intenta, como los Kim. que continúe la dinastía ("que no acabó la diversión/murió el Comandante y mandó seguir"), cuando el ya no esté, con su hijo Alejandro, su hija Mariela o su yerno, el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, padre de sus dos nietitos. Y como fiel discípulo, acude a las exequias el hombre venido desde la última colonia que conquistó Cuba: Nicolás Maduro de Venezuela. Del joven y arrogante Fidel al rumbero Nicolás que confunde en acto fallido "peces" con "penes".  Pidámosle prestada a Carlos Marx la frase que repiten todos los que nunca le han pasado la vista a "El Dieciocho de Brumario de Luis Napoleón": la revolución se inicia como tragedia y se repite como farsa. De la Sierra a la urna lagrimeada;  del guerrillero al bufón. Y para los muertos, torturados y humillados en el medio siglo intermedio, para todos los "daños colaterales", el silencio plomizo de los que han decidido que es más diplomático no acordarse.

En fin, un presidente electo, casi el único a contracorriente, tuiteó apenas difunto el ícono caribeño: "Castro is dead!". Está muerto. Terminado. Acabado. La Revolución bajo el pie forense de una necropsia.-