martes, octubre 09, 2018

El "caso" Kavanaugh



El magistrado que acaba de jurar su ingreso a SCOTUS, la Corte Suprema de los EE.UU., tuvo que sortear una suerte de "Santa Alianza" del periodismo inflamado en su contra. Los denunciantes sistemáticos de la "posverdad" se dedicaron a pergeñar fanáticamente fake news a su respecto. El periodismo argentino fue un manso eco de la prensa de Jeff Bezos y Carlos Slim.

En primer lugar, la aptitud personal y profesional para su puesto no fue cuestionada por nadie, ni siquiera por los demócratas. La American Bar Association le otorgó la puntuación más alta. Escuché a una periodista argentina afirmar que la nominación de Kavanaugh resultaba, simplemente, de ser "amigo" de Trump.

En segundo lugar, la credibilidad de la denunciante fue demolida en el Senado. En su interrogatorio se requirió interviniese una fiscal  especializada en casos de abuso, y su conclusión fue que el testimonio  presentaba tantas imprecisiones que no era aceptable. Las cuatro personas ofrecidas por la denunciante como testigos (entre ellas un amigo suyo) negaron haber estado en esa fiesta y presenciado el  supuesto ataque. Uno de los testigos reconoció en una carta que ni antes ni después del supuesto hecho supo o presenció alguna forma de conducta impropia en Kavanaugh. Ninguna de estas importantes circunstancias fue puesta de manifiesto. Sólo vimos sollozar a la denunciante. Cuando Kavanaugh respondió con vehemencia, un paneo de las mujeres que se encontraban a su espalda, dando muestras de congoja, fue en cierto programa presentado como rechazo a sus palabras. Eran los  miembros de la familia del juez, y algunas colegas.

En tercer lugar, la denuncia fue presentada cuando había concluido el período en que podían presentarse impugnaciones -con amplia cobertura de prensa- e, incluso, cuando ya había concluido el interrogatorio senatorial. Kavanaugh se desempeñaba como integrante de un  tribunal federal de gran importancia, con repercusión de sus fallos en la prensa,  por lo que los reparos pudieron presentarse incluso antes de su nominación, pero nada se dijo. La denunciante, una doctora en psicología, manifestó que ella no sabía cómo hacerlo ni a quién dirigirse, y por eso habló tardíamente. Poco creíble, otra vez.

En cuarto lugar, el 14 de septiembre, sesenta y cinco mujeres que coincidieron con él en la high school de Reckville, Maryland, donde estudiara, señalaron en carta al Senado que en ese lapso, y en los treinta y cinco años posteriores en que tuvieron ocasión de mantener vínculos con él, "he  has always treated women with decency and respect...he has always been a good person". El 29 de septiembre, sus más antiguos compañeros, hombre y mujeres, elevaron al Senado una nota en los mismos términos, donde afirmaron que "he is a man of honour, integrity and compassion". Tampoco he visto que estos antecedentes, que constan en la página web de la Comisión del Senado, hayan sido referidos por el periodismo.

En quinto lugar, se ha invocado que el plazo de una semana dado al FBI para investigar el caso era exiguo. Debe tenerse en cuenta que un aspirante a juez federal, con más razón si la vacante a ocupar está en SCOTUS, es sometido por el FBI a una prolija investigación una vez presentado entre los potential nominees.  La investigación estaba hecha en profundidad mucho antes. La última semana sólo sirvió para ratificar lo que ya se sabía: no había nada en su contra.

"Empoderamiento", MeToo, una declaración como prueba plenaria y una sentencia a cargo de la prensa. Todo eso estuvo en juego contra un vulnerable: blanco, católico, proveniente de una universidad de la Ivy League, voto decisivo para echar abajo, quizás, aquel fallo Roe vs. Wade. ¿Qué a los diecisiete años le gustaba beber, cerveza en este caso? Mmmm. Entonces, un instrumento que debió ser para la defensa de la integridad de la mujer se convierte en arma de destrucción. Kavanaugh llegó herido al juramento y su familia también.


CÓMO OBTENER 50 MILLONES DE VOTOS CON UN CELULAR










Sin dinero, sin equipo de comunicación -filmó sus últimas aparciones nacionales con celular-, sin tiempo de TV ni radio, sin estructura partidaria, sin empresa ni experto en marketing alguno, sin alianzas partidarias de envergadura y contra todas las encuestas y los medios; como si fuera poco, un atentado político lo elimina de la campaña activa durante las últimas tres semanas, Jair Bolsonaro arrasó con el 46 % de los votos e hizo relucir todo lo que tocó. 

Los candidatos a gobernadores indicados por el líder de la derecha que no eran parte de sus listas (el mínimo partido que aloja al capitán no presentó candidatos de gobierno estadual) ganaron o revirtieron las encuestas al momento de declarar el apoyo a Bolsonaro, quedando primeros para disputar el segundo turno.  

Solamente 8 de los 54 senadores en disputa fueron reelegidos. Las figuras locales del PT fueron derrotados en todo el país. Los políticos que buscaban refugiarse en el “foro privilegiado” de las cámaras fueron expulsados ipso facto

La revolución brasileña entró en las instituciones representativas de la República Nova. 
La canarinha va al segundo turno con 50 millones de votos a su favor.





(Iba a escribir un post sobre el triunfo en las elecciones brasileñas de Jair Bolsonaro, pero preferí transcribir, del blog O Mito (El Mito) -www.bolsomitoamlat.blogspot.com- el breve e incisivo texto anterior. Más allá del personaje Bolsonaro, aflora un  proceso, con manifestaciones sísmicas, que recorrre la sociedad brasileña y encarna en buena parte de su juventud, de hartazgo de la clase política, de la partidocracia sin partidos pero con uniones transitorias  alrededor de personajes exaltados por el marketing; de conformación, bajo el pabellón de "democracia" de un complejo político-empresarial signado por el saqueo de los dineros públicos; de la imposición de lo "correcto"  por parte de minorías del tipo LGBT; de la ruptura con lo profundo, indisponible y trascendente. Populismo reactivo, si se quiere, cuyo surgimiento entre nosotros el kirchnerismo con su ideología de volido corto pero uña rapaz (Cristina puesta bajo la protección del sindicato de ex presidentes beneficiarios en su momento del Foro de São Paulo), el peronismo raciocinante con su búsqueda de centrismo deshidratado y el macrismo (al que el populismo de clase media llevó a la Rosada en 2015) entregado a la cópula entre revolución cultural y cobijo tutelar de los "mercados", ha impedido manifestarse hasta ahora. La llaman "a revolução canarinha". A tener en cuenta).

NB:  "Canarinha" es el apelativo de la camiseta amarilla de la selección brasileña

domingo, septiembre 09, 2018

NOTAS DISPERSAS EN EL TURBIÓN DE LA CRISIS

Tormenta o crisis



Dicen que no es crisis sino tormenta. Una tormenta, en todo caso,  como la bufera, la borrasca dantesca, "che mai non resta", que no tiene aspecto de cesar jamás. Una crisis, literalmente,  es una situación límite signada por la incertidumbre: no se sabe cómo terminará el enfermo, si sano o finado. No se sabe bien qué hacer porque no se sabe bien qué pensar. Es el momento del gran político, porque es también el kairós, la coyuntura oportuna para la decisión que permita retomar la certeza. Ayer, el pillaje revolucionario del kirchnerato nos condujo al borde de un símilchavismo. Hoy, los equipos de la gobernanza improvisan diariamente para postergar el default a fuerza de tomar deuda sobre la deuda. Quiera el incierto destino que no estemos ante dos caminos que se bifurcan para encontrarse a la postre: la senda directa y la senda tortuosa hacia el mismo final, Venezuela y el plebiscito de los pies que colapsa sus fronteras y retrata su fracaso.



Los "mercados"



Los "mercados" mandan. Corremos detrás de ellos, preguntándonos -o preguntándose más bien los que tienen a su  cargo la conducción del país- qué querrán al momento siguiente los dichosos "mercados", superiores sin rostro que orientan la única verdad del día a día. Estos superiores desconocidos asumen una personalidad desconcertante. El director del Banco Central, Luis Toto Caputo, suele afirmar cosas como estas: "no hay que perderle el respeto a los mercados", "los mercados dudan", "estamos dando certidumbre a los mercados", "los mercados se mueven en manada y a veces exageran", "el mercado entendió el mensaje" (por ahora); "los mercados son optimistas" (pero nadie sabe cuánto les durará), etc. A veces, casi se eleva una jeremiada: "¿Qué más quieren los mercados", se preguntaban ayer en el Gobierno; ninguna respuesta convence", informó "La Nación" del 30/08.  Esta antropomorfización de los mercados nos deja tan en ayunas como antes, aunque venga de alguien, como el Toto, que se ve que de mercados la sabe lunga. Quizás eche alguna luz sobre el asunto Ferdinand Braudel,  para el que el mercado es algo anterior y distinto al capitalismo, y con mayor razón al turbocapitalismo financiero actual. Distinguía  Braudel varios niveles de la actividad económica, entendida como satisfacción de nuestras necesidades con recursos escasos. Resumiendo la postura braudeliana, podríamos decir que la vida económica, en el sentido más amplio y clásico del saber sobre la organización de la vida doméstica que asegura la subsistencia de una comunidad, se da en dos pisos. Una planta baja que llama nuestro autor la zona de la vida material, que engloba lo que se produce y se consume ordinariamente, la infraestructura del espacio (habitaciones, transporte, el diseño de las ciudades), la cantidad y distribución demográfica, etc. Este aspecto es opaco y difuso, pero imprescindible. El  piso superior, que surge necesariamente del primero, es
la zona de intercambio, esto es, el asiento de los mercados. Estos mercados aparecen provistos de propiedades específicas como son su "transparencia", su regularidad y, sin presumir de una autorregulación por "mano invisible", una capacidad de equilibrar la oferta y la demanda por medio de la competencia.  Se manifiestan estos intercambios mercantiles en las ferias y mercados particulares que encontramos en todas la ciudades y pueblos, que van desarrollando instrumentos como bolsas de mercancías y valores financieros, cual la letra de cambio, etc. Estos mercados son visibles y palpables: lugares de encuentro entre la oferta de los vendedores y la demanda de los compradores, con la finalidad de intercambio, sirviéndose de la moneda a tal efecto. Una de sus principales características sería su capacidad de expansión, enlazándose así territorialmente los diversos asientos mercantiles.  Braudel señala que tales mercados son anteriores al capitalismo, que se monta históricamente sobre ellos. De modo más interesante aún señala que el capitalismo no significa un piso adicional, sino un mecanismo de acumulación de poder, encaramado sobre los mercados -estos últimos pueden concebirse sin el capitalismo, pero el capitalismo sólo puede surgir a partir del intercambio mercantil- y  con el resultado de transformarlos negativamente: el capitalismo sería, en puridad, antimercado.
Contentémonos, por ahora, con la separación entre capitalismo y mercado, y la existencia previa del último sobre el primero.  Cuándo Toto se refiere a "los mercados", ¿de qué está hablando? Juan Carlos de Pablo  suele decir que los mercados no existen, los seres humanos sí. Y  que es un error asignarles vida propia, ya que las decisiones no las toman entidades abstractas sino seres humanos concretos. Entonces, cuando Toto y Nico y el mismo Mauricio elevan preces a los mercados, mientras Cristina, el gordo D'Elía y el diputado Del Caño los cubren de denuestos, no se entiende bien de qué hablan. No es con referencia al mercado de  los panaderos, o de los productores frutihortícolas del Alto Valle o de los servicios de reparación de electrodomésticos. El mismo chiquitaje que compra dólares en las casas de cambio, es un mercadito insignificante -por más que se lo hipertrofie en los noticiarios- incluible en el primer piso braudeliano. Aquellos sufrientes rezadores y terribles imprecadores se refieren, más bien, al "mercado" de la finanza global.  Y estos últimos ¿no tienen rostro? Sí, y vamos a transcribir el retrato que hace de ellos alguien que los conoce muy bien: Guillermo Calvo, economista argentino de larga trayectoria en la finanza internacional, profesor en la Universidad de Columbia, NY ("La Nación", suplemento económico, 2/09/18) Preguntado cómo podríamos recobrar la credibilidad ante los inversores globales, contestó: "eso es muy difícil, porque no depende de nosotros sino del mercado".  ¿Y quiénes son "el mercado"? "Al muchachito que está del otro lado manejando un fondo no sólo le interesa qué es lo que la Argentina hará, sino lo que van a hacer los otros muchachitos que están en las diferentes mesas de dinero. Hay una situación de profecía autocumplida. Ellos piensan que el muchachito de al lado va a salirse de los bonos argentinos. La Argentina no debería tener problema, pero si otros muchachitos no están invirtiendo, entonces sí va a tener un problema y va a tener que entrar en moratoria. Es ahí cuando todos se salen y ahí está el problema".


Gracias, profesor Calvo. Ahora sé quiénes son los mercados que a veces dudan, actúan en manada, exageran o no sabemos por  dónde van a disparar: unos muchachitos más o menos esnifados que sueltan la adrenalina enfocados en su computadora pensando qué es lo que van a hacer otros muchachitos más o menos esnifados como el primero.  Ahora entendí, y estoy mucho más tranquilo...


viernes, junio 08, 2018

RESISTENCIA "RADICAL CHIC"



Otra incursión en los hábitos del "radical chic":
 

En la primavera de 1944 en el París ocupado, los intelectuales que después serían lumbreras de la Rive Gauche se entretenían con juergas que duraban toda la noche y a las que daban el nombre de “fiestas”. Además de los imprescindibles, Sartre y Beauvoir, a veces hacían acto de presencia artistas famosos, como Picasso, acompañado de Maar. Beauvoir describió las "fiestas" en La force, como saturnales de un erotismo contenido. Por cierto que ella había sido expulsada recientemente del colegio en el que trabajaba de maestra por “incitación al libertinaje menor”, que en su caso significaba, por seducir a una de sus estudiantes, Nathalie Sorokin, cuya madre se quejó a las autoridades. Pero ya se sabe que hay pedofilias y pedofilias. Pocos meses después Beauvoir comenzó a presentar una serie de programas sobre la historia del music-hall en Radio Vichy. Pero volvamos a las "fiestas". Allí se iba, sobre todo, a beber. A beber hasta emborracharse, que era lo glamuroso. “El alcohol nos hacía perder la contención. Nadie objetaba nada contra la embriaguez y, de hecho, algunos la consideraban una obligación. Leiris, entre otros, se aplicaba con gran celo y unos admirables resultados”. “Poníamos discos –añade Beauvoir-, bebíamos y pronto comenzábamos a ir de aquí para allá por toda la casa, aturdidos”. Como el toque de queda duraba hasta las siete de la mañana, las fiestas se prolongaban hasta esta hora. “Comenzamos a organizarlas sólo para pasarlo bien, no tenían nada que ver con reuniones editoriales ilegales ni con nada semejante”, confesó posteriormente Sartre. La noche del Día D, la del desembarco en Normandía, la fiesta se celebraba en casa de Charles Dullin, director del Théâtre de la Cité. Entre los asistentes se encontraban Sartre y Beauvoir, Camus y María Casares (que animaban las fiestas con sus pasodobles), Michel y Louise Leiris y Raymond Queneau.

 

Fuente: Alan Riding, Y siguió la fiesta.  Riding,  un periodista británico nacido en Brasil que vivió muchos años en México, como corresponsal de Reuters. retirado, se dedicó al ensayo sobre temas históricos y culturales.  

 

martes, junio 05, 2018

LA MUERTE DE UN SUDISTA



No podía dejar este blog  de recordar a Tom Wolfe, que se fue al otro barrio hace muy poco, a los 88 años, y al que hace años dedicamos otra entrada, que puede encontrar el lector en nuestro índice.  Su nombre se asocia al "nuevo periodismo" o a su primera novela, "La Hoguera de las Vanidades", que Brian de Palma llevó al cine. Me gusta recordarlo, sobre todo, porque se burló desafiante del mainstream cultural de su época en los EE.UU. Esto es, se tomó en solfa, arrancándole su máscara hipócrita, a la progresía. "Radical chic", "izquierda caviar", "izquierda exquisita", fueron los sobrenombres perdurables que puso a los left-wing intellectuals de su época. Un intelectual -decía- es alguien que sabe sobre algún asunto, pero que públicamente  habla de otra cosa.  Esa "otra cosa"  es cualquier tópico de la agenda bien pensante: contra las guerras; a favor del aborto free; lagrimeos sobre la pobreza; veneración del guerrillero y de su boina estrellada, etc. "Cuando Noam Chomsky comenzó a denunciar públicamente la guerra de Vietnam ¡zas! se convirtió en un intelectual". Uno de sus blancos preferidos fue Norman Mailer, enfermo hasta la médula de importancia personal.  Se lamentaba de no haber sido "suficientemente mezquino" con Mailer.
Observaba Wolfe con penetración a esos personajes  que nadaban en la impostura y el simulacro, en lo que él llamó la "statúsfera". Un mundo snob, donde los ricos se disfrazaban de homeless del  Bronx, y los diseñadores creaban a partir de allí una moda suntuosamente indigente. Reaccionario, Wolfe se trajeaba con ternos blancos y zapatos al tono, en una postura dandista que no habría disgustado a Barbey d'Aurevilly. Su pieza maestra, en la descripción de inmensa minoría concentrada revolucionariamente en su yo -llamó a los 70 "the Me decade"- resalta su crónica "That Party at Lenny's". Aquella fiesta en lo de Lenny -el eximio director y compositor Leonard Bernstein- transcurrió en el dúplex de trece habitaciones donde moraba el músico, y su pretexto fue recaudar fondos para los Panteras Negras que estaban en la cárcel. Puro "radical chic" los concurrentes: músicos, coreógrafos, actores, escritores. Y Donald Cox, el líder los Panthers, con algunos de sus muchachos. Una sofisticada señora bien comenta con una notita trémula en  la voz: "¡nunca había visto una Pantera! ¡Es la primera vez!". Circulan los canapés de roquefort con nuez, "¡mmmmmmmm!" deslizan los bienudos  y los forajidos.  Entronizado en un sillón preside Bernstein, con su mujer, Felicia, acodada a su lado.  "La fantasía de los revolucionarios que viven al límite, circula como adrenalina por el dúplex de Lenny".

Wolfe también tuvo una mirada ácida hacia el "realismo mágico" latinoamericano.  Acerca de Gabo García Máquez enarbolaba la frase trinchante de nuestro Borges: "a Cien Años de Soledad le sobran cincuenta". Y en un reportaje, hace unos años, definió lo políticamente correcto como "marxismo desinfectado".

Era nieto de un soldado confederado y lo coloco entre los "sudistas" -a los que Maurice Bardèche dedicó un libro muy certero- y su mentalidad, derrotada, pero perdurable, de tradición, apego a la tierra, coraje.  Tan fuerte aún que se obstinan en querer bajar a Robert E. Lee de su monumento ecuestre en Charlottesville.-

viernes, mayo 25, 2018

CEMENTERIO PRIVADO


 

 

Quien recorra el índice de este blog encontrará que tiene su cementerio privado, que habitan amigos idos o autores que ya fueron, pero que han dejado en este cronista una impresión indeleble.   En ese camposanto particular, como decía Quevedo, “escucho con mis ojos a los muertos”, y los despido sin dejar de frecuentarlos.  Ahora le toca, con algo de atraso, porque falleció a los 78 años el pasado 27 de marzo, a Clément Rosset, filósofo francés, normalien,  con un aspecto algo hirsuto de Diógenes urbano. Su afirmación fundamental es que lo real es lo real.  Proposición tautológica cuya profundidad nuestro autor defendió a lo largo de su carrera intelectual y que, como señala. “constituye, para la filosofía y la opinión más comunes, un asunto de mofa general, una especie de enorme error básico reservado sólo a los espíritus obtusos e incapaces de un mínimo de reflexión”. Hay un núcleo trágico en aceptar la realidad de lo real, y por lo tanto buena parte de la reflexión filosófica parte de la desconfianza hacia lo real, esto  es, de lo que Rosset  llama “principio de realidad insuficiente”. Se construyen así “dobles” de lo real, para esconderlo y negar el elemento trágico ínsito a aquélla.  Y entonces se oscila entre dos extremos. El que reconoce la realidad de lo real queda afectado por ella: “es el ser que puede saber lo que en no puede saber; el que en principio puede lo que en puridad no puede; el que es capaz de enfrentar lo que no es capaz de afrontar”.   Pero si rechaza o intenta gambetear la realidad de lo real por la carga que conlleva, cae en un peligro mayor, en el peor de los peligros. Aparecen los espejismos de todo tipo para esconder lo que en la realidad hay de crudo e intolerable. Surgen dimensiones utópicas, mezclando exigencias y radicalización, en un intento de cambiar “de” mundo  -“otro mundo es posible”- generalmente bajo el lema de cambiar “el” mundo.  Aquí Rosset expresa su vena escéptica, en la línea de Montaigne y de Schopenhauer, al que dedicó un penetrante trabajo: “Schopenhauer, filosofo del absurdo”.  Escéptico, literalmente, en el sentido de  quien mira-a-su-alrededor, sopesa y reflexiona sobre lo que ve, aunque odie las conclusiones a las que llegue. La “democracia de los derechos del hombre” o las condenas por “inhumanidad” caerán bajo su mirada implacable. “Nadie ha podido definir qué  resulta, de parte de un hombre, humano o inhumano, por la buena razón de que todo de lo que un hombre es capaz  es también necesariamente humano, como lo enuncia un verso célebre de Terencio: hombre soy y nada de lo humano me es ajeno”[1].  “Después de todo –agrega- los crímenes y horrores cometidos cotidianamente por la humanidad son de todos modos crímenes y horrores, ya se los considere como “inhumanos” (lo que en el fondo es más tranquilizador) o como “humanos” (lo que es probablemente más cierto, pero también más inquietante”.  “Nada es más temible –señala- que el amor a la humanidad en general, que resulta casi siempre en amar a todo el mundo detestando al mismo tiempo a  cada persona en particular”.  Y remata: “los crímenes de los que se indignan los moralistas son casi siempre obra de personas más moralistas todavía”.  Desde luego, el intento de mejorar o remediar lo que nos rodea es menos vistoso, y ciertamente más difícil, que tirar el único mundo que tenemos a la papelera de reciclaje y anunciar la génesis de otro nuevo y perfecto, construido en el taller de las ideologías.  La realidad, solía decir nuestro filósofo, desconcierta por su “intolerable simplicidad”.- 

 




[1] ) De paso, recordemos que Terencio era nacido esclavo en Cartago, emancipado en Roma bajo la protección de Escipión y muerto en Gracia, adonde había ido a buscar  nuevas fuentes de inspiración en los maestros teatrales helénicos.  San Agustín recuerda que  cuando aquellos versos del “homo sum…” se declamaban en   Roma, el anfiteatro clamaba y rompía en aplausos.
 

domingo, mayo 06, 2018

El Descarrío del Derecho


 



En este blog me he referido antes a un jurista español, Alejandro Nieto García, catedrático que a los 85 años publicó su "Testimonio de un Jurista  (1930-2017)", con sabrosos párrafos que compartiré con el ocasional lector, por su pertinencia y clara aplicación a la "verdad efectiva" de nuestra vida jurídicopolítica.

Ya en un libro anterior. "La Organización del Desgobierno" (1984) -y pido al curioso que se detenga un momento en este concepto, o contraconcepto, si se quiere, de "desgobierno", al que nuestro autor dedicó buena parte de sus reflexiones y advertencias-; pues, bien, allí me topé con esta sentencia que me vino al recuerdo mientras veía a Nicolás Dujovne y Toto Caputo sermonearme desde la pantalla con ese manojo de optimismo que evocaba una viejísima canción picaresca; "tout va très bien, madame la Marquise". El dictum de Nieto reza:

"En las áreas del poder no se piensa, se improvisa"

Vayamos ahora a las memorias de Nieto. Advierte nuestro autor: 

“La edad me ha enseñado a percatarme de mi insignificancia personal, de la vaciedad de los pretendidos grandes descubrimientos, de la retórica de los gestos heroicos que terminan siendo patéticos, de la falsedad de las grandes verdades, de la vulnerabilidad de los dogmas tenidos por intangibles y de la fugacidad de las cosas humanas”.  Y ubica su rol  en el escenario del derecho público de su país: “como un outsider, como un enfant terrible haya sido un signo de mi inmadurez propia o de larvada soberbia. Algo que, por lo demás nunca me ha preocupado y menos ahora cuando ya tengo el pie en el estribo para el último viaje, que he de hacer inevitablemente las maletas” .

Recuerda su paso por la enseñanza universitaria y dice que en ella:“perdí mi fe en la completitud de las normas y en la perfección tendencial del ordenamiento jurídico. A golpe de experiencias y de tertulias enriquecedoras me percaté de cual era la verdadera función del derecho estatal, de la incoherencia interna y relacional de las leyes, de la falsedad de los conceptos dogmáticos construidos con pretensiones científicas, y en fin, de la inviabilidad de un sistema estable”.

Su experiencia en la Complutense de Madrid la resume en este párrafo cervantino: “mausoleo de todas las vanidades, panteón de todas las celebridades, espejo de todas las universidades hispánicas, cumbre de la ciencia, cifra del saber, meta de ambiciones, fábrica de influencias, tesoro de subvenciones, reserva de mezquindades, sentina donde desaguan las cloacas del universo académico”.

No menor anatema le cabe al espectáculo de la famosa "Transición" del franquismo a la democracia: “sueldos espléndidos autoestablecidos, instalaciones y automóviles fastuosos, aumento de funcionarios clientelares, inversiones disparatadas y, en suma, desgobierno, caos y corrupción tanto en los ayuntamientos como en la diputaciones provinciales y comunidades autónomas. Aeropuertos sin aviones, trenes sin vías y vías sin trenes, centros culturales y deportivos en cada esquina, congresos inútiles, viajes sin sentido y subvenciones sin cuenta y sin destino conocido”.

Y una consecuencia bien conocida entre nosotros, de ciudadano reducido a puer aeternus": “los ciudadanos en definitiva adoptan actitudes de menores de edad que acuden al Padre Estado para que les arregle todos sus problemas, incluso aquellos que sean buscado ellos mismos. Son frívolos e irresponsables y cuando llega un incidente lloran y exigen sin pensar que ellos son quienes lo han provocado. No tienen en cuenta los riesgos de la vida moderna, que arrostran impávidos pero luego reclaman por los daños producidos. Consumen drogas y exigen ser tratados en un centro público. Practican el botellón y toman estupefacientes en fiestas multitudinarias y luego pretenden ser indemnizados a costa del dinero público si sucede un incidente; y con la misma frivolidad adolescente participan en un encierro popular taurino y se quejan de que un toro les haya lesionado. Mientras que yo tengo que soportar esas protestas y exigencias y de paso costearlas como contribuyente.”.

La corrupción está ahí, desde luego: "fenómeno que le ha preocupado siempre, no es tanto el hecho mismo de la corrupción como la indiferencia hacia ella, que es, a la postre, lo que mejor la fomenta” pues “el calamar de la corrupción se ha envuelto en una nube de tinta tan espesa que ya nadie sabe- y los que lo saben se cuidan mucho de decirlo- qué es lo que ha pasado (y sobre todo, por qué), qué está pasando ahora y en qué parará todo esto”.

No puede dejar de lado el mundo de los tribunales.  Comprueba que; “vivimos en una sociedad pleitista dentro de una economía cuyo sector más importante es el papel, la tinta y sus sucedáneos electrónicos. De las leyes vive mas gente que del turismo o del automóvil”.

La confianza en la Justicia se derrumba porque  “desde el punto de vista legal, la imprevisibilidad de los resultados, el caos normativo y las contradicciones jurisprudenciales siempre dejan abierta la posibilidad de obtener una sentencia favorable aun en los asuntos más descabellados”.

En el Derecho actual conviven “el avión y la diligencia. Es una vivienda en la que no se tiran los muebles viejos. Un mundo de anacronismos cotidianos, en el que lo útil y lo inútil se dan la mano y casi nada funciona racionalmente”.

Redondea: “El Derecho es hoy más incierto que nunca, las leyes no son fiables y menos aún los jueces, impávidos creadores de una jurisprudencia contradictoria; mientras que la doctrina ya no tiene energías para ordenar este caos y ni siquiera ánimos para intentarlo”, lo que desemboca en “unas leyes deleznables, una jurisprudencia desacreditada y una doctrina timorata”.

Agrega: “El Derecho cristalizado en una ley formal se va desfigurando en el curso de su realización por obra de los intermediarios que lo ejecutan y cumplen. Y por otro lado, el texto de la ley se enturbia cuando se integra en un ordenamiento jurídico compuesto de elementos heterogéneos: hacia abajo, los reglamentos, las instrucciones, el complejo universo del soft law; y hacia arriba, la constitución, el Derecho comunitario y el globalizado”. Los jueces, señala, “están practicando con absoluta naturalidad un Derecho sin ley, que últimamente nos ha venido del Derecho anglosajón (…) las sentencias dictadas no al amparo de una ley sino por la simple consideración de que la resolución impugnada no es racional, o razonable o proporcional”. Además: : “hoy los abogados (y jueces) cuentan con un repertorio en internet, que les proporciona, sin más trabajo que apretar cuatro teclas, la argumentación precisa y bien fundamentada en que pueden basar sus escritos forenses cualquiera que sea la posición que pretendan adoptar”. El fundamento exprés, vía cut and paste, que "fundamenta" cientos de fojas judiciales.

Mucho podría añadirse, y en buena parte de las entradas de este blog lo he hecho, acerca de las parecidas calderadas que hierven en nuestro mundo jurídico, más graves aún que las aquí traídas a consideración en la letra del catedrático español. Pero bueno es saber que afuera también se cuecen parecidas habas.