Mostrando las entradas con la etiqueta Obama. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Obama. Mostrar todas las entradas

lunes, enero 23, 2017

UNA DEDICATORIA MUY ESPECIAL



En el post anterior hice referencia a Saúl David Alinsky (1909-1972) y su influencia en el pensamiento de Hillary Clinton y Barack Obama. Su obra "Tratado para Radicales -Manual para Revolucionarios Pragmáticos" (ed. española Traficantes de Sueños, Madrid, 2012, traducido por Marta Álvarez Sáez), donde se hallan sus incisivas Rules for Radicals y se desarrolla la estrategia de  community organizing, organización de comunidades,  lleva esta dedicatoria, más cínica que irónica:


"Que se me perdone por tener al menos un reconocimiento para el primer revolucionario: de todas nuestras leyendas, nuestra mitología y nuestra historia (y quién puede saber dónde termina la mitología y dónde empieza la historia, o cuál es cuál), el primer revolucionario conocido por el hombre, aquel que se rebeló contra el poder establecido y lo hizo de manera tan efi caz que pudo al menos ganarse su propio reino: Lucifer".
Saul Alinsky

viernes, enero 20, 2017

Santo Súbito



La canonización relámpago o panteonización de alta velocidad que las grandes cadenas informativas han ido desarrollando desde días atrás respecto de Barack Obama -así como la progresiva puesta en valor candidateable de su esposa Michelle- culmina en estos momentos en que veo entrar en la Casa Blanca a Donald Trump y su mujer, antes de marchar ambos, el saliente y el entrante POTUS, hacia el Capitolio, me han producido y producen una marea de fastidio que indica la necesidad de no postear in extenso por ahora, buscando al efecto futuras y más calmas ocasiones.  El "velo de ignorancia" que usualmente nos mostraba a la prensa como un sitio de relativa imparcialidad, ha caído por completo desde la campaña y posterior victoria electoral de Trump, hasta un punto que sorprende aun a aquéllos que con el tiempo hemos ido desarrollando un instrumental para precavernos de la habitual manipulación que atraviesa el sector informativo. Asoma el rostro de la Gorgona del poder y del desprecio por las mentalidades que se consideran imbéciles, retrógradas y condenadas a la "espiral del silencio".  Separo la anécdota de la categoría, la persona de Trump del fenómeno mucho más vasto que lo arrastra y supera las fronteras de su país. El coro de plañideros del cambio y alabanciosos del saliente, elevado a "santo súbito", es tan compacto y recurrente que aburre y abruma. "Post-truth: art of the lie", que se traduce como:  la única verdad posible es la que yo miento desde mi trono mediático.  Y el resto no sólo engaña o acepta estúpidamente la mentira, sino que sólo puede ser objeto de desprecio: los "deplorables". Chantal Delsol -"Populismos, una defensa de lo Indefendible"- dice bien: "no conozco una brutalidad mayor, en nuestras democracias, que la utilizada contra las corrientes populistas. La violencia que se les reserva excede todo límite. Se han convertido en los enemigos mayúsculos de un régimen que pretende no tener ninguno. Si fuera posible tal cosa, clavarían a sus partidarios en las puertas de las granjas". Esta intolerancia absoluta resulta la respuesta manifiestamente errónea a la rampante pérdida de credibilidad de la clase política, intelectual, empresarial, sacerdotal, de nuestra época. Tengo en claro cuál es el talón de Aquiles de la reacción populista, especialmente en lo que se refiere a la capacidad de gobierno sobre situaciones complejas, porque parte de una visión hipersimplificada de la realidad y  suele fracasar y fragmentarse ante los obstáculos puestos por los poderes financieros, las burocracias, el show-bussines y los mandarinatos intelectuales dominados por la progresía. A lo que se añaden los problemas surgentes de liderazgos que tienden a ser monolíticos. De todos modos, en el gris panorama actual de uniformización monocolor y discursos de expertocracia, en el pantano adonde conduce la destrucción de todo límite y el hachazo a todo arraigo, frente a la exaltación de un monoteísmo individualista exacerbado en que desemboca la modernidad, la reacción populista es la única que altera por el momento las reglas de juego impuestas e introduce, sin necesidad de dejarse sugestionar por ella, una bocanada de aire fresco  en las miasmas del anegamiento. Mientras tanto, observo con distancia y una punta de mordacidad, la santificación de Barack Obama -o Barry Soetoro, según los malignos rebuscadores de archivos.
 

miércoles, octubre 14, 2009


¿UN ANTICRISTO CURSI?





Con el premio Nobel, otorgado por el Comité Parlamentario noruego, que hace a Barack Hussein Obama Príncipe de la Paz, algunos -como Juan Manuel de Prada en ABC- han sugerido que cobró cuerpo definitivo aquel Juliano Felsenburg que Robert Hugh Benson, en su novela "Lord of the World", preanunciaba como el Anticristo. Felsenburg, después de todo, también era norteamericano, aunque sólo senador. Al menos el personaje de Benson llegaba a Presidente de Europa y Salvador del Mundo por haber evitado una guerra de los continentes. Barack, en cambio, todavía está en la gatera, bombardeando módicamente medio Paquistán y hundido hasta la verija en suelo afgano, donde mantiene una cárcel -la de Bagram- semejante a la de Guantánamo (sigue abierta) o Abu Ghraib (aún en funciones).



Una cosa que llamó mi atención es que Obama se mostrase sorprendido porque le hubiesen adjudicado el premio. Es obvio que alguien lo propuso, y que el hoy agraciado sabía de esa postulación. Esto de hacerse la corista atónita de que la foto de su desnudo haya aparecido en Playboy no convence. Menos, teniendo en cuenta lo que sigue, tomado de un blog de Javier Custodio Ayala:


Elena Bonner, la viuda de Andréi Sájarov, Premio Nobel de la Paz en 1975, en el artículo «Una “Nobelidad” a la izquierda» (“Нобель без палочки”) (el juego de palabras en ruso con Ноль/Нобель («Nulo»/«Nobel») es gracioso y difícil de traducir: Ноль без палочки: «un cero a la izquierda») del periódico digital Grani.ru (Грани.ру) ha acusado a los responsables de concederle el premio a Obama de transgredir «normas morales, éticas y jurídicas» al fallar el premio. Denuncia que su candidatura tuvo que ser presentada apenas días después de ser investido:
«Sobre el Reglamento para la nominación, dijo: “El Premio de la Paz puede concederse a las personas, así como oficiales y organizaciones públicas. Se aceptan nominaciones para el examen a más tardar el 1 de febrero del Año. Con esta norma, Obama fue nominado, o en los diez días después de ser elegido Presidente de los Estados Unidos, o quizás incluso antes de la entrada en este alto cargo.”»

Desde luego que este premio Nobel de la Paz las más de las veces es un timo y una caricia al poderoso de turno en el sentido del pelo. Si Teodoro Rosevelt, el de la big stick policy, la política del gran garrote, pudo obtenerlo, y si Adolfo Hitler estuvo entre los nominados en 1938, poca fe merece. Un poquito más respeto le tengo a nuestro Carlos Saavedra Lamas, que lo sacó en 1936 por su intervención pacificadora en la guerra del Chaco. Y creo que los únicos que recuerdo que lo merecieran realmente fueron Henri Dunant, el suizo que creó la Cruz Roja (el primero en obtenerlo) y la Madre Teresa. Y respecto del resto, incluido el bueno de Henry Kissinger, el difunto Arafat y el insignificante Pérez Esquivel practico el más vigoroso menefreguismo.


Jesús es llamado el Príncipe de la Paz y, correlativamente, se supone que el Felsenburg final también aspirará, simiescamente, a ese título. Hubo otro Príncipe de la Paz, más apto para el chichoneo que para Armagedon, y fue Manuel Godoy, aquel guardia de corps que ejercía en la cama de la reina María Luisa, la esposa de Carlos IV. Lo que ocurre con nuestro novísimo e instantáneo Príncipe de la Paz Obama es que resulta, en todo caso, un Felsenburg deshidratado y un Anticristo cursi. O más bien un Godoy, quizás sin tanto ajetreo








lunes, marzo 30, 2009


SAN OBAMA DE LA COMUNICACIÓN, LEGIT PRO NOBIS




Obama, para mí que lo he visto por la tele y por YouTube, es un gran orador, con una pizca de las habilidades comunicacionales de los pastores evangélicos, género en el cual, aplicado al discurso político, brilló Martin Luther King. Pero Obama tiene un pequeño truco, que se ha convertido, además, en su adicción: el teleprompter. Utiliza el teleapuntador hasta en las conferencias de prensa, lo que no era habitual en sus predecesores. Algún chusco ha dicho que, en lugar de denominarlo POTUS (President of the United States) habría que decirle TOTUS (Teleprompter of the United States).

El día de San Patricio recibió en la Casa Blanca al primer ministro irlandés, Brian Cowen. Un duendecito céltico mezcló las cosas y, cuando le tocó el turno de hablar a Cowen, le pusieron en pantalla el discurso de Obama. El irlandés, que venía de escucharlo en un acto anterior, se dio cuenta inmediatamente y continuó improvisando. Cuando el tocó el turno a Obama, leyó prolija y brillantemente el discurso del irlandés, incluso agradeciendo al presidente Obama el haberlo invitado... Supera en comicidad los tropiezos de Bush el Joven, o casi. Sólo nuestro Carlitos Menem, mal orador pero genio del estrechar vínculos con el público, era capaz de salir de tales gazapos airosamente.


Yo, que nadie soy, me atrevería recomendarle a Obama un cursillo de expansión de verba con tres autoridades de la otra América. El primero, con Fidel, aunque en Buenos Aires, cuando estuvo por última vez y abrumó a los estudiantes hablando cuatro horas desde las escalinatas de la Facultad de Derecho, tenía a su lado un apuntador de carne, hueso y mojito, que le soplaba de a ratos. El segundo con Hugo Chávez, que ese las saca de su cabeza en "Aló, presidente", sin el telepronto de los gringos. El tercero, con Lady Cri-Cri, que la pifia también de vez en cuando, pero es nuestra.


Dónde sí se luce Obama es contestando preguntas desde su sitio. Un cuerpo de asesores las selecciona y otro cuerpo las contesta. Así da gusto


domingo, noviembre 09, 2008











SOBRE BARACK

Baraka ("Barack") es un vocable árabe que significa "bendición". El maestro sufi da su baraka iniciática a un discípulo; le transmite su carisma.

Al Bendito o Benedicto Obama le han dedicado algunos chistes. Berlusconi lo llamó "joven, buen mozo y bronceado". L'abbronzatura le ha costado muchas quejas y pedidos de disculpas, salvo del propio Barack, que ya habló con Silvio, el que durante un año va a estar al frente de la UE. Pequeñas pijoterías del periodismo alineado con la raza elegida, superior moral y antropológicamente, esto es, la raza de la pequeña izquierda universal. Quien no es de izquierda, no tiene salvación.

De todos modos, el mejor chiste lo lanzó un negro, Jeremías Wright, el maestro fundamentalista de Barack, radicalmente antiblanco, y de cuya sombra bastante le costó apartarse al emperador Obama. Dijo don Jeremías que si Obama ganaba la elección presidencial, por primera vez en la historia de lo EE.UU. una mujer negra -su esposa Michelle- iba a dormir "legalmente" en la Casa Blanca. Que don Jeremías domina el sarcasmo, no se puede negar.

En la historia de todo imperio, llega un momento de mestizaje étnico y cultural. Roma, España y Portugal practicaron ambos; la Gran Bretaña, Holanda y USA, preferentemente el segundo. Los EE.UU. no tiene un negro como emperador, sino un emperador negro. Pero, ante todo, un emperador. Lo que quiere decir lo contrario de un pacifista, para salir al cruce de las afirmaciones del bajo clero periodístico de la raza electa que definí más arriba.