domingo, marzo 25, 2007

SOBRE NERUDA Y SHERLOCK HOLMES


Estimado doctor Castro:

Muy interesante el artículo de Carlos Bernatek (suplemento Cultura/Ensayo, 25/3/07), “El Enigma de un Nombre”, acerca de la fuente que inspiró a Neftalí Ricardo Reyes para adoptar el seudónimo de Pablo Neruda. La versión canónica, consentida por el propio poeta chileno, lo atribuye al influjo del escritor checo Jan Neruda. Bernatek, que duda de que el joven Neftalí haya tenido acceso a la obra del poeta de Praga, recuerda que en “ A Study in Scarlet”, Arthur Conan Doyle incluye a “un personaje segundón bautizado por sir Arthur –quien probablemente conociera al checo- como Neruda”. Más fácil resulta que el adolescente Neftalí haya leído la novela donde se encuentran por primera vez Sherlock Holmes y el doctor John H. Watson, que la obra del autor de los “Cuentos de Malá Strana”. No cuesta estar de acuerdo. Cabe una aportación. Sherlock, en la novela, le dice a su amigo que esa tarde va a escuchar un concierto de violín de Norman Neruda, cuyo pizzicato y manejo del arco elogia (recuérdese que Holmes era un pasable violinista, poseedor de un Stradivarius). Norman Neruda no es un personaje de ficción “segundón”. Fue una violinista de carne y hueso, Guillermina María Francisca Neruda (1839-1911), de origen moravo y legalmente austríaca, gran intérprete llamada “la Paganini femenina”. Se casó con un músico sueco, Ludwig Norman, siendo conocida desde entonces como Wilma Norman-Neruda. Un segundo matrimonio fue con Karl Hallé, pianista, director de orquesta y empresario alemán radicado en Londres, cuya referencia también se registra en la misma novela de Arthur Conan Doyle. En 1901 le fue conferido el título de “Violinista de la Reina” (Victoria, que habría de morir ese mismo año). No sabemos, pues, si el creador de Sherlock Holmes conocía a Jan Neruda, pero evidentemente no podía escapársele la gran concertista de su tiempo. El adolescente Neftalí Ricardo Reyes, probablemente, no conocía ni al uno ni a la otra(si el seudónimo lo hubiese tomado de la violinista, no se habría privado de señalarlo), pero no podía sustraerse a la seducción sherlockiana. Ya grande, ya famoso, ya Nobel, prefirió que los eruditos le tejieran una fama, y es comprensible. Una última curiosidad, para usted, que es un fino conocedor de la música clásica. Holmes le comenta a Watson que hay una pequeña pieza de Chopin que nuestra violinista ejecuta magníficamente. No conozco ninguna obra de Chopin exclusivamente para violín. ¿Habrá algún arreglo que cubra el aserto del inquilino del 221B de Baker Street?
Luis María Bandieri

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