lunes, marzo 11, 2013


EL LORO DE CHÁVEZ, O DE LOS CAMINOS EXTRAVIADOS DE LA AMÉRICA HISPÁNICA

 

Hugo Chávez era un cristiano y, por lo tanto, de acuerdo con sus creencias,  habrá sido sometido a su juicio particular. La pietas más elemental exige el respeto por nuestro semejante ya finado y pide decoro en el  momento final de sus días mortales. Esta exigencia se vuelve más imperiosa cuando se observa la impiedad con que sus favoritos han manipulado constantemente su enfermedad,  su agonía, el momento y lugar imprecisos de su muerte y las liturgias profanas que se le prodigaron,  destinadas en buena parte a encubrir la lucha intestina entre sus pretensos delfines  y, por otro lado, a poner bajo su advocación una campaña electoral en marcha, para que el triunfo permita la continuidad de la nomenklatura revolucionaria.

Esto dicho, corresponde, ya bajo el ángulo político,  un examen de Chávez y el chavismo en el ámbito de nuestra ecúmene hispanoamericana.

En Chávez y en su producto político, el chavismo o “socialismo del siglo XXI”, hay elementos originales, propios del personaje y su peripecia,  y otros elementos que provienen de más lejos, de la historia y hábitos propiamente hispanoamericanos. Estos últimos, los de entorno y herencia, una vez apartados algunos rasgos folklóricos, donde el loro del título vendrá a cuento, resultan los de mayor peso e importancia.

Nuestro único régimen político subcontinentalmente aceptable resulta puramente europeo y mediterráneo: el despotismo ilustrado. Populismo con caudillo, cesarismo democrático: por siempre Borbones.

El populismo latinoamericano, es decir, caudillos que concentran en su persona todos los poderes en nombre del pueblo, al que sienten representar de modo unipersonal y absoluto, es la forma de democracia propia de nuestra ecúmene hispanoamericana. La democracia liberal, con la matriz constitucional del Estado de Derecho, nunca llegó a cuajar del todo en las costumbres políticas de nuestro lugar en el mundo. No han faltado períodos y países en que ella pareció haber dejado atrás definitivamente el populismo, cuyas raíces se hunden aquí más en lo profundo que la matriz de cuño británico del constitucionalismo clásico. Pero la "intrahistoria", el subsuelo político hispanoamericano, irrumpe cada tanto por entre las costuras institucionales, y reclama por sus fueros, maquillado apenas con los colores y mal recubierto con los ropajes que los tratadistas caracterizan como propios del Estado de Derecho liberal burgués. Como adoptamos la matriz del constitucionalismo liberal sin demasiada convicción ni mucho respeto, se manifiestan fenómenos continuos de resistencia y rechazo de aquella horma institucional, hasta convertirse tal desfasaje entre ficción y realidad constitucional en uno de los síntomas más evidentes de una “mentira vital” que descalifica nuestras instituciones.

Bien miradas, las repúblicas americanas mantienen profundos contenidos monárquicos. Y la institución presidencial, entre nosotros, recoge una fortísimas tradición realista, apoyada en incoercibles hábitos populares. Pero no de cualquier monarquía. Es curioso que en América Hispana el culto por el rey se fue formando poco a poco. El respeto a la autoridad del monarca -como Marius André señalaba hace mucho- comenzó a generalizarse a principios del siglo XVIII, cuando los Borbones llegan -peleando- al trono. Ese prestigio todavía estaba vigente a principios del siglo XIX, hasta el punto que hubimos de alcanzar el autogobierno bajo la "máscara de Fernando". El principio monárquico, como Schmitt señala, es el de representación absoluta: el monarca representa íntegramente a la comunidad política que gobierna. Aunque Luis XIV quizás jamás haya pronunciado aquello de que "el Estado soy yo", la expresión corresponde exactamente al subsuelo doctrinario de la monarquía.

En la segunda mitad de siglo XVIII, los ilustrados habían descubierto el pueblo como público de sus ideas y de la vida política. Un público virtual, auditorio ideal, al que se dirigían con una mezcla de afecto y desprecio. Las damas de alcurnia y los señoritingos podían disfrazarse de majas y majos, como un "ir al pueblo" que no pasaba de la imitación distante y risueña, como surge de las pinturas de Goya. El "filosofismo" debía educar al pueblo ignorante, al "vulgo idiota" que decía Jovellanos, sacándolo de la "noche de ignorancia", mientras en sus escritos y en sus cartas aparece un intercambio entre iniciados y esclarecidos, con signos secretos de reconocimiento. Ese "todo por el pueblo, sin el pueblo" requería un fortísimo poder real, propicio a sus iniciativas. Un texto de la época -"Cartas al Conde de Lerena"- resume muy bien esta postura:


"Para el logro de las grandes cosas es necesario aprovecharnos hasta del fanatismo de los hombres. En nuestro populacho está tan válido aquello de que el rey es el señor absoluto de la vida, las haciendas y el honor, que el ponerlo en duda se tiene por una especie de sacrilegio, y he aquí el nervio principal de la reforma. Yo sé bien que el poder omnímodo del monarca expone la monarquía a los males más terribles, pero también conozco que los males envejecidos de la nuestra sólo pueden ser curados con el poder omnímodo".

Ernesto Laclau, el actual ideólogo del subpopulismo cristinista,  podría suscribir el párrafo. Los ilustrados, los esclarecidos, el grupo revolucionario, saben muy bien qué es lo que necesita el pueblo, al que hay que liberar de las fuerzas del oscurantismo y el retraso. Pero el pueblo sólo sirve como número electoral: sabe lo que quiere si no se le pregunta, pero no lo sabe si le preguntamos directamente. Al servicio del pueblo, sin el pueblo, ponemos el poder real y la sabiduría del grupo ilustrado.


Por otra parte, los monarcas ilustrados borbónicos, especialmente los que, como Carlos III, había pasado la experiencia napolitana, sabían hacerse amar, sabían ser "populares". El hijo de Carlos III, Ferdinando de Borbón, fue rey de Nápoles y de Sicilia: il re Nasone, il re Lazzarone, que se mezclaba con pescadores y mendigos, capaz de ganarles una competencia de remo o de competir en La N'Segna, un palo enjabonado metido en el puerto de Santa Lucía, donde todos, y el rey primero, terminaban cayendo al agua. Recordemos la "triple F": festa, la diversión, el fútbol para todos -y todas-; farina, el pan/pizza/pasta; forca, el espectáculo de la obra del verdugo en la plaza pública, que expresa el núcleo del poder -dar muerte legalmente-, que hoy más hipócritamente se expresa a través del linchamiento mediáticos y de los encarcelamientos ejemplares por aplicación del "derecho penal del enemigo". Roberto Aizcorbe, en "La Crisis Argentina", es quien mejor ha retratado este trasfondo del despotismo ilustrado, que ha dejado un sedimento de súbdito en el ciudadano, y su permanencia bicentenaria. Por esa ecúmene borbónica, que abarcaba América, España, el sur de Italia, las islas griegas, factorías africanas y en la India, circulaban franceses, como Jacques de Liniers, italianos, como los Castelli y los Belgrano, las principales comunidades -genoveses, napolitanos, catalanes, bearneses, griegos, la grey judía- que vendrían a reencontrarse en la inmigración argentina siglo y medio después. El poder omnímodo del monarca aquí se fracturaba en una serie de lealtades intermedias, verticales y horizontales, cada cual con su antiguo privilegio, su exención o derecho. Y una suerte de alianza del trono, la ilustración y el altar, con la religión que más que como dogma y martillo de herejes aparece como pompa y como rito. La plaza, un espacio cerrado dentro de otro espacio cerrado de la ciudad, era un foro que vivía en continuado las veinticuatro horas del día, bajo los edificios cívicos con su balcón destinado a la arenga. Allí se desenvolvían la música, los bailes, el reparto de la harina, la emoción del cadalso. Allí se hacían visibles los vaivenes del poder, el ascenso y caída de ministros y poderosos. En esta matriz latina de la vida institucional, el contacto del pueblo con sus gobernantes es bivalente: amor u odio. Quien manda debe seducir: el "saber" sólo no basta. Sin amor no hay "contacto", no pasa la corriente. En la matriz anglosajona el elemento básico es la utilidad. El político tiene que interesar al otro.

Chávez es casi una caricatura del déspota ilustrado, con antecedentes en su terruño, apenas muerto Bolívar,  en José Antonio  Páez  y los hermanos Judas Tadeo y José Gregorio  Monagas, alternativamente por sí o por sus criaturas (Maduro tiene precursores), Antonio Guzmán Blanco también con idas y vueltas de 1873 a 1888, la tiranía de Cipriano Castro a principios del siglo XX, y el desemboque en  Juan Vicente Gómez,  el que gobernó con mano dura desde 1908 hasta 1936, ese "dictador necesario en una república inestable" que llevó a Laureano Vallenilla Lanz a postular, con agudeza, el "gendarme necesario" bajo un "cesarismo democrático" como forma política básica continental. Estos hijos póstumos del “Tirano Banderas” de Valle Inclán, responden a lo que Spengler llamaba "seudomórfosis", expresión tomada de la mineralogía, donde se aplica a formas que adoptan apariencias ajenas. Formas, en general, sin contenido auténtico, pero con la apariencia de lo que intentan manifestar. Martínez Estrada hablaba de "sustitutos ortopédicos". Aquella matriz latina y borbónica resultó aplastada en el proceso histórico hispanoamericano, que tomó la forma aparente, la seudomórfosis, del Estado de Derecho liberal. Pero su fracaso, en el caso venezolano, reflejado en la corrupción del pacto bipartidista adeco-copeyano, el Pacto del Punto Fijo (1958, a la caída del dictador Marcos Pèrez Jiménez), llevó a Chávez al poder, como el déspota gárrulo y colorinche, más allá de todo sentido del ridículo, que siente, entiende y, en definitiva, es el pueblo. Todo en nombre de un Bolívar también él caricaturizado, ya que se lo cruza con Marx, el que en su entrada referida al venezolano en la New American Cyclopaedia lo calificó de cobarde, brutal y miserable canalla, además de enemigo de cualquier esfuerzo prolongado. Precisaba allí el Moro –el sobrenombre de Carlos Marx- que el deseo secreto de don Simón fue erigirse en el dictador de toda América del Sur, aunque tal designio se le escapó de las manos. Aunque, a diferencia del Libertador, el Comandante se sentó sobre una renta petrolera, la tercera o cuarta que derrocha Venezuela. En nombre de Bolívar y Marx, el finado Chávez  inauguró la fase superior del subdesarrollo político para el siglo XXI hispanoamericano.


Los líderes populistas asumen, pues, como monócratas, la íntegra representación del pueblo, en general a partir de una crisis de la ficción que encierra la representación política partidocrática como forma indirecta de "gobierno por el pueblo". La representación congresista o parlamentaria es lo no democrático de la democracia. La hiperrepresentación populista, que se presenta como su opuesto, lleva el elemento representativo a su punto extremo.

 

Se advierte cuál es el círculo vicioso hispanoamericano actual: democracias demoliberales, donde el pueblo “gobierna” bajo el engaño de la representación partidocrática (como el “puntofijismo venezolano hasta 1999), y populismos donde el pueblo “gobierna” bajo el engaño de la representación absoluta en la persona del líder.  En ambos casos,  ello ha sido posible por la desaparición del pueblo, entendido como cuerpo político formado por todos aquellos que no desempeñan magistraturas electivas, no ejercen funciones orgánicas de autoridad, los que no gobiernan[1].  Quienes lo integran pueden no ser prósperos, pero deben ser libres, como sus antepasados los politái griegos o los cives romanos. O los que los hermanos Reyes trajeron caminando desde Berisso y Ensenada un 17 de octubre de 1945. Hoy no existe el “pueblo”, ni siquiera la “masa”.  En el extremo del subjetivismo, los neoconstitucionalistas nos dicen que las sociedades civiles son un adunamiento de biografías, de proyectos individuales, de constelaciones singulares de deseos que se traducen en reivindicación de derechos. Existen “redes sociales” de contacto virtual, en la medida de coincidencia de intereses entre estos proyectos individuales, que deben maximizarse.  Y tenemos una explosión de minorías organizadas y demandantes: homosexuales, barras bravas, veganos, y toda una indefinida serie de particularidades más o menos estructuradas, entre las que se destaca el “partido único de los políticos”, los “sospechosos de siempre” que se turnan en los programas del ramo. A la seudo democracia liberal y a la seudo democracia populista se les ha perdido el pueblo y no saben dónde está.  Tampoco quieren saberlo, en verdad. Les basta con los agregados clientelistas que sucesivamente han ido componiendo, a costa de la pérdida de la libertad; en otras palabras, de la reducción a la esclavitud de una parte importante de la población, mediante el congelamiento en la marginalización y el mantenimiento mínimo con planes sociales de reparto, sin los cuales sucumbirían. Nuestras dirigencias políticas, los jueces de los tribunales supremos, las capas superiores empresariales, quizás  sin saberlo, comparten con el viejo Aristóteles la idea de que hay algunos que nacieron para obedecer. Y mantienen así a aquellos marginales, condenados a no poder salir de tal condición,  hasta el momento de arrearlos a las liturgias o a las votaciones. Con una ventaja suplementaria: al resto del pueblo, al que todavía puede considerarse libre, se lo atemoriza –en esta “posdemocracia” que nos ha tocado en suerte- con que, si no soporta las exacciones y demasías de las nomenklaturas y sus grupos favorecidos, se les soltará la bestia enjaulada: la plebe esclava que barrería con todo si no se le asegura su subsistencia. De hecho, para que se la tenga bien presente, esta amenaza se concreta continuamente a cuentagotas de delincuencia desorbitada, batallas campales en los estadios, piquetes de enmascarados que anuncian lo que podría pasar alguna Gran Noche, etc.

 

El populismo no es, pues, como aseguran las homilías del constitucionalismo y sus repetidores periodísticos subsidiarios, una degeneración de los buenos usos constitucionales. El populismo es la reacción anunciada ante los cadáveres exquisitos del constitucionalismo clásico: representación política como panacea; separación “geográfica” e inútil de “poderes”; poder constituyente confiado a un clero contramayoritario de juristas que operan como “guardianes de Platón” –cuando no son manipulados directamente desde los ejecutivos, como el Tribunal Constitucional venezolano. A esto el neoconstitucionalismo ha agregado el superderecho cosmopolítico global, la “gobernanza”, mando de expertos sin contaminación politiquera, desparramado por todo el planeta,  asegurado, si llega el caso, por fuerzas de intervención “humanitaria”. Allí aparece entonces  el líder populista y planta bandera. En ambos casos, el pueblo ausente, pero sufriente.   

Bajarse de este ciclo de caídas y recaídas requeriría una reinvención de la democracia, para hacerla realmente participativa de abajo hacia arriba y de la periferia local al nudo central de poder. Exigiría el hallazgo  de formas eficaces de oponer contrapoderes al poder. En lo inmediato, a través de formas negativas, impedientes, tribunicias al modo romano, plantearse cómo limitar y recortar el poder activo, que tiende a ser omímodo y vitalicio, del cabecilla populista. No es con la separación "geográfica" de poderes, que nunca funcionó entre nosotros, ni ha podido expresarse en un mecanismo continuado de pesos y contrapesos; ni con el recurso a los "guardianes platónicos" en que se convierten los jueces constitucionales. Liquidados por sus extravíos los contrapoderes tradicionales -fuerzas armadas, Iglesia-. pulverizada la mediación de los partidos políticos, sólo aparecen entre nosotros las grandes movilizaciones como obstáculos efímeros, pero que apuntan a una participación que no encuentra otros canales expresivos.  Todo ello sostenido por una renovación de raíz de los conceptos jurídico-políticos repetidos como mantras inútiles, que conduzca a un posconstitucionalismo superador de las viejas recetas de un derecho de matriz subjetivista y contractualista.

Chávez no innovó en esta materia con sus consignas de la “revolución” y del “socialismo del siglo XXI”: dar vuelta como un guante el sistema clientelístico y prebendario a partir de PDVSA, incorporando a los que estaban afuera y expulsando a los que estaban adentro, mientras se le venden a míster Danger –el aliado de aquella doña Bárbara que ayer pudo llamarse Carlos Andrés Pérez y hasta el 5 de marzo Hugo Chávez Frías- un millón de barriles diarios de petróleo, difícilmente pase el examen de las materias “revolución” y “socialismo” según la cartilla de Marta Harnecker[2].  Liquidar una renta petrolera, los “veneros del diablo”[3], no es una novedad “revolucionaria” en Venezuela. Arturo Uslar Pietri, ese fino intelectual venezolano, alertó a su país  sobre la necesidad de “sembrar el petróleo”. Fue en un artículo publicado el 14 de julio de 1936, y fustigaba así a los que querían “llegar a hacer de Venezuela un país improductivo y ocioso, un inmenso parásito del petróleo, nadando en una abundancia momentánea y corruptora y abocado a una catástrofe inminente e inevitable”.

Sobre los miñangos a que había quedado reducido el pacto partidocrático del Punto Fijo, primero, y por la disparada del precio internacional  del petróleo, después,  Chávez levantó su tinglado “revolucionario”.  Fabricó diestramente un mito sobre el mito ya existente de Bolívar. Lo descubrió antipitiyanqui, cuando el Libertador lo fue por su reverencia hacia Inglaterra, la que debía mantener siempre “el fiel de la balanza”. Contaba con los casacas rojas no sólo como poder protector sino, incluso, como tropa invasora de los EE. UU. de  Norteamérica, coloso naciente que estaba en el centro de sus preocupaciones.

Bolívar, por cierto, era un hombre genial pero un padrecito algo inmaduro, que debió hacerlo todo a los apurones, perdiendo la mayor parte de su tiempo en luchar contra su propia gente y –además- contra aquella molesta “pardocracia” que veía dibujarse en el porvenir continental[4].  En Angostura, hacia 1819, propone para la Gran Colombia una constitución que conjuntaba la presidencia vitalicia (tomada de Haití), el Senado hereditario (tomado de Sieyès) y el poder moral (tomado del censor de la Roma republicana), además de una articulación unitaria del poder territorial. Años más tarde, cuando los rivadavianos le regalaron el Alto Perú, le dio a ese rompecabezas, que llamaron en su honor Bolivia, una constitución con un presidente vitalicio, acompañado de un vicepresidente, nombrado por él, que será su sucesor  (he aquí, más allá de los molestos impedimentos del texto actual bolivariano, la fuente de la unción de Maduro). Intentaba, con este modelo de gobierno monocrático y –diríamos hoy- “reaccionario”[5], conjurar el fantasma que horrorizó a toda la primera generación independiente: la anarquía.

Chávez apoyó económicamente a Lula da Silva en 2002 para su llegada a la presidencia al año siguiente. Del mismo modo –aunque no siempre gratis data-  derivó fondos en recordadas valijas al  kirchnocristinismo.  Suministra casi cien mil barriles diarios de petróleo a los Castro en Cuba –a cambio de un flujo de médicos y pedagogos cubanos, tropa ideológica disfrazada. Se sirvió de las FARC como longa manus en Colombia y maniobró parecidamente en Paraguay. Puso el hombro a López Obrador en México.  Ya se olvidó que Chávez era muy amigo del “Chino” Fujimori y que denunció en su caída la mano negra del imperialismo. De algún modo –y por cierto no es el único en la región- intervino en el negocio de la droga, la supervisión de cuyo manejo no sería justo que quedase en las mallas imperialistas de la DEA.  Digámoslo sin tapujos: estas maniobras no son pecados exclusivamente chavistas; resultan recursos “normales” en la guerra oculta de este tiempo,  ardides de los que ningún estado que quiera intervenir en el gran tablero mundial puede prescindir. Lo curioso, en el caso de Chávez, es que tales maniobras no le han dado mayor poder a la Venezuela bolivariana en aquel juego. El reino chavista depende políticamente de las directivas de la inteligencia cubana. Más arriba de Bolívar y su espada replicada está el habano de Fidel Castro, aun en su estadio senil actual, que permanece como el gran político hispanoamericano del siglo XX, perpetuándose por falta de relevo en el XXI, siempre queriendo escapar  a la estrechez de su estuche isleño, una especia de ogro en una caja de zapatos, el monstruo de Loch Ness en una pecera. Y sentado al tablero del gran juego, Brasil, por su parte, mueve sus fichas sabiendo que Venezuela ha reconocido su liderazgo continental, trocado el ALBA tan poetizado por el MERCOSUR amputado de Paraguay y, en definitiva, aceptado allí su tutela colosal.

En la mesa de juego de la mundialización política y la globalización técnica sólo hay lugar para los grandes espacios. Aunque Chávez encaró para el lado erróneo, acertó en que nuestro continente debe participar, con la conciencia de sus limitaciones, en aquel gran juego, si no quiere simplemente ser arrastrado por el ventarrón de los acontecimientos.  Desde el Brasil, a través del Foro de San Pablo, se difunde por nuestra ecúmene una versión más o menos puesta al día de la “revolución” y del “socialismo”, para uso del resto. Cuba, que de ambas nociones y de su fracaso sabe demasiado, acompaña a su modo esta deriva, que favorece la continuidad del actual régimen. Los presidentes y personalidades de la región, rindiendo guardia de honor al féretro del paracaidista de la Sabaneta, de algún modo reconocían que, bajo discursos quizás más velados o menos estridentes, el mascarón de proa de la “revolución” y el “socialismo del siglo XXI” es más vistoso que otras formulaciones.  Se ha constituido en nuestra ecúmene una especie de sindicato de presidentes que, fuera de “controles” legislativos o de “soberanías jurídicas” de tribunales constitucionales, vela por la permanencia  sin sobresaltos de los titulares de los ejecutivos (casos testigo: Honduras y Paraguay). En buena parte, esto se debe al discurso amplificado del Comandante que se nos ha ido al otro barrio. Quizás, por esas astucias de la razón, resulta que este éxito no juega a favor de Venezuela, sino de una isla y de un país continental. Sic vos non vobis mellificates apis: así, abejas chavistas,  no hacéis la miel para vosotras, en traducción puesta aquí y ahora de Virgilio. 

¿Y el loro del título? podría preguntar alguien a esta altura. Pues aquí está: 



El loro, que en la India es el pájaro simbólico que sirve de cabalgadura al dios del amor, y que en Occidente fue considerado largo tiempo como un ave maravillosa, disputándole al búho el emblema del conocimiento,  fue tomado por Chávez como su animal totémico –nada extraño en un país tropical.  En la página oficial del chavismo –www.chavez.org.ve – Carola, hija del fallecido, posteó en septiembre pasado una “Serenata con Loro” que muestra la afección que aquél tenía por el ave habladora.  En el loro –con su correspondiente boina roja- está la novedad del chavismo: una personalidad arrolladora, una verba oceánica, un capacidad de perforar los techos del ridículo, cualidades todas preciosas en un líder político.  Chávez, indudablemente, les transmitió un orgullo hablador a los miles y miles de seguidores que sacó de la exclusión previa; y cosechó y alimentó un repudio semejante en los que derribó a una exclusión de signo contrario. Fue más allá de las fronteras de su patria y creó un nuevo ídolo para los mochileros altermundistas  europeos, ya un poco cansados del gadget del Che y olvidados del subcomandante Marcos.  ¿Alcanza con eso? ¿Alcanza con proyectar a los  los EE. UU. de Norteamérica  como la “sombra” jungiana, la imagen obscura y densa que impide nuestra realización colectiva, con efectos paralizantes y deletéreos?


 Hasta ahora, criticando a los EE.UU. porque no nos prestan atención, para luego denostar a los gringos porque se ocupan de nosotros demasiado, o imputando a la invasión europea de 1492 el origen de nuestros males presentes, los latinoamericanos hemos vivido, en general, como el puer aeternus, el eterno muchacho. Somos los perpetuos adolescentes, aun en la edad madura; siempre nuestra vida resulta provisional, porque falta algo, o alguien impide, que nos incorporemos al mundo real. La revolución, con su cortejo de sangre y su séquito de miseria, fue uno de los tantos recursos del pibe eterno para eludir la historia de todos los días. Las bravatas con las que solemos acusar a los poderes forasteros como causantes exclusivos de nuestros males, deberían ser matizados con un examen de conciencia a través del cual no tendremos otro remedio que advertir nuestra inmensa inmadurez.

Algún día, no lejano quizás, nos elevaremos del puer al vir. La historia nos pondrá entonces otras cuestiones sobre el tapete, graves y no tan fútiles como estas por las cuales amenazamos matar y  matarnos. Mientras tanto, esperemos que el puer, ahora que se nos ha ido una de sus grandes personificaciones,  deje de ser por demás pueril.



[1] ) “Pueblo son, en una significación especial de la palabra, todos los que no son señalados o distinguidos, todos los que no son privilegiados, todos los que no se  destacan por razón de propiedad, posición social o educación” (Carl Schmitt)
[2] )  Fue asesora de Chávez hasta el 2006
[3] )  Referencia al  gran poeta mexicano, López Velarde, que escribió que a su país "el niño Dios le escrituró un establo/y los veneros de petróleo el diablo". El petróleo tiene algo de endiablado y suele alucinar a los disfrutadores de su renta
[4] ) “Pardocracia”, vocablo discriminatorio cuya autoría pertenece en exclusiva al Libertador, que habría de tener en nuestro tiempo descendencia tan remota como impensable para los emancipadores.
[5] ) “Republicano, aristocrático, autoritario y antidemocrático”, lo resume Marius André, “Bolivar et la Démocratie”. Paris, 1924, p. 215

domingo, marzo 03, 2013

NUEVAS QUIMERAS: "EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS"




Conocíamos los experimentos resultantes de transferir material genético de humanos a animales. Se obtienen transfiriendo el núcleo de una célula humana a un óvulo de un animal, al que previamente se le ha extraído su núcleo, es decir, su contenido genético. El embrión híbrido surgido de esta práctica tendría aproximadamente un 99% de material genético de la persona humana que ha “donado”  la célula y un 1% del material genético del óvulo, el correspondiente al ADN mitocondrial. A estos híbridos se los denomina “quimeras”. También se puede producir una quimera a partir de una célula procedente de un embrión animal que se transfiere a un embrión humano. En este caso, el embrión quimérico resultante tiene una mezcla del ADN del animal y del individuo humano.  En el artículo que sigue se informa sobre transferencias nucleares entre embriones humanos, de la cual han resultado personas, en algún modo “quiméricas”, con un ADN perteneciente a tres “progenitores”: dos mujeres y un hombre. La autora señala, además, el camino que conduce de estos experimentos a la clonación humana.  

 

“IL FOGLIO”

 

1º de  marzo de 2013

Hijos en probeta de tres progenitores

 

El 9 de mayo de 2002, una comisión de la FDA (Food and Drug Administration),  hizo público  un hecho extraordinario: entre 1998 y 2002, en tres clínicas de los EE.UU. nacieron, por fecundación asistida, más de veintitrés criaturas con un ADN perteneciente a tres personas, dos mujeres y un hombre. Por primera vez en la historia de la humanidad había sido manipulada la línea germinal –esto es, los gametos- de algunos seres humanos mediante un proceso llamado “transferencia ooplasmática”, que permite transferir ese singularísimo ADN a las generaciones futuras, contrariamente a lo establecido en las más importantes convenciones internacionales, como la de Oviedo de 1997, sobre el genoma y la biomedicina, adoptada por la UNESCO. Luego, tomando en consideración el número elevado de malformaciones verificadas en los así nacidos, y la falta de estudios sobre animales y de datos preclínicos puestos a disposición, la FDA decidió bloquear aquellos procedimientos. La noticia habría debido producir un estupor cuando menos semejante al que dio lugar el nacimiento de la oveja Dolly por clonación, teniendo en cuenta la indiferencia y  despreocupación sobre un experimento aplicado a la procreación de seres humanos, efectuado a pesar de la  carencia de estudios previos suficientes, y de las escasas certezas sobre los efectos en la salud de los niños luego de esas manipulaciones. Una superficialidad y un cinismo para nada nuevos, sin embargo, en el ámbito de la fecundación asistida, pero no por ello menos chocantes. Pero no obstante el alcance del experimento y las inaceptables modalidades con las que fue  conducido, el entero asunto resultó  tan sólo de conocimiento de algunos especialistas en la materia. Se encuentra citado, por ejemplo, en nota a una opinión del Comité Nacional italiano sobre bioética referida a quimeras e híbridos, con relación a un acta de una reunión de la HFEA (Human Fertilisation and Embriology Authority), la autoridad inglesa sobre fecundación asistida y embriología[1].  No se sabe cuál es la situación actual de estos niños con un ADN único en el mundo, proveniente de tres progenitores. Las modificaciones genéticas podrían haber tenido efecto en estos años, o podrían tenerlo en los sucesivos o, quizás, en sus descendientes, o talvez nunca: al día de hoy, la literatura científica parece haber perdido el rastro de estas personas. Pero el intento de procrear seres humanos con ADN de tres personas nunca ha sido dejado de lado en los laboratorios. La atención de los estudiosos sobre el punto no ha decaído y, más bien, ha crecido con el tiempo, hasta el punto que el año pasado la HFEA lanzó en Gran Bretaña una consulta pública sobre el tema, para informar a la opinión pública acerca de la posibilidad de admitir ese tipo de prácticas en las clínicas inglesas y verificar la aceptación de tales procedimientos, con vistas a tornarlos lícitos.

El procedimiento fue presentado bajo la habitual clave terapéutica, esto es, como una terapia genética innovadora de las líneas germinales, con la finalidad de prevenir enfermedades hereditarias: “Medical Frontiers Debating Mitochondrial Replacement”, es el título que aparece en el sitio de la HFEA, en el apartado correspondiente a este tema[2]. Que luego puedan nacer niños con el ADN de tres personas diversas, es al fin y al cabo una consecuencia secundaria a la que se le otorga escaso relieve, al menos por la parte institucional. La consulta fue clasurada el pasado mes de diciembre y los resultados están en curso de publicación. De octubre a diciembre del año pasado, la muy importante revista científica británica “Nature” publicó dos artículos sobre la cuestión. En el primero, dos investigadores de Oregon anunciaron haber logrado producir líneas estaminales embrionarias humanas, fecundando ovocitos genéticamente modificados en laboratorio: los embriones así obtenidos presentan un ADN totalizado, que reconduce a tres personas –dos mujeres y un hombre- aunque obtenidos con una técnica distinta respecto a la aplicada en los EE.UU. diez años atrás. Los investigadores señalan que más de la mitad de los embriones humanos producidos presentaron anomalías, en mayor proporción que en los mismos experimentos realizados anteriormente, por el mismo equipo sobre monos.   

Dos meses más tarde, en un segundo artículo, un equiopo de científicos del New York Steam Cell Foundation Laboratory del Columbia University Medical Center mostraron una técnica aún más sofisticada que la precedente, que permite la producción de ovocitos modificados aparentemente sin anomalías. La noticia fue recogida por los media más importantes –desde  “The Economist” al “Wall Street Journal”- que repitieron el mantra de los nuevos descubrimientos para prevenir enfermedades hereditarias, sorteando casi siempre el aspecto del “particular” patrimonio genético de los así concebidos. El guión es siempre el mismo: en nombre de hipotéticas terapias para patologías actualmente incurables, se busca volver aceptable para la opinión pública, y autorizable del punto de vista jurìdico, cualquier experimentación técnicamente realizable sobre seres humanos, en el intento de rediseñar sus bases fundamentales.  El objetivo presunto, en este caso, es impedir la transmisión de algunas enfermedades hereditarias, originadas en anomalías del ADN mitocondrial; el medio escogido es la modificación de las líneas germinales humanas y la creación de seres humanos on un ADN inexistente en la naturaleza, proveniente de tres personas. Pero la verdadera finalidad es la ensayar la omnipotencia de la tecnociencia, a cualquier precio.  

El principal autor de la primera investigación publicada en “Nature”, la de mayor eco, es Shoukhrat Mitalipov, uno de los investigadores que, en la misma publicación, en noviembre de 2007, explicaba haber logrado producir líneas celulares estaminales embrionales clonadas de monos con la misma técnica con la que se había hecho nacer la oveja Dolly. Esta habría sido la demostración de que tal modalidad de clonación funcionaba en seres vivientes complejos como los primates y, por lo tanto, en el futuro, en seres humanos. En el texto del artículo, observando los datos proporcionados, el experimento se revelaba claramente fallido. Infortunadamente para el autor, por ese tiempo el científico japonés Shinya Yamanaka publicó su trabajo decisivo sobre  IPS –estaminales pluripotentes inducidas- que clausuraba aquel filón de investigaciones sobre la clonación, que prometía a sus autores abrirles el camino al Nobel.

Sin embargo, la manipulación genética de la que estamos hablando, presentada como prevención de las anomalías del ADN mitocondrial, más allá del problema del ADN innatural y de la modificación hereditaria de las líneas germinales, intenta hacer entrar por la ventana lo que había salido por la puerta; esto es, plantea el problema de la clonación humana, en términos aún más graves que aquellos en que se colocara en tiempos del nacimiento de la oveja Dolly. Para comprender mejor, debemos entrar en el mérito de las técnicas utilizadas. Un gameto femenino, esto es, un ovocito, es una célula que tiene el 99,99% de su patrimonio genético en el ADN del núcleo, y el 0,1% fuera del núcleo, en los mitocondrios, que se heredan sólo por línea materna, a través, precisamente, de los ovocitos, poorque los mitocondrios presentes en el esperma se destruyen inmediatamente después de la fecundación, y no se transmiten a la descendencia..

La primera técnica utilizada para eliminar los mitocondrios portadores de anomalías genéticas era la transferencia ooplasmatica: después de la manipulación en laboratorio el ovocito tenía mitocondrios “sanos” junto a aquellos “anómalos”, con el ADN total proveniente de dos mujeres. Abandonada esta estrategia a partir de las fallas y del pronunciamiento negativo de la FDA, las técnicas actualmente posibles son tres, todas ellas basadas en la transferencia nuclear, en analogìa con la clonación de la que nació Dolly.

La primera, propuesta en el artículo de “Nature”, consiste otra vez en una manipulación de los ovocitos, con una variante respecto de la precedente: los mitocondrios anómalos de una mujer son sustituidos con los sanos de otra mujer. Es una suerte de “donación” heteróloga en la que la “donante” cede sólo una parte de sus ovocitos a una mujer que los tiene genéticament defectuosos. El ADN defectuoso queda así eliminado y el sano, de la “donante”, no contribuye a los rasgos somáticos del niño que eventualmente habrá de nacer. Un procedimiento que, eventualmente, puede ser utilizado también para “rejuvenecer” los ovocitos de una mujer biológicamente anciana. Con la fecundación in vitro del ovocito modificado, el embrión resultante tendrá también la contribución genética del varón y, por lo tanto, de tres personas en conjunto, entre las que una “madre biológica parcial”. Que ha contribuido con una parte de los ovocitos: los mitocondrios.


El segundo procedimiento posible prevé, en cambio, la sustitución de los mitocondrios enfermos con los sanos por una transferencia nuclear entre zigotos, es decir, embriones en el primer estadio de desarrollo, el monocelular: en sustancia, se manipulan dos embriones para formar un tercero, que puede ser implantado en el útero y dar lugar a un embarazo. En este caso también el nascituro de un embrión así obtenido tendría un patrimonio genético reconducible al menos a tres personas: el ADN nuclear que pertenece a la pareja portadora de las anomalías mitocondriales, que busca tener un hijo sano. Los mitocondrios pertenecen a la mujer que ha puesto a disposición el embrión sano, genèticamente ligado a ella.

En la Universidad de Newcastle  se han realizado experimentos de este tipo, utilizando embriones provenientes de fecundaciones extracorpóreas pero no implantados en úteros por sus anomalías. El  Nuffield Council – un importante comité ético inglés – en un informe sobre el tema, da cuenta de noticias de que en China cinco embriones así modificados fueron implantados en úteros, produciéndose luego otros tantos abortos,  voluntarios en algunos casos y espontáneos en otros. En teoría, se ha planteado si estas maniobras podrían considerarse una clonación, y la respuesta ha sido mayoritariamnete negativa, porque no se ha duplicado ningún individuo ni ningún embrión. Hay quien la considera una clonación vinculada a la destrucción del embrión clonado.

Distinta es la tercera posibilidad, planteada hasta ahora sólo en el terreno hipotético. Sería sustancialmente una clonación múltiple: un embrión con anomalías mitocondriales sería disgregado en sus células individuales, los blastómeros, de los que extraen los núcleos, que son trasplantados a los ovocitos de una segunda mujer, precedentemente enucleados, con mitocondrios sanos. El resultado es una serie de embriones todos ellos iguales entre sí, en el ADN nuclear, tantos como hayan sido los ovocitos enucleados. Es una pura y simple clonación rerpoductiva, donde no se trata de obtener una copia idéntica de un ser viviente adulto (como en el caso de la oveja Dolly) sino de formar embriones idénticos entre sí, clonando un embrión inicial.

 
Aún con una descripción sumaria como la que viene de hacerse, pueden extraerse algunas conclusiones. La primera es que la complejidad adquirida por las nuevas tecnologías exige siempre entrar en el mérito cientìfico de los diversoso experimentos para uan evaluación adecuada. La segunda, es que ya existen en el mundo personas con  un patrimonio genético modificado, obtenido en experimentos que requerirían un rechazo absoluto, ante todo de la comunidad científica y médica, por el modo con que han sido conducidos. De esas personas sería importante conocer su estado de salud. Por otra parte, se hace evidente de modo palmario la extrema vulnerabilidad de tantas parejas que acuden a las técnicas de fecundación asistida, y la dificultad, de parte de quienes tiene la competencia y el deber de monitorear lo que con esas técnicas está sucediendo-. La  última conclusión es que una vez más se recubre, con la excusa de nuevas terapias, el intento de rediseñar en laboratorio seres humanos, manipulándolos desde los primerísimos instantes de su existencia, casi siempre sin advertir los riesgos y consecuencias de tales manipulaciones. .

Assuntina Morresi[3]

 

Traducción de Luis María Bandieri



[1] ) El único país que cuenta con una legislación específica que autoriza la creación de híbridos entre humano y animal, es la Gran Bretaña (n. del t.)
[2] ) Ver en www.hfea.gov.uk en el listado de “Press releases 2012”, con fecha 17/09/12 (n. del t,)
[3] ) La autora, que vive en Perugia, es profesora asociada de Físico-Química y miembro del Comité Nacional italiano de Bioética, así como colaboradora habitual de diversos periódicos peninsulares.

jueves, febrero 28, 2013

Artículo de Lanata en "Perfil" del 19 de Noviembre de 2006
 


 
 
Columnistas

OPINIÓN

Tócala de nuevo, Nisman

La causa AMIA suma hoy 113.600 fojas. Son 568 expedientes de doscientas fojas cada uno, a los que deben sumarse 400 legajos de “Investigación”, 1.000 paquetes de siete a ocho legajos, cada uno con intervenciones telefónicas, y 1.500 carpetas con información de la SIDE.

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Por jorge lanata | 19.11.2006 | 07:21



La causa AMIA suma hoy 113.600 fojas. Son 568 expedientes de doscientas fojas cada uno, a los que deben sumarse 400 legajos de “Investigación”, 1.000 paquetes de siete a ocho legajos, cada uno con intervenciones telefónicas, y 1.500 carpetas con información de la SIDE. En esas 113.600 fojas, 568 expedientes, 400 legajos, 1.000 paquetes y 1.500 carpetas no hay nada. Si nos dedicáramos a hacer un tótem judicial con esa cantidad absurda de papel, podríamos llenar varios cuartos en una casa. Varios cuartos llenos de nada.

En verdad, y para ser exactos, no se trata de Nada Absoluta: hay operaciones de los servicios e inteligencia, de la Policía, de gobiernos extranjeros, estupidez de jueces y fiscales, corrupción, gestos miserables y después nada. La misma nada presente en las ochocientas y una páginas del dictamen del fiscal Nisman, nada ratificada por el juez federal Canicoba Corral.

Pero la Nada, como nos enseñó Michael Ende en La historia interminable, no es neutral. En la pelea de Bastian y Atreyu la Nada es una especie de representación de todos los pensamientos oscuros del hombre, que destruyen su deseo de soñar. “Todos los personajes de Fantasía que caen dentro de la Nada se convierten en mentiras al pasar al mundo real”, escribe Ende. La negra y viscosa Nada de la AMIA sepulta en la injusticia y el olvido la muerte de ochenta y cinco personas.

El fiscal Alberto Nisman tiene serios problemas de memoria; hace algunos días volvió a repetir lo mismo que el año pasado: anunció avances en la investigación presentando sólo información vieja. El año pasado lo hizo con el espectacular descubrimiento del conductor suicida Ibrahim Berro, quien luego se convirtió en radicheta. Este año repitió su modus operandi solicitando la captura de ocho iraníes por los que él mismo había pedido en 2003, y sin aportar un solo nuevo dato. El 21 de febrero de 2003 el fiscal detective Nisman solicitó junto al ahora ex fiscal José Barbaccia al destituido juez Juan José Galeano la captura de 22 iraníes basándose en información aportada a la causa por el espía Jaime Stiusso. Vale la pena recordar que Barbaccia renunció luego de haber sido apartado de la causa en la que se le reprochan, entre varias
irregularidades, el haber practicado filmaciones ilegales en la fiscalía a su cargo, haber filtrado información a la prensa en su viaje a Alemania en diciembre de 2003, cuando recibió la declaración del Testigo “C”, Abolga-shem Mesbahi, disidente del régimen iraní, tergiversando el contenido de su declaración, y haber sido expulsado de la audiencia por el juez alemán, circunstancia que originó una cuestión diplomática que no registra antecedentes en las relaciones exteriores de nuestro país. Hoy Barbaccia apeló su procesamiento dictado por el juez Lijo por haberle ofrecido al mecánico Claudio Cotoras la suma de 100.000 dólares a cambio de imputar a Carlos Telleldín y a Juan José Ribelli en el atentado y por el delito de falso testimonio agravado, ya que afirmó, bajo juramento, desconocer el pago de 400.000 dólares efectuados a Carlos Telleldín.

Nisman debería mejorar su círculo íntimo. Lo curioso del pedido de los 22 iraníes es que estos ocho, que se suponen nuevos, se encontraban en la primera lista de 2003. Nisman pidió entonces –y Galeano concedió– la detención de Hadi Soleimanpour, ex embajador de Irán en Argentina entre los meses de junio de 1991 y agosto de 1994. Soleimanpour fue detenido en Durham, Reino Unido, pero según una nota, fechada el 12 de noviembre del mismo año, el secretario de Estado del Ministerio del Interior inglés decidió dejarlo en libertad por falta de pruebas,“no librar una orden para proceder contra Soleimanpour” y hacer cesar la orden de arresto preventivo pedida por Nisman sobre la base de que “el voluminoso material que conforma el pedido de extradición formulado por Argentina no cumple, prima facie, con los requisitos probatorios exigidos por el Reino Unido” (nota de fojas 916, con traducción a fs. 927/929 del “Incidente de extradición de Hadi Soleimanpour”). La fiebre de detención de Nisman aquel 2003 era imparable: el 16 de mayo, junto a Barbaccia y Eamon Mullen (el otro ex fiscal acusado de irregularidades en la causa), reiteró a Galeano el pedido de captura de los 22 anteriores y agregó otros seis iraníes. Galeano siguió firmando. Hasta que Interpol volvió hacia atrás con los pedidos insistiendo en la poca seriedad de la investigación y agregó un detalle conmovedor: uno de los buscados estaba muerto (lo que hubiera, de hecho, facilitado su captura).Cuando Galeano fue apartado de la causa por el Tribunal Oral, el nuevo juez, Canicoba Corral, insistió con los pedidos de captura de los iraníes: una asamblea de Interpol los rechazó por 91 votos contra 9 a favor. La asamblea le dijo entonces a Canicoba: “El Comité Ejecutivo nota, en particular, que las órdenes de detención fueron firmadas por un magistrado cuya intervención en el caso fue declarada irregular por las autoridades argentinas competentes”.El jefe de la Oficina Jurídica de Interpol fue todavía más claro: “Unicamente nuevas órdenes de detención firmadas por un juez diferente y basadas en un examen de la prueba que respalde los cargos podría justificar el restablecimiento de las difusiones rojas”. “Difusiones rojas” es, en el argot de los organismos de seguridad internacionales, “la búsqueda de los sospechosos”. Interpol fue aún más alllá: “Hasta tanto ello ocurra, rige el cese de búsqueda de los sospechosos iraníes dispuesto por la Secretaría General del organismo” (fojas 118.958 de la causa). La sucesión numérica de Nisman sugiere, sin embargo, algunas preguntas básicas: ¿por qué primero eran 22, luego 12 y ahora 8? ¿En cuál de los tres pedidos se equivocó? ¿O se equivocó en los tres? Nunca, en ninguna de las cientos de miles de fojas, el detective Nisman nos anuncia pruebas nuevas que desincriminen a algunos de los 22, o de los 12, o de los 8, o que los incriminen aún más. Perdón: sí hubo un cambio; a fojas 479 Nisman dice que, en el papelón Soleimanpour, “un nuevo análisis de las pruebas obrantes en la causa nos lleva a concluir que no revisten entidad suficiente como para dictar una medida de coerción en su contra”. Es la versión larga para decir que metió la pata. Bien podría costarle un juicio político, pero parece que la Argentina da para todo.
Lo que no ha ido en descenso, sino más bien todo lo contrario, es la propensión del detective Nisman a la prosa judicial: hay que tener muchas ganas de escribir para tapar la Nada con ochocientas una páginas. Ganas o ser Martín Caparrós, quien ya ha impuesto un estilo de vida con sus brillantes textos largos. Nisman tiene a quien admirar. Lo curioso de la acusación fiscal es, además de su extensión, su diversidad: desde la página 42 hasta la 102 Nisman nos explica la historia del terrorismo en el mundo, citando bibliografía muy diversa. Sólo una cita suena un poco lamentable: la atribuida al libro Cien palabras para explicar el islam, de Soulemane Bachir Diagne, Barcelona. Le faltó incluir Mahoma explicado a los niños.


DICEN QUE DICEN
A fojas 258 de su dictamen Nisman transcribe el corazón de su investigación, su punta del ovillo: “La elección de este atentado –dice– se realizó en una reunión de seguridad máxima del Estado, bajo la presidencia de Rafsanshani el sábado 14 de agosto de 1993. En esa reunión estaban presentes los profesionales militares y miembros fijos de la alta seguridad” (traducción de la información aportada por los disidentes iraníes a fs. 65/70 del legajo 209).

La única prueba de esta reunión son dichos de oídas de terceros. No hay ningún testigo de haber visto u oído directamente algo, por ejemplo:
- A fojas 256 Abolhassan Bani Sadr, ex presidente del Sha, líder de la oposición y director de un diario opositor en el exilio, dice: “Si Irán está por detrás, la decisión la debió tomar el Consejo”.
- Alí Reza Ahmadi, ex integrante del Servicio Exterior del Sha, dice que “sabe que la decisión se tomó en esa reunión”. Nunca explica por qué ni quién le dijo.(fs 256).
- Reza Zakeri Kouchaksaree, presidente de la Resistencia Iraní, dice que “sabe que la decisión se tomó en esa reunión”. Idem anterior.
- Hadi Roshanravani, consejero de la Resistencia Iraní en el exilio, dice que “se enteró por medio de fuentes de los mujaidines en Irán que el atentado fue decidido por las más altas autoridades” (fs. 190).
- Meshabi “C”, disidente y desertor iraní: “La decisión se tomó en el’93 y estuvo Rabbani” (fs. 256 y 259). “Conozco y obtuve toda la información del atentado a la AMIA de los responsables del servicio de inteligencia de Irán.”

Nisman, con estos testimonios, da por probada la reunión. Y Canicoba Corral los cree verosímiles.
Entonces, avanza otro paso: “Según la Secretaría de Inteligencia, Rabbani partió con destino a Irán el 18 de junio de 1993 y regresó el 29 de octubre de ese año (fs. 552). “No parece arriesgado –dice Nisman– concluir que fue a participar de esta reunión.”
Esa es toda la prueba que las ochocientas (y una) páginas de Nisman ratificadas por Canicoba tienen contra Irán. El resto –como gran parte de esto– son informaciones de inteligencia, informes entregados por SIDE, CIA y Mossad que no figuran como tales en el expediente sino como información propia de la supuesta investigación argentina.
Dice en la acusación otro arrepentido: “Más del ochenta por ciento de las operaciones terroristas que han tenido lugar en el mundo entero han sido realizadas directa o indirectamente por Irán”. Y el fiscal toma esas afirmaciones como prueba.
—Aplaudimos al sistema judicial de la Argentina –dijo la Casa Blanca al conocerse la decisión de Canicoba Corral.
—Aplaudimos la búsqueda tenaz de la Justicia –dijo el portavoz Tony Snow–contra los autores del atentado. Llamamos a todos los gobiernos a apoyar al gobierno argentino.
Irán tiene petróleo y gas, y se anima a montar un reactor nuclear sin pedir permiso. Y de Irán a Irak cambia una sola letra.


UNA VIEJA HISTORIA

La historia de involucrar a Irán en el atentado contra la AMIA no es nueva: a fojas 7213 del Cuerpo 36 se informa que una de las agendas de Telleldín apareció recortada y que apareció también, en la casa del entonces sospechoso (ahora liberado por el Tribunal Oral), “un papel”que decía “Embajada Islámica de Irán”. Telleldín tuvo que escribir unas veinte veces aquello de “Embajada Islámica de Irán” y fue sometido a una pericia caligráfica (como si el hecho de portar esas palabras en un papel configurara un delito). A fojas 26.988 se observa que los peritos Picasso, Giménez, Noguera, Comba y Anzorena “no encontraron similitudes entre la letra del papel y la de Telleldín”.

El recorte llegó a la agenda de Telleldín “plantado” y quizá provenga del mismo jardín en el que se plantó el motor de la Trafic, como veremos más adelante. La insistencia de Estados Unidos e Israel en involucrar a Irán en el atentado no es ideológica sino estratégica: nadie en su sano juicio podría defender a Irán, con un presidente proclive a las declaraciones nazis y serias violaciones a los derechos humanos en el interior del país, pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, con perdón de la tautología.
Si, como todo indica, el atentado llegó de Siria, la estrategia de involucrar a Irán se vuelve mucho más clara:

- Desde la Guerra del Golfo el régimen de Damasco es aliado de Estados Unidos contra Irak.
- Siria e Israel disputan parte de los territorios ocupados (las Alturas del Golán), y culparlos de la AMIA agregaría otra piedra en un camino lleno de obstáculos para esa relación cada vez más tensa en la frontera norte de Israel.

La investigación de la AMIA está montada sobre pies de barro: uno de ellos, quizás el más significativo, es la supuesta existencia del coche bomba al que sólo una testigo vio. María Nicolasa Romero, enfermera de la Policía, declaró en la causa que esa mañana fue sorprendida por la explosión junto a su hijo y su hermana, mientras se dirigían a un jardín de infantes vecino.“Mientras caminaban por la vereda impar de Pasteur al 600 (N del A: la misma de la AMIA), el niño se soltó de su mano y comenzó a correr, por lo que ella y su hermana debieron apurar el paso hasta darle alcance en la esquina de Pasteur y Tucumán; que al descender de la calzada para iniciar el cruce los tres se vieron obligados a retomar la vereda para evitar ser atropellados por una camioneta color beige que lentamente circulaba por Tucumán y, para tomar Pasteur, giró hacia su derecha en forma cerrada”. En ese segundo, quizá segundo y medio, Nicolasa pudo proteger a su hijo, volver a subir el cordón, ver el rostro del conductor y advertir que poseía rasgos árabes. Si el cargo de director de la CIA estuviera vacante, Nicolasa debería ocuparlo. Su hermana, a fojas 165 del expediente, no vio el coche bomba.

Un equipo de investigación dirigido por el autor de estas líneas y formado por once personas investigó el atentado y descubrió por lo menos a diez testigos sobrevivientes que estaban mucho más cerca de la puerta de la AMIA que Nicolasa y nunca vieron a la famosa Trafic. En estas páginas se reproduce un mapa con su ubicación y datos personales:
1) Juan Carlos Alvarez, el barrendero que se acercaba al volquete que estaba en la puerta de la AMIA mirando hacia ahí, y sobrevivió de milagro.
2) Daniel Joffe, el electricista que reparaba el carburador de su Renault a menos de quince metros, con el auto ubicado según el sentido del tránsito y perfecta visibilidad de la puerta.
3-4) Los policías Bordón y Guzmán (uno en el bar Caoba y otro apoyado en el patrullero).
5) Gustavo Acuña, que cruzaba desde un negocio vecino hacia el kiosco de Marcelo Fernández.
6) Adriana Mena, empleada de la imprenta frente a la AMIA.
7) La vecina María Josefa Vicente, en el balcón del tercer piso de Pasteur y Tucumán, mirando hacia la calle.
8) Gabriel Villalba (empleado de la empresa de equipamientos odontológicos Narbi-Herrero), que estaba en Pasteur 675 cargando un aparato en una pick-up Dodge estacionada en doble fila.
9) Alejandro Benavídez, dueño del bar Catriel, que cruzaba Pasteur en dirección a Tucumán.
10-11) Los colectiveros que se acercaban por Tucumán hacia Pasteur.
12) Rosa Barreiro, que llevaba de la mano a su hijo Sebastián y estaba a menos de cinco metros: no escuchó ni el motor de la Trafic, ni el chirrido al subirse al cordón.
Los automóviles que circulaban por Pasteur hacia Lavalle.
Como ya comentamos, el detective Nisman dio crédito a diversos informes de la SIDE, como los que en 2003 concluyeron que “quien condujo el coche bomba fue el miembro del Hezbollah libanés Ibrahim Berro”. La versión de Berro, en verdad, provenía del FBI y fue reprocesada por los espías locales. Nisman le exhibió las fotos de Berro a Nicolasa y no lo reconoció, aunque aclaró que “era un muchachote como éste, de esta contextura” y que “veía un parecido en el rostro”, pero aclaró “que no estaba totalmente segura”. Luego se supo, según la familia de Berro, residente en Estados Unidos, que Ibrahim murió en 1994 en Talousah bajo el ataque de un helicóptero israelí.
Otros datos sobre la supuesta Trafic merecen ser mencionados:
- Ningún testigo quiso firmar el acta de “descubrimiento” del coche bomba.
- El acta de secuestro del motor tampoco fue firmada por los bomberos.
- Eduardo Magnano, jefe técnico de CIADEA (Renault), escuchaba la radio a dos horas del atentado y recibió la visita de una comisión policial con un paragolpes en la mano. Querían saber si era el paragolpes de una Trafic (fojas 29.480).
- El POC (Departamento de Protección del Orden Constitucional) y la SIDE pincharon el teléfono de Telleldín cinco días antes de que el motor de la Trafic fuera“descubierto”.
- La Trafic, según consta en el expediente, tenía el motor de un modelo y la carrocería de otro. Lo que sí se veía clarito era el número del block: 2.831.467.
En su acusación, el detective Nisman vuelve a transitar un mito demasiado viejo: que el explosivo llegó desde el exterior, en este caso “en 1990 desde Brasil, porque los iraníes habían encontrado posibilidades de almacenar este tipo de materiales”. Según las pericias, la AMIA fue volada con amonal, un explosivo compuesto por nitrato de amonio (un fertilizante) y polvo de aluminio (sirve, por ejemplo, para teñir pinturas de color plateado). En ocasión de nuestra investigación, envié a un cadete –ex profeso sin documentos– a comprar nitrato y polvo en un comercio a cinco cuadras del Obelisco. Lo único que le pidieron fue el número de CUIT. Después mostré por televisión lo complicado de conseguir un explosivo en Argentina.

LA PISTA SIRIA

Con respecto a las motivaciones políticas del atentado, Nisman (¿o deberíamos decir la línea Galeano-Nisman-Canicoba?) habla de una cuenta, de dos cuentas, de una cuenta de Irán, de una cuenta numerada en un banco que nunca se encontró, de un depósito, de dos depósitos, de diez millones, de doscientos millones, del atentado contra la AMIA, del atentado contra la Embajada de Israel, de distintos enviados, de distintos contactos, de mensajes de Menem, de mensajes a Menem, etc., etc., etc.
La llamada “pista siria” se dejó de lado en la “investigación” de Galeano:
- En 1988 Menem visitó el país de sus antepasados y buscó allí ayuda financiera para su campaña. Los sirios le aportaron, según diversas fuentes, unos cuarenta millones de dólares. Este dato fue confirmado a los periodistas Norberto Bermúdez y Carlos Torrengo por el dominicano Nemen Nader en Madrid.
- Menem prometió entonces a los sirios y los libios la entrega del misil Cóndor y protocolos de transferencia de tecnología nuclear. Los planos del Cóndor terminaron en el Pentágono, el acuerdo nunca se produjo y la plata nunca volvió a su origen.
- Hay quienes piensan que el acuerdo con Siria era mayor: Siria tiene un lucrativo comercio de heroína y opio en el valle de la Bekaa, y es el principal exportador de heroína a Europa. Eso genera excedentes financieros de dinero negro que, por aquel entonces, buscaron sin éxito lavarse en Buenos Aires.
- Las figuras de Ibrahim al Ibrahim a cargo de la Aduana en los primeros años de Carlos Saúl y la cotidiana presencia de Monzer Al Kassar, ciudadano sirio con nacionalidad argentina, el Yomagate y las inversiones de Abdala Rashid al Aalí en Santiago del Estero completan la cantidad de sirios por metro cuadrado necesaria como para empezar a preguntarse sobre el punto.
- “Esta bomba me la pusieron a mí”, fue lo primero que dijo Carlos Menem al enterarse del atentado en la calle Pasteur.
- Esta bomba me la pusieron a mí.
Después, preguntó por Zulemita. Su hija no vivía ni estudiaba en el Once. Al año siguiente su hijo moriría en un confuso accidente en San Nicolás.
Según el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, Menem estaba convencido del origen sirio del atentado. Cuando poco antes de salir del gobierno recibió en la Casa Rosada al Premio Nobel de la Paz Eli Weissel, Menem le dijo que conocía el origen y los autores del atentado contra la Embajada de Israel, pero que no podía hacerlo público. Weissel le relató esta extraña conversación al entonces procurador general de la Nación, Angel Agüero Iturbe.
En noviembre de 1994, algunos meses después del atentado, Menem volvió a pisar Damasco, después de cinco años de intentarlo. Recién entonces recompuso las relaciones con el país de sus padres.
“El Hezbollah es la única organización que realiza atentados con coches bomba”,dice en la acusación de Nisman el especialista Ariel Merari. Se equivoca: los otros que usan coches bomba, y a razón de unos treinta y cinco a cuarenta atentados por año, son los carteles colombianos de la droga.
La causa AMIA, las 113.600 fojas, 568 expedientes, 400 legajos, 1.000 paquetes y 1.500 carpetas se construyeron eligiendo primero el resultado y luego la forma de llegar a él. Un rápido repaso de los diarios muestra de modo más que evidente las cortinas de humo:
- 25 de octubre de 1997: Galeano está dispuesto a seguir la pista iraní. Pidió a Alemania los antecedentes de un atentado iraní en un restaurante.
- 22 de noviembre de 1997: AMIA: se vuelve a pensar en Irán. Interrogan al“arrepentido” Moatamer.
- 25 de noviembre de 1997: Detonarán 350 kilos de explosivo en una Trafic. Lo hará la productora de TV de Raúl García y Néstor Machiavelli.
- 28 de noviembre de 1997: Investigan a un nuevo diplomático iraní.
- 29 de noviembre de 1997: Galeano trajo documentos que involucran a Irán.
- 4 de diciembre de 1997: Estados Unidos e Israel señalaron a Irán.
- 20 de enero de 1998: Alertan sobre otro ataque antisemita.
- 6 de febrero de 1998: La Corte Suprema también le apunta a la Yihad islámica.
- 18 de marzo de 1998: El embajador israelí Avirán pidió que se responsabilice a Irán.
- 6 de mayo de 1998: El Departamento de Estado de EE.UU. avala la pista iraní.
- 16 de mayo de 1998: Exigen el retiro de siete diplomáticos iraníes.
Pasaron ocho años. La canción que se repite sigue siendo la misma.


INVESTIGACION: JL / ROMINA MANGUEL / LUCIANA GEUNA