domingo, junio 05, 2016

TARTUFISMO TOP



Molière describió en Tartufo al hipócrita consumado, cubierto por una emulsión de beatería, de baja malicia salseada de religiosidad.  Tartufo se aprovecha de su aureola de santidad para conquistar a la esposa del hombre que cándidamente lo admira. Proclama en algún momento: "conozco el arte de eliminar los escrúpulos; es una verdadera ciencia saber cuándo conviene aflojar los lazos de la conciencia y rectificar lo malo de la acción con la fuerza de la intención". Algún crítico señaló que, si en el caso de Fausto hay un pacto con el Diablo, en los tartufos hay un contrato menos riesgoso con un socio más tratable, el Cielo. Una reunión de tartufos judiciales argentinos ha tenido lugar en Roma -aula magna de la Casina Pío IV, sede de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales,  y Elisabetta Piqué nos lo cuenta así en "La Nación"  (5/VI/16):

"El juez Casanello denunció ante el Vaticano la falta de colaboración internacional -Cumbre de jueces: dijo que muchos países no dan datos para resolver casos de lavado. Lorenzetti habló del deterioro judicial- Duro diagnóstico del país en una cumbre convocada por el Papa", son los titulares.

Casanello -que ahora se acordó, a los años, de viajar a Suiza por el caso de Lázaro Báez- se quejó de no recibir información. Lorenzetti, en un discurso que Elisabetta dice "pareció casi escrito por el Pontífice", advirtió sobre el peligro de "la licuación de la autoridad judicial". Si sabrá el rafaelino de licuar autoridad...Todos coincidieron en elogiar al papa Francisco y la encíclica "Laudato si". María Romilda Chuchi Servini de Cubría , más de cuarenta años en los pasillos forenses resumió: "la delincuencia va en un jet y la Justicia va en auto". Los magistrados y funcionarios argentinos resultan excelentes comentaristas, especialmente en una gran sala bajo la advocación de Pío IV, aquel papa Médicis que de enjuagues sabía bastante y de nepotismo un poco más.

Tres datos duros:
a) Los jueces, fiscales y empleados judiciales argentinos son los mejor pagados de Latinoamérica.
b) La Argentina es el país latinoamericano que tiene la más alta proporción del PBI destinada anualmente a la agencia judicial.
c) Es el país que tiene la más baja tasa de resolución de casos por vía judicial.

(Fuente "Justicia 2020", programa oficial del Ministerio de Justicia de la Nación).

El gran Discepolín hablaba "del que vive en la impostura". Agreguemos a la lista que viene engrosándose desde  el estreno de "Cambalache" unos cuantos más de estos devotísimos tartufos.

"EMPODERAOS LOS UNOS A LOS OTROS"




El Papa empoderó por fin a los jueces que le reunió el canciller Sánchez Sorondo. Foto final  de grupete, con Lorenzetti a la derecha del santo Padre. Piumato, Vera, Casanello, el mismo Sánchez Sorondo e tutti quanti. El tema  de la reunión era cargar los morrales de estos apóstoles judiciales para la lucha contra la trata y el tráfico de personas, finalidad loable. Ahora, como los setenta y dos de Lucas (10, 1-9) se desparramarán por el mundo llevando una buena nueva judicial, algo mejor provistos que aquellas seis docenas de enviados de entonces. Si hemos de dar crédito a los vaticomentaristas locales, la reunión fue preponderantemente para los argentinos, la foto está para destacarlos y hasta hubo algunas entrevistas a solas  que nuestros cotorreros destacaron, con Lorenzetti y Casanello.  Las palabras del Papa, sus generalidades, fueron interpretadas desde aquí, explícitamente, como un mensaje al gobierno: están presionando a los jueces, se quiere licuar la figura del juez y el juez "es el primer atributo de una sociedad de pueblo", frase algo oscura para cuya mejor comprensión copio el párrafo correspondiente de la alocución que tuvo lugar en la Academia Pontificia:

"Pero  solamente en la figura del juez la justicia se reconoce como el primer atributo de la sociedad. Y esto hay que rescatarlo, porque la tendencia, cada vez mayor, es la de licuar la figura del juez a través de las presiones, etcétera, que mencioné antes. Y sin embargo, es el primer atributo de la sociedad. Sale en la misma tradición bíblica, ¿no es cierto? Moisés necesita instituir setenta  jueces para que lo ayuden, que juzguen los casos, el juez a quien se recurre. Y también en este proceso de licuefacción, lo contundente, lo concreto de la realidad afecta a los pueblos. O sea, los pueblos tienen una entidad que les da consistencia, que los hace crecer, hacer sus propios proyectos, asumir sus fracasos, asumir sus ideales, pero también están sufriendo un proceso de licuefacción, y todo lo que es la consistencia concreta de un pueblo tiende a transformarse en la mera identidad nominal de un ciudadano, y un pueblo no es lo mismo que un grupo de ciudadanos. El juez es el primer atributo de una sociedad de pueblo".

Ahora bien, lo que transforma al juez en los justo personificado, lo "justum animatum" que decía Aristóteles, capaz de adjudicar a ciencia y conciencia lo suyo de cada uno en el caso, no es el poder, no es la "chapa", el imperium o el pistoneo de los poderosos. Lo que le permite estar sentado con decoro en su silla es la autoridad. Auctoritas, que viene de augere, que significa hacer crecer. La autoridad judicial, como saber socialmente reconocido, resulta del ejercicio prudente de la ecuanimidad, que exige independencia. La ecuanimidad se le requiere bajo forma de imparcialidad. Y es notable que se le exija algo negativo: no ser parcial, y no algo positivo: ser directamente ecuánime en el juicio. Hay en el mandato una vieja sabiduría cristalizada: cualquier puede ser parcial -todos lo somos, de algún modo; muy pocos pueden ser imparciales, con un hábito que cuesta adquirir, y poquísimos son los que resultan directa y serenamente ecuánimes.

Hannah Arendt decía que la auctoritas fue un hallazgo romano que quizás se perdió con ellos. Si nos referimos a los jueces argentinos, especialmente los del fuero federal penal de nuestros días,  salvo alguna mosca blanca, concluiremos -concluyo como viejo abogado, por lo menos- la han perdido dejando los jirones por el camino hace tiempo. Entre los jueces de la foto habrá excepciones -me refiero a los compatriotas- pero la mayoría son hijos de las presiones, juguetes del poder, pistoneadores ellos mismos, dependientes de amos y muchas veces corruptos, viviendo en buena parte de lo casos muy por encima de sus recursos. Una Corte, una Casación, Cámaras y jueces  que hicieron mangas y capirotes de las garantías penales básicas, magistrados "sobrecogedores" que han recibido regularmente  sobresueldos en sobres de papel madera, declamadores de "ponderaciones" del caso y fabricantes de principios ad hoc, jurisclastas hinchados de lecturas fútiles, viejos tramoyistas que no tienen a Temis por diosa sino al Viejo Vizcacha por guía y maestro. Y ahí, en primera fila, también Julio Piumato, eterno secretario general de la UEJN, que los aterroriza y presiona con denuncias seriales y a quien recuerdo, en su época cristinista, en el Consejo de la Magistratura, chocando panzas e intercambiando esos besos húmedos tan del gusto de nuestros bosses con Carlos Kunkel, para amañar la ofensiva contra un juez que defendía su autoridad y a quien despreciaban no sólo por su honeste vivere sino también porque era más inteligente y sabio jurídicamente hablando que ellos, y eso es un mérito que en nuestro foro raramente se respeta.  Una vieja jueza federal dijo se emocionó tanto con el discurso del Papa "que casi me pongo a llorar". De este lado del charco se sentía la misma sensación, créame doña.

viernes, junio 03, 2016

UNA PEQUEÑA HISTORIA BIEN ARGENTINA




Me acabo de enterar de una buena noticia: el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal (CPACF), suspendió en la matrícula profesional al actual juez de la Corte Interamericana de Justicia, Eugenio Zaffaroni, por incumplimiento de la ley que regula el ejercicio de la abogacía, cuando asumió la defensa del juez Axel López ante el jurado de enjuiciamiento, ya que desde su renuncia a la Corte no había transcurrido el plazo de dos años que la mencionada ley exige como espera antes que un magistrado pueda enlistarse en la matrícula.

 
Ahora bien, esta loable decisión se hace a toro pasado, cuando ya Axel López fue absuelto, Zaffaroni jugó al abogado y, luego, volvió al menester judicial entronizado en el areópago continental de San José de Costa Rica.

Antes, cuando Cristina reinaba y el jury de Axel aún no había comenzado, denuncié a Zaffaroni, por la misma causa. Ahí va el escrito inicial:

VICISITUDES  DE UN "JUEZ PROMISCUO"





Les acerco una denuncia  que formulé ante el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal el viernes pasado por mail y presenté hoy por escrito.


Buenos Aires, 18 de febrero de 2015

 

Al Señor Presidente del Colegio Público
de Abogados de la Capital Federal,
Dr. José Roberto LÓPEZ

De mi consideración:

 

En mi carácter de abogado de la matrícula (tº 16, fº 224), ante noticias periodísticas (“La Nación, 12/02/15, “Zaffaroni volverá a trabajar como abogado”) , que señalan que el doctor Eugenio Raúl Zaffaroni, que se jubilara como miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación a fines de diciembre de 2014, asumiría como abogado la defensa penal del juez  de ejecución penal Axel López, cuyo jurado de enjuiciamiento se abre el próximo 2 de marzo.  Entiendo que nuestro Colegio debe impugnar tal actuación, en razón de lo dispuesto en el art. 3º, inc. 9 de la ley 23187, que dispone la inhabilitación de:

 

“Los magistrados y funcionarios judiciales jubilados como tales, limitándose la incompatibilidad  a su actuación ante el fuero al que hubieren pertenecido y por el término de dos (2) años a partir de su cese”.

 

El doctor Zaffaroni fue miembro del más alto tribunal federal (art. 108 CN), cuya competencia (art. 116 CN) alcanza a todos los fueros de la jurisdicción federal. El doctor Zaffaroni, pues, ha sido un “juez promiscuo”, según la expresión técnica adecuada al caso. Siendo la voz “promiscuo” derivada del latín pro, por, y miscere, mezclar, describe a la perfección al magistrado judicial que atiende asuntos en todas las ramas del derecho. En consecuencia, debe abstenerse durante dos años de ejercer nuestra profesión ante cualquier fuero.  Cabe recordar que el jurado de enjuiciamiento  es un tribunal federal creado por el art. 115 de la CN, cuyo veredicto y fallo habilita las vías recursivas para ante la CSJN, por lo que no encuentro ninguna razón para exceptuar al doctor Zaffaroni del cumplimiento de la ley, debiendo dejar paso a los abogados  correctamente habilitados  para el ejercicio profesional. No necesito recordar al señor Presidente que es finalidad y deber del CPACF el gobierno y contralor de la matrícula, en defensa de nuestra profesión (arts. 20, inc. 2ª” y 21, inc. “a”, ley 23187)

 

Saludo al señor Presidente con mi más distinguida consideración  y pido dé curso a la presente

 

Luis María Bandieri


Esta denuncia, que obtuvo algún eco periodístico en "Infobae" y fue apoyada por Usina de Justicia,  tuvo un tortuoso trámite en la  Comisión Directiva del Colegio. La mayoría oficialista se adscribió a un dictamen escuálido de la Asesoría Jurídica, según el cual el jurado de enjuiciamiento no era un tribunal de justicia. Lo mismo había sostenido el propio jury ante la presentación de familiares de víctima de los delincuentes que Axel había dejado salir a la calle para reincidir en el viejo oficio de matar. Amplié fundamentos y, en definitiva, dieron carpetazo al asunto. Una de esas voces "de adentro" del Colegio me transmitió la versión, que no puedo confirmar, de que el entonces presidente  -una buenísima persona, hoy fallecida-, cuyo padrino político era Rizzo, el hoy quíntuple presidente, había consultado a su valedor, y éste a Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte, con quien el Gordo hacía buenas migas, decidiéndose en ese conciliábulo bajarle el pulgar al pedido.

Sea como fuere, la "justicia" llegó, tarde como siempre. La lechuza forense  gusta del crepúsculo vespertino en el que las vacas y todas las cosas con ellas son bien negras. Además, la "justicia" sabe oler bien la sangre y columbrar el derrumbe. "A moro muerto, gran lanzada", decía un viejo proverbio español, recogido por doña María Moliner con la anotación de que así "se satiriza a los que se muestran valientes contra algo o alguien cuando no hay riesgo en  ello". Peguémosle al moro cuando ya es fiambre y sean eternos nuestros laureles con tal de que se reciban sin riesgo. En fin, muchachos, una pequeña historia bien argentina.




P.S.: El moro respondió con chicana moruna. Su abogado, don Beinusz Szmukler, que supo fatigar las poltronas del Consejo de la Magistratura en representación de nuestro gremio togado, dijo ver en la decisión "una venganza política", aunque no apelará. Y el cortesano interamericano don Eugenio se victimizó a su vez, aunque aclaró que no pensaba ejercer ya más la profesión.  Dejo arriba foto de Rizzo con Angelici, hombres de lanza segura y geometría política variable.-

miércoles, mayo 25, 2016

"EMPODERAR" AL PERRO



Hay un cuento de Chejov que se aplica perfectamente a nuestra justicia federal en lo penal, y a integrantes de otros fueros también:

El inspector de policía Ochumélov oye chillar un perro y se dirige al lugar de donde proceden los gritos de la gente y los aullidos del pobre animal. Un tal Jriukin le dice que el perro le ha mordido. El inspector monta en cólera y dice que el amo del perro se va a enterar, que le pondrá una multa y que matará al perro. Sin embargo, alguien le dice que es del general Zhigálov y Ochumélov cambia: el perro no ha mordido a nadie sino que un clavo maldito se ha clavado en el dedo de Jriunkin. El municipal que acompaña al inspector tiene sospechas de que el perro no sea del general y de nuevo el inspector vuelve a pedir un castigo para el perro y los amos. Pero ¡ay! una voz afirma que el perro es del general y, claro, el inspector cambia de nuevo de opinión: Jriunkin es el culpable de la mordedura y lo que tiene que hacer es dejar de enseñar ese estúpido dedo. Viene el cocinero del general y dice que nunca, en casa del general, ha habido perros vagabundos. Otra vez cambia el destino del perro: “Hay que matarlo y se acabó”. Sin embargo, el cocinero no había terminado: “No es nuestro. Es del hermano del general que vino hace unos días”. Y otra vez cambia el azaroso destino del perro que pasa a ser un perrito simpático que hace lo que tiene que hacer un perro: morder. El cocinero se lleva al perro y Ochumélov amenaza al descarado de Jriunkin.
        
Así termina el cuento de Chejov llamado, no hace falta explicar por qué, El camaleón. Ochumélov es nuestra radiosa justicia federal, El general y su parentela son los poderosos de turno y  el perro, el pobre perro, cuyo destino cambia según cambian las opiniones del inspector que, a su vez, debe tan camaleónica conducta a su servil obediencia, no somos otros que nosotros, el sufrido pueblo que paga a tales magistrados. La cuestión, pues, ilustrísimo canciller, es "empoderar" de una buena vez al perro para que pueda morder a satisfacción los volubles traseros de tantos Ochumélovs judiciales, genuflexos de 360º a las instancias del generalato o el civilato de turno.
 
 
EL SANTO DEL VEINTICINCO




El sol del Veinticinco viene asomando con un tradicional desbole  argentino: "cooperativistas" del Frente Darío Santillán acampando en la avenida de Mayo, vallado en la plaza (a la altura de la antigua Recova) y tedeum en la Catedral. El santo del Veinticinco es, justamente, el Gregorio VII del post anterior. No resultó santo súbito, como él había preconizado para todo pontífice en funciones. Fue canonizado por un papa Borghese, Paulo V, en 1606, en plena Contrarreforma. Ya lo saben: el 25 rezarle a don Goyo. Buena celebración de aquella alcaldada porteña que nos dio el primer gobierno propio, que Hildebrando nos sea propicio y Dios nos tenga a todos de su mano  

martes, mayo 24, 2016

Los Dictatus Papae de un cierto Monseñor





Monseñor Marcelo Sánchez Sorondo


Hombre de fe y de genio, el monje Hildebrando Aldobrandeschi, el hijo de un carpintero, llegó en 1073 al papado por aclamación popular, sin intervención del emperador, adoptando el nombre de Gregorio VII. Hildebrando se sentía apoyado por la plebe y el bajo clero, especialmente por el perteneciente a las órdenes monásticas, de donde provenía -era un benedictino formado en Cluny. Señala la opresión de los nobles y del alto clero -en gran parte surgido de la nobleza- y, en textos vibrantes, como sus cartas al obispo de Metz, lanza la acusación a los señores feudales de haber llegado al poder "por medio del orgullo, las rapiñas, la perfidia, el homicidio y todos los delitos, ayudados por el demonio, príncipe de este mundo". Había que establecer la superioridad del papa hacia adentro de la Iglesia y hacia afuera en los enfrentamientos con el poder político, del emperador para abajo. Si bien distinguía entre el orden temporal y el espiritual, la ciudad del hombre casi desaparecía bajo el peso excluyente de la ciudad de Dios: el reino era una emanación de la Iglesia, encabezada por el papa o, cuando menos, debía estar bajo  estricto control de aquélla.  El núcleo de su argumentación se remontaba a la idea del vicariato divino. Cristo eligió a Pedro como su sucesor, ordenándole que apacentara a su rebaño, entregándole las llaves del reino de  los cielos y el poder de atar y desatar en las alturas lo que atase o desatase en la tierra. De allí la potestad de los sucesores de Pedro  de decidir y juzgar tanto en las cosas espirituales como en las seculares, esto es, a los príncipes, mediante el instrumento de la excomunión , que desliga a los súbditos de la observancia del juramento de fidelidad, con cuyo ejercicio, por cierto, el mundo feudal de entonces podía caer en la más completa anarquía.


Gregorio VII


En 1075  comienzan a circular sus Dictatus Papae, conjunto de 27 proposiciones que resumen su teología política. De ellos surge que el pontífice romano es el único universal por derecho; que por los méritos de San Pedro se convierte en indudablemente en santo una vez ordenado canónicamente; que la Iglesia no pudo no podrá  jamás equivocarse en cuestión alguna y quien no concuerda con sus enseñanzas no puede ser considerado católico. El papa puede, según las necesidades del tiempo, dictar nuevas leyes, deponer a los emperadores y dispensar a los súbditos del juramento de fidelidad. Todos los príncipes han de besar los pies del papa y sólo él puede llevar las insignias imperiales; todo ello junto con otras afirmaciones que leídas hoy, casi un milenio después, no dejan de producirnos sorpresa. De todos modos, su programa fue seguido por sus sucesores, sin gran éxito hasta Inocencio III, que subió al trono pontificio en 1198 y fue el primero que se autotituló "vicario de Cristo" y ya no de Pedro. Señalemos de paso que al mismo tiempo se fue ahondando la fosa entre la Iglesia de Occidente y la Iglesia de Oriente. Pero saltemos ahora a nuestro tiempo.
 
Monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de Ciencias, que reside en Roma desde 1971, se abajó a nuestros pagos para ultimar detalles sobre una cumbre de jueces a realizarse en el Vaticano el 3  y 4 de junio próximos, a la que concurrirán buen número de magistrados federales, encabezados por el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti. El objetivo es "empoderarlos para que tomen conciencia de su misión frente a los desafíos de la globalización de la indiferencia". Prometo ocuparme en otro post de este "empoderamiento" en ciernes. Desde ya me declaro escéptico respecto de cualquier "empoderamiento"  a una judicatura como la nuestra de competencia federal penal, así como los ministros de la Corte, manifiestos discípulos del Viejo Vizcacha y en las que algunos integrantes, además, exhiben de tanto en tanto destellos asnales.
 
Me interesan ahora otros pronunciamientos de monseñor Marcelo. Recordaré, de paso, que su padre, Marcelo también de nombre, fue un argentino ejemplar, a quien conocí y acompañé en algunas empresas políticas allá en mi juventud, y que, con las críticas y reparos que la vida de cualquiera que se juegue en el reñidero de la vida pública necesariamente carga, dio lustre a su nombre y decoro a nuestro país.  Marcelo hijo ha expresado arzobispal indignación -con velada referencia a Lilita Carrió, pero extensiva a todo lo que pise nuestro suelo- respecto de que algunas personas critiquen al papa Francisco "porque no se debe criticar a Pedro. Y tanto menos los que se dicen católicos y de comunión diaria...es una cosa terrible, porque el papa es Pedro..-no hay que criticar al papa, sobre todo cuando uno es católico...es un escándalo que no apoyen al papa. No sólo que no estén en contra, sino que no lo apoyen totalmente...aquí hay realmente ombliguismo...una especie de egocentrismo...una falta de horizonte que realmente espanta".
 
Me parece que el ilustrísimo canciller se ha dado una vuelta por acá  no sólo para pegarles una felpeada a los críticos de Francisco, sino también para vomitar evangélicamente sobre aquellos flojos catotibios que no lo defienden eficientemente, como sí lo hacen con fervor  Elisabetta Piqué, Gustavo Vera y el apóstol Rubin del multimedio odiado por los K.   Veo, quizás por viejo y escéptico -skeptikós es, literalmente, el que mira alrededor- que algunos curiales del fuero federal irán también por este sendero de conversión, incluidos ciertos ateos devotos y votantes del engendro "F.A.L." sobre el aborto -quizás hasta el mismo renunciante Oyarbide se ofrezca como una danzante Salomé para ir a besar el santo y trajinado calzado. Está bien: supongo que pertenece a los deberes pastorales del ilustrísimo canciller extender la misericordia a ese segmento.   Pero estos nuevos "Dictatus Papae" para el subdesarrollo sudaca del Río de la Plata que ha traído don Marcelo, con condenas para críticos y para tibios; esta especie de obediencia perinde ac cadaver -como un cadáver- que con eco ignaciano postula; esta idea subyacente de la obediencia ciega, ¿no va todo ello, eminencia, contra el mandato de "¡hagan lío!". ¿Cómo puedo hacer  lío -suponiendo que a mi edad me de por ahí- en un orden cerrado?  Cioran decía, respecto de "Du Pape", la obra de Joseph de Maistre, que fue tan ditirámbica como elogio, tan masiva como apología, que Pío VII intuyó el peligro que encerraba: el de un asesinato por entusiasmo. Espero que los "Dictatus Bonaerensis" del ilustre canciller no produzcan esos extremos.    

 
 
La penitencia de Canosa: Enrique IV ante Gregorio VII
 

viernes, abril 01, 2016

POST ALTAMENTE PEPINABLE


El uso del adjetivo "impepinable" por parte de nuestro presidente ha sido novedad agradable, tanto en quien lo pronunciara, que hasta ahora no había demostrado ningún floreo lexical,  como en el periodismo, que debió salir de sus lugares comunes y mataburrarse en el RAE -diccionario de la Academia. Ahí figura impepinable, en el sentido de indiscutible, como adjetivo coloquial. No nació en el barrio, claro. No es de aquí, sino del otro lado del charco -argumento para la oposición que denuncia tenaz tendencia extranjerizante en el PRO.

Hace poco intenté que hubiese un giro en la expresión gastada hasta el cansancio de "poner palos en la rueda", que además de ser literalmente aplicable sólo al carrito del lechero que recorría las calles en mi infancia, al reiterarse levanta fastidio y produce la tentación de ponerlos efectivamente, a ver si la rueda se para de una vez. Propuse "echar arena en los cojinetes" o "sembrar miguelitos en la autopista" o, talvez, "bananear la vereda". Espero poco éxito, como en otras ocasiones.

Propongo ahora combinar "impepinable", en la propuesta de nombres para la CSJN, con un verbo también venido del otro lado del charco, un anglicismo coloquial, en el caso. Me refiero a "flipar", que he oído trabajosamente en películas españolas sin subtítulos en castellano, o leído en traducciones azarosas:

Flipar, según la R.A.E.: (del ingl.amer. to flip, agitar, sacudir).
1.intr.colq. Estar bajo los efectos de una droga.
2.intr.colq. Estar o quedar entusiasmado.
3.intr.colq. Agradar o gustar mucho.

Lo veo a Mauricio diciendo: "Me flipa Lilita para la Corte ¡Impepinable!"

Pepinee, don Pichetto, pepinee, en ese caso.