Mostrando las entradas con la etiqueta cristianismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta cristianismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, octubre 12, 2011

RECADITO AMABLE PARA LOS ICONOCLASTAS DE SUBURBIO





Enrique Heine (1797-1856), el gran escritor alemán, no ocultaba su ateísmo: "el cielo se lo dejamos a los ángeles y a los gorriones", anotó irónicamente. Sin embargo, su percepción de lo religioso en general y del cristianismo en particular, quizás por su ascendencia judía, siempre fue perspicua. Baudelaire, católico pecador comme il faut, escribió unos años después que si la religión desapareciera del mundo, volvería a encontrársela en el corazón de un ateo -y puede observarse hoy que algunos ateos tienen más percepción de lo religioso que muchos rutinarios creyentes. Heine, volviendo a él, nos dejó una página sobre la cruz que podría ilustrar -si leyeran, muchachos, si leyeran- a nuestros iconoclastas suburbanos:


"El cristianismo, en cierto modo, -y éste es su mayor mérito- calmó la furia belicosa de los germano, sin por ello eliminarla del todo. Y si un día se despedazase la cruz, el talismán que aplaca las pasiones, se desencadenaría de nuevo la violencia salvaje de los antiguos guerreros, la irracional ansia de destruir cantada por los poetas nórdicos. Aquel talismán está hoy en decadencia y llegará el día en que pueda venirse abajo. Entonces surgirán de sus ruinas las antiguas divinidades de piedra y Thor, con su enorme martillo, se erguirá dispuesto a destruir las catedrales góticas".

"Para la historia de las religiones y de la filosofía en Alemania"

jueves, febrero 12, 2009





ELUANA, LA VIDA, LA MUERTE Y EL TELÓN DE FONDO CRISTIANO

En el fino fondo del caso de Eluana Englaro, por encima del ruido y la furia mediáticas, me parece que se ha traspasado un katejon, un obstáculo, que el cristianismo, creo que ya por inercia y sin comprenderlo muy bien, oponía a un nuevo Nomos global. Ese katejon era el de la sacralidad de la vida humana. En palabras clericales, que la vida era más importante valor, un don de Dios siempre bueno en sí. Si es un don, una donación de Dios, se reflexiona hoy, entonces el donatario puede hacer lo que quiera con ella ya que, en términos de toga, no se trata de una donación con cargo. La misma noción de "valor", que la jerga clerical destacaba, era un preanuncio de derrumbe. Porque la noción de "valor" viene de la economía y siempre se sitúa en una escala móvil donde no hay ningún valor objetivamente fijo en la sumidad. La confusión de "valor" y "bien" lleva a esta situación en que el cristianismo no sólo no vence sus batallas por "valores", sino que no convence. Los valores, como vio con su claridad insobornable Carl Schmitt conducen a una tiranía valorativa: ¿quién establece la escala? ¿quién dice lo valioso y lo disvalioso? El nuevo tirano, cuyo rostro apenas podemos conjeturar.

Tiempos difíciles, sombríos y, en el núcleo de la oscuridad, terriblemente grandiosos.-