lunes, mayo 14, 2012

SCOTUS BAJA A LA ARENA POLÍTICA





Sin abandonar del todo su tradicional autocontención en la materia, SCOTUS (acrónimo de la Corte Suprema de los Estados Unidos) bajará en el mes de junio, poco antes de la elección presidencial, a la arena política. Se anuncia que decidirá entonces tres cuestiones de intenso debate entre republicanos y demócratas:  la ley de Arizona sobre sanciones a la inmigración ilegal;  el recorte de los circuitos electorales en Texas (que favorece a los demócratas) y la ley de Cuidado de Salud Accesible (Affordable Care act), una bandera de campaña de Obama,  popularmente conocida como Obamacare. La ley, en síntesis, propicia un seguro médico obligatorio para todo residente en los EE.UU., que se cubrirá con fondos provenientes del gobierno central y  de los gobiernos estaduales.  Procuradores generales de veintiún estados y organizaciones como la Thomas More Law Center han llegado ante SCOTUS con sus recursos impugnatorios de la constitucionalidad de la ley. Durante el mes de marzo,  tuvieron lugar audiencias públicas durante el curso de las cuales asomaron los criterios de la mayoría “conservadora” y de la minoría “progresista” de SCOTUS respecto de esta cuestión. Al mismo tiempo, el  presidente Obama, en una conferencia de prensa  que celebró junto al primer ministro canadiense, Stephen Harper,  y al presidente mexicano Felipe Calderón, advirtió sobre el peligro de pronunciamientos realizados por un cuerpo de funcionarios no electos por el pueblo; esto es, revalidó  pro domo sua la no desdeñable “objeción contramayoritaria” que hace medio siglo pusiera sobre el tapete Alexander Bickel.  Lo que se discute, en definitiva, no es si un seguro médico obligatorio universal es valioso o no, sino si el Congreso federal tiene facultades para legislar sobre cuestiones que se reivindican como propias de los estados federados, no delegadas al nivel  central. La facultad del Congreso  se funda en el art. I, sección octava de la Constitución, que le permite reglamentar “el comercio…entre los diferentes Estados”, la famosa commercial clause que  elásticamente interpretada ha permitido expandir las competencias del gobierno central. La objeción de los impugnantes se funda, a su vez, en la enmienda décima, según la cual los poderes no delegados al gobierno central quedan reservados a “a los Estados respectivamente al pueblo”, esto es, el equivalente a nuestro art. 121.

Como se ve, el núcleo de la disputa es hasta dónde puede acaparar el nivel central competencias propias de los estados federados. En nuestro país, donde hasta en el texto constitucional (art. 75, inc. 2) la expresión “Nación” es utilizada en el sentido de “Nación argentina”, primero, y a renglón seguido en la acepción de “gobierno federal” (“la Nación y las provincias”), lo que señala el desdibujamiento de nuestra forma federativa, la cuestión no parece tan profunda y se resuelve a favor de la “Nación”, es decir, a favor del centralismo decisorio. Nuestra literatura constitucional  se refiere profusamente a “Estado federal”, que es un oxímoron, ya que la forma política “Estado” es centralista por definición, desde su nacimiento en la modernidad, y la forma política “Federación”, más antigua, es distribucionista de poder por naturaleza. Cuando  Hamilton logra imponer en Filadelfia la fórmula de la Unión, establece una tensión entre los elementos estatalistas, “federalistas” y los elementos confederativos. Esa tensión, que llevó hasta a una guerra civil, está siempre presente  en la política norteamericana, atravesando diagonalmente a sus partidos tradicionales. Entre nosotros, en cambio, donde la fórmula estatalista está tomada de los Borbones, el Estado se comió a la federación y la sigue deglutiendo sin pausa. En la tradición política anglosajona, la expresión que prevalece es la de government, no la de State, reservada a la designación de las unidades federadas.  Por eso allí  los enfrentamientos estatalismo vs. federalismo  siguen vivos. De allí  la importancia del debate que se está desarrollando. Los jueces Kennedy y Scalia parecen inclinados a sostener que el Congreso carece de facultades para una legislación de tipo estatalista sobre la salud, con lo cual la ley caería en su integridad, si el escenario de cinco votos “conservadores” prevalece sobre los cuatro votos definidos como “progresistas” (aunque insisto en que no se trata de una disputa entre conservatismo y progresismo sino sobre la pervivencia de  la república federativa y su alcance).

En donde  parece que la inmensa mayoría no duda en cuanto a las facultades estatalistas es en lo relativo a la seguridad nacional. Las agencias de seguridad del gobierno central pueden espiar y controlar a habitantes y ciudadanos y el presidente, en función de la martial law,  puede incluso ordenar el asesinato selectivo de ciudadanos norteamericanos. Ante una corte militar especial se está desarrollando actualmente el “juicio” a Jalid Sheij Mohammed, a quien se imputa ser el autor intelectual de los atentados del 11-S. Pero esta, claro está, esta es otra historia.-

En la ilustración, Alexander Hamilton, genial manipulador de la Convención de Filadelfia
 
SOBRE UNA MULA, UN MARISCAL Y UN JURISTA





Entre los cruces a propósito de la disputa que en la provincia de Buenos Aires se da entre “la Cámpora” y “la Juan Domingo”, un senador y ex intendente calificó así a otra figura pública del distrito: “es como el burro del mariscal de Sajonia, que a pesar de haberlo acompañado durante años de batalla, no aprendió nada de estrategia,…siguió siendo un burro”.

El burro, ya se sabe, era una mula. En el primer capítulo de “Conducción Política”, Perón comenta:  “Hay un caso que se cita mucho en “conducción militar”. Dicen que el mariscal de Sajonia hizo todas sus campañas durante veinte años montado en una misma mula, y que a pesar de haber hecho durante veinte años todas las campañas, la mula no aprendió nada de conducción”. ¿A quién aludía el conductor bajo la figura d ela mula, siendo él el mariscal, obviamente? Dejo la pregunta al inquieto y eventual lector.

Años antes, por los ’30, un gran jurista argentino, Alfredo Colmo escribió una obra publicada póstumamente, titulada “La Justicia”, con reflexiones de carácter permanente.  Refiriéndose a la designación de los magistrados, denuncia los problemas del ascenso por antigüedad, que podría dar lugar –dice- a “la canonización  de los adoquines” y añade: “la mula del mariscal de Sajonia acompañó a éste durante treinta años de continuo guerrear, y no por eso aprendió la menor noción de estrategia. La antigüedad puede ser buena, dentro de ciertos límites, en cargos relativamente inferiores. En los superiores de la magistratura dice bien poco, a menos de restantes condiciones personales más o menos parejas. A nadie se le ocurrirá hacer ministros por antigüedad. Y anteponer ésta a los merecimientos individuales es subalternizar un asunto íntimamente elevado”.

Como siempre, para novedades, los clásicos. Hasta en materia de mulas –y de burros, que son sus antepasados.

viernes, marzo 09, 2012

AQUÍ EL "PODER" JUDICIAL...


En democracia se persigue con el poder judicial...y el poder judicial está, frente al hiperpoder o poder en serio, de la manera que aquí se ilustra...

jueves, marzo 08, 2012

PERO AHORA ME PREOCUPO...



"Precisó Lorenzetti el alcance de su discurso..."

"Fue descontextualizado..."

"desde la Corte nunca hablamos de una persecución desde el Estado a los ciudadanos hoy en democracia; estábamos hablando del terrorismo de Estado"

Se refería a 1976, no al 2012

En el 2012 se puede perseguir a los que piensan de modo diferente, por otros caminos que los de la "fuerza de tareas"

Gómez Dávila decía que en democracia se tiraniza desde el poder judicial

Ahora sí que estoy preocupado...

miércoles, marzo 07, 2012

HACIA EL GRADO CERO DEL PENSAMIENTO



"No se puede perseguir desde el Estado a quien piense diferente".

Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, inauguración del año judicial, marzo de 2012

Menos mal. Respiro aliviado



En la ilustración, "Giudici Marionetti"

viernes, febrero 17, 2012

DEUTSCHLAND, ARBEITSWUT, BERUF, SCHADENFREUDE Y OTRAS ENORMIDADES



Foto de Max Scheler alrededor de los treinta y cinco.  Tirando a estatura media, contextura cuadrada, cabeza erguida y atenta. Hombre de pensamiento y de  mundo, de bibliotecas y también de  cafés  y cabarets: mujeres, cigarros, copas.  Y una rapidez para colocar sus impresiones de la vida en categorías profundas de pensamiento que algunos, desde su filosofícula de profesores de filosofía  tacharon de superficial. Católico buena parte de su vida, el retrato es de una época muy especial, cuando, frecuentado una abadía benedictina, se ha reconvertido al catolicismo y está punto, si no lo ha hecho ya, de casarse con Märit Furtwängler, hermana del gran director wagneriano. Es el año 1916 y pronuncia una conferencia en Munich sobre las ideas de nacionalidad en las naciones más importantes. “Alemania –dice allí- con su manía obsesiva por el trabajo ha expulsado a los demás países de sus paraísos. Los vecinos al este no quieren otra cosa que soñar, meditar, palpitar, rezar y, de tanto en tanto, tomarse una copita de aguardiente. Los ingleses, en cambio, se dedican al comercio, en la medida de dejar de trabajar el viernes y dedicarse luego a los deportes. En fin, están los franceses que sus notorios recursos financieros los usan, vista su poca disponibilidad a tener hijos, sobre todo para gozar del lujo y el ocio, y jubilarse después de veinte o treinta años de trabajo”. Manía obsesiva por el trabajo, Arbeitswut.  Al tiempo que Scheler expresaba estas ideas, su compatriota Ernst Jünger, en los campos de batalla de la Primera Guerra, iba concibiendo al trabajador, al Arbeiter, como la figura del tiempo, así como hoy podría resultar la del desocupado marginal.  Scheler fincaba en aquella manía una de los motivos de la animosidad entre los alemanes y sus vecinos. Algo parecido se nota hoy, en las admoniciones de la Hausfrau  Ángela Merkel  a sus consocios de la Unión Europea, especialmente a los países del arco mediterráneo, Grecia, Italia y España, con aparente tendencia al dolce far niente.

La Arbeitswut puede rastrearse en Lutero que ya enseñaba que quien trabaja no tiene tiempo para pecar. Fue el monje quien  marcó las bases de un ethos alemán del trabajo, entendiéndose aquí por ethos  (en griego con épsilon inicial, no con éta, que se refiere al carácter personal) el  sistema de regla de preferencia de valores que tiene un pueblo determinado,  como definía el propio Scheler. Lutero traducía en la Biblia “trabajo” con la palabra alemana Beruf .  A su vez, este vocablo significa también vocación, llamamiento. El alemán está destinado a realizarse en el trabajo, conforme la Revelación. Sólo quien trabaja puede otorgarse el reposo de la tarde, que así se denomina literalmente la fiesta en alemán: Feier-abend.


Ethos rígido protestante, ethos católico fiestero (que en diagonal va del Mediterráneo a la Mitteleuropa habsbúrgica), retazos dionisíacos bajo el sol griego, difícilmente hilvanados en la UE cuyo valor cumbre es el libre tránsito de los flujos financieros. Seguramente, como cree mi amigo Alain de Benoist, otra Europa es posible.



miércoles, febrero 15, 2012

¿DE QUÉ LADO ESTA LA HYBRIS?




El viejo Catón decía ya en su tiempo que los griegos eran una "raza vil e indisciplinada", propicia a "la lujuria y el descontrol" y prácticamente incorregibles, como habría de afirmar Borges mucho más tarde, con esa verdad que a veces envuelve el sarcasmo, de los peronistas o de quienes se llaman tales (opnis: objetos políticos no identificados en el tiempo presente). Lo mismo van a decir el resto de los italianos y muchos extranjeros de los napolitanos (Nápoles, urbe griega por excelencia, donde Dieguito triunfó y le cortaron las piernas). Grecia ingresó en la Unión Europea no como una economía sino como una bandera: cuna de la filosofía y de la reflexión sobre la política; guardia oriental del continente al cual dio el nombre y defendió de los bárbaros; custodia de una escritura que se ha resistido al alfabeto latino y de un cristianismo ídem; inventora del Sirtaki donde se lució un latino mexicano disfrazado de grecio, etc., etc. Estas cosas se computaron en la partida doble que dio lugar al ingreso de Grecia, considerándola todavìa acreedora en bienes inmateriales.  Ya sé que hoy, para el rating de  las dúplices agencias de riesgo los griegos son unos vagos perdidos, que cobran por no hacer nada, panza arriba mirando pasear el sol y haciendo entre siestas de sementales distraídos con turistas embaucadas. Pero a ese pueblo no se lo puede tratar así como así violando algo que ellos nos enseñaron: el límite que marca la justicia cósmica de la que los dioses -y Némesis especialmente- son guardianes:  el nec plus ultra del exceso, de la desmesura, de la hybris.  ¿Asistiremos mañana  al cachetazo del retorno nemético?   Esperar y ver.