miércoles, octubre 27, 2010


DE MORTUIS NIHIL NISI BONUM




La muerte no da derechos ni abuena a la gente. Allá vamos todos, la buena y la mala ralea, y aun la que ni fu ni fa. "Y tu punto terminal es el mío: Chacarita", decía sin mayores pretensiones pero con geográfica precisión Héctor Gagliardi. Bueno, Chacarita o Calafate, lo mismo da, ya que la Parca se aclimata bien en todos lados. "La muerte es el genio inspirador, la Musageta de la filosofía", enseñaba el viejo Schopenhauer. (Musageta es el conductor de las Musas, tarea de colectivero reservada al bueno de Apolo en la mitología griega). Muchos han repetido bajo diversos registros la frase de Schopen, y todos esos mensajes pueden resumirse brevemente así: la muerte enseña a vivir. A los que momentáneamente quedamos en este barrio, claro está.


Y de los muertos, sólo recordar lo mejor, que es la frase del título, lema de mínimo decoro a aplicar por un tiempo prudencial (el beneficio de luto y llanto, podríamos apuntar en lenguaje forense) ya que, transcurrido aquél, los muertos y los vivos quedamos bajo las dentelladas de la jauría aullante de los congéneres. En términos locales y circunscriptos, para un peronista no hay nada mejor que otro peronista, hasta las veinticuatro horas posteriores al discurso presente cadavere, esos que últimamente vienen despachados por don Antonio Cafiero, que los anda sobreviviendo a todos, Dio' lo guarde.


Por lo tanto, de NéstorKirchner, que ya está ido este miércoles del Censo de Bicentenario, donde no llegó a ser computado, no diré nada por ahora. Entiendo que era un cristiano y estará, pues, de acuerdo con sus creencias, a la espera del juicio particular. Miserere.


En cuanto al bien que el Lupin haya hecho o dejado de hacer, creo que le corresponde aquel falso epitafio en la piedra tombal de Richelieu: "yace aquí quien hizo bien y mal; el bien que hizo, lo hizo mal; el mal que hizo, lo hizo bien". Ya se sabe: el que quiera más elogios, pues que se muera.-

lunes, julio 12, 2010


MARADOOO...






"Es el objeto de culto de una religión arcaica, con sus cirios y procesiones y la oscura nostalgia de despojos del enemigo y apetitos caníbales. Maradona, al reunirnos a todos por el hilo invisible de nuestra pasión más inconfesada, la soberbia absoluta, representa en este tiempo de reacomodamientos y entierros de ideologías y fraseologías hasta ahora supuestamente representativas, la bandera, la protección y el punto de referencia de nuestra real identidad (...)"


"En este tiempo de precariedad, derrumbadas otras identificaciones, subsiste la referencia maradónica, fundada en nuestro soberbio temperamento común. Referencia frágil, por cierto; intocable, por lo tanto. Y difícil de llevar, seguramente, para este muchacho a quien todo se le aplaude: lo que hace con la pelota y lo que deshace sin ella".


Luis María Bandieri, "A los Argentinos nos gusta el Diego", en "Desenrollando el Turbante", Bs. As., Corregidor, 1994, p. 155 y sgs.



Nihil novum....

sábado, julio 10, 2010


LA OTRA INDEPENDENCIA, O DE CÓMO EVADIR LA TORTURA DEL DESFILE



Ví por la tele la tortura infligida a nuestro matrimonio presidencial por un mega desfile en San Miguel de Tucumás, el 9 de julio. Cuando parecía que todo iba acabar, aparecía otra agrupación, carroza o murga con alguna particularidad festiva. Podría sospecharse, como en "Aída", de sucesivos trasvestimientos del mismo grupo de actores, que unas veces aparecían como granaderos de a pie, luego se convertían en infernales también pedestres, se mudaban más tarde a Fuerza Bruta o a las empanaderas de Famaillá. Y había que sonreírles a todos y agitar la manito. Atroz y violatorio del bloque de constitucionalidad in toto.



Nuestra independencia, la independencia de "estas crueles provincias" de España y "de toda otra dominación extranjera" ¿se proclamó únicamente el 9 de julio de 1816? ¿Es la única fecha en que podemos celebrarla? Tenemos una data para el autogobierno, -25 de mayo de 1810- y otra para la independencia, que algunos todavía confunden. Pero el asunto es aún más enmarañado: hubo dos declaraciones de independencia. Una en 1815, otra en 1816. La declaración de independencia de 1815 fue formulada en el Congreso de Oriente, ocurrido en el Arroyo de la China, Concepción del Uruguay(también en Paysandú), en junio de 1815, por los representantes de la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Córdoba, bajo la inspiración del Protector de los Pueblos Libres, don José Gervasio de Artigas. Esto es, por representantes de estados provinciales pertenecientes a territorios que hoy forman parte de la Argentina, el Uruguay y el Brasil. Artigas había previsto, incluso, que cada pueblo indígena mandase sus representantes, aunque no aparecen en la reuníón, de cuyas sesiones no disponemos de actas. Estos pueblos eran, fundamentalmente, del ámbito guaranítico. En cambio, la declaración de Tucumán fue traducida al quechua y al aymara, porque contó con representantes del área altoperuana. Fueron dos congresos y dos declaraciones: una, inspirada en la forma republicana y el sistema de confederación de ciudades y ayuntamientos que las particularidades culturales y territoriales habían establecido desde dos siglos atrás; otra, que pretendía desde Buenos Aires mantener la unidad e indivisibilidad borbónica, bajo forma monárquica. Recuérdese, para entender lo que viene, que el agregado "y de toda otra dominación extranjera" fue realizado el 19 de julio, a pedido del diputado Medrano, "para sofocar el rumor de que existía la idea de entregar el país a los portugueses"


La Union de los Pueblos Libres, entró en conflicto con el Directorio porteño. Desde Buenos Aires, se procuró un entendimiento con los portugueses. El trato era considerar como no hostil el despliegue lusitano de las tropas de Juan VI en la Banda Oriental; en otras palabras, que desde Río de Janeiro les quitasen ese incordio de Artigas. Y los ejércitos portugueses marcharon hacia allí. El Uruguay fue ocupado por las tropas de la corona portuguesa y se convirtió en la Provincia Cisplatina -sería liberado por los Treinta y Tres Orientales, abriéndose la guerra con el Brasil en 1826. Tal fue el despliegue de la columna sur, fuerte de doce mil hombres, bajo el mando del general Lecor, luego barón de la Laguna. La columna norte de las fuerzas lusitanas se propuso cruzar el río Uruguay, tomar Corrientes, desplazarse al sur, cruzar el Paraná y ocupar Santa Fe. Entre ambas, encerrarían a Artigas. Lecor alcanzó sus objetivos, pero la columna norte tuvo graves problemas para internarse en Corrientes. El brigadier Chagas Santos sufre derrotas, debe replegarse, intentarlo de nuevo, lleva adelante una ocupación sangrienta y saqueadora de la margen derecha del Uruguay - ahí es donde se borra del mapa a Yapeyú, en la misma fecha, aproximadamente, de la batalla de Chacabuco - pero sus fuerzas son enfrentadas por el guaraní Andresito Artigas, esto es, Andresito Guazurari, lugarteniente de Artigas, caudillo de los misioneros, que termina derrotándolas en la batalla de Apóstoles. Guazurari incluso llega a montar un ofensiva, cruza el río pero es derrotado en Sao Borja, capturado y aparentemente llevado prisionero a Porto Alegre, acostado sobre un caballo y retobado en cuero crudo que se va secando al sol. No hay tumba de Guazurari. Y casi nadie sabe del Congreso de Oriente, de la Unión de Pueblos Libres, y de la primera declaración de independencia. Algún día -quizás en su próximo bicentenario- los argentinos memoriosos la celebraremos. Sin Fuerza Bruta, probablemente, y con algún desfile soportable.-


domingo, julio 04, 2010


¿QUÉ HABRíA PASADO DE GANAR LA COPA?

Ezeiza, 4 de julio de 2010




LA FILOSOFÍA DEL MEDIO CAMPO





Aclaro desde ya que en este tema toco de oído. Como casi todos, pero -si quieren- algo peor. De cualquier modo, me fascina el resurgimiento de la "filosofía del medio campo" en nuestros medios erudofuboleros. Por razones de edad, para mí el medio campo es el centrojás. Y el centrojás, el 5, es Pipo Rossi. O el Rata Rattin, en su momento de gloria, Inglaterrra, 1966 y el estrujamiento del banderín del córner como si fuera la mismísima Union Jack -y así lo sentían los hooligans, gritando animals! (Pero no le quiero robar laburo a Sasturain, que es el dueño de la pelota literaria). Centrojás: es decir, un tipo grandote, gritón, con pasta de líder, que pisa la pelota en el centro del campo y se la reparte cuando quiere a delanteros (cinco) fijos en el sector adversario. Reitero mi ignorancia básica (que comparto con tantos opinioneros) pero: ¿alguien juega así hoy en el fulbo posmo? Nones. Pero estamos pidiendo a gritos un nuevo avatar centrojásico, una reencarnación de Obdulio Varela de este lado del Río de la Plata, un mesías del mediocampo. Al Lío Messi le dieron esa oscura y humillada tarea, de algún modo, y se las ponía a Higuaín y a Tévez, para que todo terminara en polvo, en humo, en sombra, en sueño, en nada.

Personalmente, me gusta la salida de juego con el arquero. Sí, ya lo sé, es como en el ajedrez la apertura con P4TD. Pero cuando resulta, es lo máximo. Mi ídolo en esa "filosofía del arco" es Chilavert. Un paraguas, aceptado. Pero que metió en su carrera 62 goles. A este paso, casi más que el Pulga en los mundiales.
Nada diré de Maradona que no haya dicho ya, el siglo pasado, en "Desenrollando el Turbante" (tolle et lege)· La alternancia criolla de la euforia a la depresión es asunto tan viejo y manoseado como revista de peluquería. Pero, justo en la depre es donde el villafioritense exagera y sobreactúa. Ese llanto siempre a flor de pestaña, esos pucheritos, esos abrazos de velorio que suceden a los piquitos de la exaltación. Qué quieren que les diga: la suerte quiso que tratara a Carlos Monzón en el pináculo y en el fondo de la desgracia -en algún post lo contaré- y, en ese último caso, el del Alto Verde no lloraba. No: convertido en un simio desteñido, mantenía sin embargo un fondo enhiesto de bravura que imponía respeto, no lástima.

Contribuyo con estas reflexiones al despiste general que ha producido el Deutschland über alles. Sí, alles kaput. Pero el Diego resiste: dice que va a a consultar a la familia. ¿Y qué le pueden decir las queridas Dalma Nerea, el protegido Kun, Giannina su señora, la esposa de turno y la Claudia, consultora financiera? Quedáte, pa. Yo, que nada tengo que ganar con esto, también le digo: quedate, pero antes lee mi post.

domingo, junio 27, 2010


UNA NOTA AL PIE PARA ALBERTO BUELA







Alberto Buela, experto en armas de construcción masiva, ha lanzado al ciberespacio un misil titulado “Iglesia, una visión profana”. Tuvo la inmensa gentileza de pedirme algo así como un estudio introductorio. Pero el pensamiento de Buela, y su peculiar estilo para expresarlo, no necesitan de interposiciones. Por eso, me voy a permitir sólo una apostilla, una nota al pie del notable aporte de Alberto. Él se llama a sí mismo arkeguéta, uno que esta siempre principiando, porque conoce bien los principios, pero, nos dice también la expresión, uno que es un fundador. Alberto quiere echar los fundamentos de una comprensión del mundo desde la ecúmene iberoamericana, por encima tanto de un pensamiento meramente epigonal o del bodoque ideológico o de las simplificaciones nac&pop. Un camino alto y difícil, que sigue por la huella de una tradición cuya principal figura podría ser Nimio de Anquín.

Esta ecúmene íberoamericana se edifica con la argamasa del catolicismo romano, recibido en versión pretridentina de la hueste que se fue desparramando por nuestro continente. La “invención de América”-para usar la expresión del mexicano Edmundo O’Gorman- es un proceso que nace con las últimas luces del siglo XV y se va fraguando con diversas proporciones de lo indígena, en sus variopintas expresiones, de lo hispánico y europeo, de lo africano, y de lo que llega luego del Mediterráneo oriental y del lejano Este asiático, hasta terminar en un producto original y único. No es una ensaladera multicultural, donde todo se confunde pero nunca se sintetiza, y donde cada grupo, tomando sus deseos por realidades, porque cree en la realidad de sus deseos, los reivindica como derechos absolutos a “su” identidad. No es tampoco un sincretismo de gabinete, donde las particularidades que conformaron aquel producto original y único deban quedar inhumanamente aniquiladas en nombre de un resultado supuestamente puro. Por otra parte, en ese producto original que es Iberoamérica, o América Románica, como otros la llaman, todos los elementos que contribuyeron a su formación resultan también originarios. No hay posibilidad de jactarse de autoctonías más valiosas que otras. (Los mitos de la autoctonía, por otra parte, han sido bien estudiados respecto de los atenienses, por ejemplo, como fundamento de su hegemonía sobre las demás póleis griegas). Incluso, los hallazgos de los restos más antiguos del hombre en América muestran que sus marcadores genéticos no coinciden con los de los pueblos indígenas llamados “originarios”, cuyas semejanzas, en cambio, con lo yakut siberianos son bien conocidas. La originalidad de América, entonces, estaría en el constante carácter alóctono –y no autóctono- de sus poblaciones.

La otra originalidad destacable, sobre la que Buela insiste, es que la diversidad de componentes se transformó en unidad compleja, no uniforme ni monocolor, por acción de aquel catolicismo de impostación medieval que nos vino del otro lado del charco. Podemos usar, respecto de este aglutinador, las imágenes del cemento o, si se quiere, del agente catalítico que aceleró la síntesis de los diversos elementos, permaneciendo él mismo inalterado. Por eso, anota nuestro Alberto, los europeos pueden, en su crisis, remontarse a la paganía, a griegos, latinos, celtas o godos, y encontrar allí mensajes válidos, porque el cristianismo llegó a una Europa que ya estaba histórica y culturalmente conformada. El americano, en cambio, no puede remontarse culturalmente más atrás del catolicismo, en términos de su identidad cultural. Un catolicismo asumido vitalmente, ínsito en la forma mentis iberoamericana, más allá de la práctica e, incluso, de la creencia efectiva. El iberoamericano, sea que crea, que dude o que no crea, vive sobre un subsuelo cultural católico.

Entonces, cuando nuestro Alberto observa que en los grandes centros del llamado Occidente se comienza a describir a la Iglesia Católica como una asociación ilícita que, bajo pretexto de difundir la buena nueva se orienta a promover y practicar la pederastia, teniendo como cabeza a quien preside de blanco el Vaticano, se cabrea con buenas razones, porque, como iberoamericano, esa campaña le está serruchando su piso cultural. Aparece aquí un laico preocupado, que piensa desde nuestra ecúmene, y reacciona no como reflejo clerical –al contrario, Buela observa la tibieza defensiva de los circuitos propiamente clericales en el caso- ni siquiera como rebote de un creyente. Es la respuesta desde el núcleo duro de nuestra peculiaridad iberoamericana, que pretende desenmascarar los intereses que se entrelazan detrás de la campaña difamatoria.

La Iglesia romana se titula universal, católica, pero, en disonancia con el crepúsculo de la modernidad, no es una fuerza globalizadora; antes bien, aparece como un obstáculo, un katéjon, a la uniformización planetaria de la globalización. Ello ocurre incluso más allá y hasta en contra de los discursos de muchos de sus voceros. Estas confusiones se observan, por ejemplo, en lo relativo a la religiosidad substituta, propia del signo globalizante, que es la ideología de los “derechos humanos”. La globalización del derecho es una empresa destructiva del jus de raíz romana, porque todo derecho es tópico, esto es, se modela en un tópos, en un lugar y bajo una modulación determinadas La Humanidad como sujeto de derecho no existe o, mejor, como decía Proudhon, quien la invoca quiere engañar. Los “derechos humanos” sólo pueden proclamarse globalmente a condición de admitir el derecho a descreer de su universalidad. Existen derechos esenciales del hombre[1], asociados a su naturaleza y a la naturaleza de las cosas, pero en todos lados se manifiestan y modulan diversamente. Pero, fuera de estas trampas y equívocos, confusamente adoptados, la Iglesia romana aparece como una rémora obstaculizadora al proceso general de la globalización, de la uniformización monocolor del mundo, cuya intención final es reconducir forzadamente el necesario pluriverso cultural, político y jurídico a un uni-verso, a un solo centro de dirección.

De allí que el campo de choque con la Iglesia se dé, principalmente, allí donde la globalización plantea la uniformización pansexualista, que representa la muerte del eros, la paideia, la familia y el terruño, cercenados en sus bases antropológicas y biológicas, para las que se propicia una pura y simple mutación. Los matrimonios homógamos y las fecundaciones heterólogas, el útero en los avisos de alquiler, la madre single porque el padre resulta figura anacrónica e inútil, la adopción por parejas homosexuales, con cruces de semen donado y óvulos comprados, y lo erótico reducido a masturbación asistida, son apenas ejemplos de esta revolución globalizadora en marcha implacable. El viejo dicho español afirmaba que no le puede negar un cigarrillo a un pobre y un polvo a una mujer. Reformulado al día de hoy, diríamos que no le puede negar a nadie una donación anónima de esperma, aunque sí un cigarrillo, por eso de la salud. Alguien ha resumido este pansexualismo diciendo que en él todo está permitido, siempre que se haga debidamente protegido de dos enfermedades: del SIDA, para lo que sirve el condón, y del embarazo, para lo que sirven aborteros cada vez más refinados.

El único tabú que resta es la pederastia, y allí estamos todos de acuerdo, en tren de mantener algo. Pero sospecho, tras la lectura del alegato de Buela, que se considera un mal la pederastia porque se supone que es un pecado y un delito propiamente clerical. Si no se considerase así, seguramente que encontraríamos numerosos y poéticos propugnadores de ella, como adorno existencial de la progresía. Pero hoy sirve para descalificar moralmente a la Iglesia, para “ensuciar la sotana blanca”, como dice Buela. Es obvio que ninguna de estas afirmaciones pretende justificar o cubrir a los pederastas existentes en el seno de la Santa Madre, como bien deja en claro Alberto. Pero se trata de advertir claramente cuáles son las intencionalidades de la campaña. No se combate a los pederastas que están en la Iglesia; se combate a la Iglesia, rémora obstaculizadora de la homogeneización global, porque tiene pederastas.

Uno de las devastaciones que esta campaña bien montada está produciendo es la destrucción de la paideia, que la Iglesia había heredado del mundo clásico. La paideia era el modelo educativo griego, que los romanos tradujeron como humanitas. La humanitas romana, al contrario de la “Humanidad” globalizadora, era una fuente creadora de diversidad. Entre las humanitates que se desarrollaron en el mundo, una fue la humanitas iberoamericana, que trajo de la mano a estas tierras aquel catolicismo basal. Uno de sus máximos representantes se llamó Garcilaso de la Vega Inca. Cada humanitas, en el prodigio de su diversidad, iba configurando un paideuma, un contenido esencial de cada ecúmene cultural, que la enseñanza, la paideia, transmitía, a través de una relación especial de autoridad intergeneracional entre enseñante y enseñado. La Iglesia fue la heredera de la paideia y de la humanitas clásica. Hoy aquella relación especial ha entrado en el cono de la sospecha. La enseñanza toma distancia, aleja al maestro del estudiante y pronto la relación cara a cara se sustituirá con la de telecomando y pantalla. La paideia es una antigualla o, quizás, tapadera de perversiones.

No sé si estas notas resumen e interpretan acabadamente la riqueza del planteo bueliano. Abra en confianza la puerta y enriquézcase directamente el lector.


Luis María Bandieri




[1] ) Ya los juristas romanos indicaban que hombre, homo, incluía al hombre y a la mujer, como expresión universalizadora. El varón propiamente dicho se manifestaba con el vocablo vir.

martes, junio 22, 2010


CERONETTIANA





En su introducción a la traducción del texto atribuido al rey Salomón, dice Guido Ceronetti: "la lectura en clave erótica del "Cantar de los Cantares" es la más segura, pero no tiene sentido si el lecho de los quereres no queda iluminado con una pequeña lámpara por la que, a través de esos amores transparentes, alumbre el Escondido".


El absconditus que alumbra y deslumbra.